viernes, 11 de noviembre de 2011

Un debate caducado

Falta justo un mes para el primer Clásico de la Liga, y las primeras especulaciones sobre quien está mejor comienzan a inundar las portadas de la prensa deportiva. La confrontación de estilos se hace patente en las conversaciones que tienen lugar a la hora del desayuno en las tabernas y bares españoles. Como no puede ser de otra forma, uno de los debates que más cargado llega es el de enfrentar a los 2 estandartes de Barça y Madrid respectivamente, Messi y Cristiano Ronaldo. Ambos jugadores ponen todo su empeño en que cualquier comparación es inútil, pero parece que el público jamás se cansará de caer en el mismo error.

Cualquier aficionado al fútbol estará de acuerdo en que Cristiano Ronaldo es un jugadorazo. Indudable a la vista de cualquiera. Un jugador que ha dejado los cimientos del fútbol moderno, el prototipo perfecto de delantero. Cualidades innatas que han sabido ser tratadas para su posterior explosión fulgurante. Tremenda velocidad acompañada de la mejor de las conducciones en carrera, manejo excelente de ambas piernas, juego aéreo vigoroso, resistencia hercúlea, desborde eléctrico y potencia de disparo ilimitada. Estas son, en líneas generales, sus cualidades más destacadas. Queda claro que la totalidad de sus recursos es envidiable. El ejemplo de deportista del futuro, una simbiosis espectacular entre condiciones físicas y técnicas.

Sin embargo, Messi no se puede considerar el ejemplo de nada por el simple hecho de que es irrepetible. Los calificativos y comparaciones se quedaron atrás hace tiempo. No hay manera justa de definirlo. Solo si se es aficionado al fútbol se es capaz de advertir que el hecho de verlo jugar cada fin de semana es un acontecimiento único. Es la sorpresa constante. Inicia las jugadas como el mejor de los creadores, desborda como el mejor de los extremos, marca diferencias como el mejor de los enganches y define como el mejor de los delanteros. Fútbol en estado puro, sumado a la sencillez que destila su juego, solo comparable a la felicidad que muestra cualquier persona que disfruta practicando lo que ama.

En definitiva, ni yo mismo he podido evitar caer en el error de compararlos, pero es que es la única forma de demostrar que son incomparables. Uno de ellos ha revolucionado todo el deporte a través del fútbol, convirtiéndose en un modelo a seguir para el futuro. Mientras que el otro ha adelantado a su leyenda para escribir la historia antes de su fin, por el mero hecho de ser recordado eternamente. Porque jamás habrá nadie como él.

Aitor Soler

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