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viernes, 13 de junio de 2014

Darth Vader Cesc

"¡Tú eras el elegido! ¡El que destruiría a los Sith, no el que se uniría a ellos! ¡El que vendría a traer el equilibrio a la fuerza, no a hundirla en la oscuridad!", gritaba un decepcionado Obi Wan al ver a su mejor pupilo, Anakin SkyWalker (o lo que quedaba de él), convertido en lo que prometió destruir. Las palabras de Kenobi hacia su aprendiz seguramente las sintiera como suyas, allá donde esté, Tito, al ver a Fàbregas posar con la camiseta del Chelsea, el equipo de Mourinho.

Vilanova fue el que puso más empeño para ver a Cesc vestido de nuevo con la camiseta del Barça. Guardiola confió en la inquebrantable fe de su ayudante, y ambos técnicos decidieron que el de Arenys era el indicado para mantener intacto el estilo que había hecho al Barça campeón de todo. El ex del Arsenal fue el elegido para tomar el relevo de Xavi. Fàbregas no solo asumía uno de los legados más importantes en la historia del club, sino que estaba destinado a perfeccionarlo.

Y durante los primeros meses parecía que podría conseguirlo. Cesc formaba una sociedad imparable con Messi, veía gol con una facilidad insultante y comenzaba a sentirse el amo del medio campo, y casi del equipo. Fàbregas aportaba una verticalidad que parecía mejorar lo que meses antes en Wembley parecía inmejorable. El trasvase de poderes con Xavi iba viento en popa, el de Arenys liberaba de sus funciones al de Tarrassa, que comenzaba a mostrar síntomas de fatiga en su juego. Y por si fuera poco, el Barça seguía cosechando éxitos. El hijo pródigo trajo consigo tres títulos bajo el brazo: Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundialito de Clubes, torneos en los que tuvo una participación más que notable.

Terminaba 2011 y comenzaba 2012, año que el club catalán comenzaba con la ilusión de repetir la Triple Corona conseguida en 2009. La victoria en el Bernabéu en el mes de diciembre, gol de Fàbregas incluido, reactivó las esperanzas del Barça por la Liga. Pero mientras el ánimo parecía estar por las nubes, el juego decaía poco a poco, al igual que el papel de Cesc en el equipo. El Barça se desenganchó del tren de la Liga, y lo confirmó con la derrota en el Clásico de la segunda vuelta, partido en el que Guardiola prefirió apostar por Thiago antes que por Fàbregas. Pero lo peor para el de Arenys estaba aún por llegar: Suplente en la eliminación en semis de Champions ante el Chelsea y suplente en la final de la Copa del Rey, único título que el Barça ganó en 2012.

Su pérdida de protagonismo iba acompañada de un peligroso y leve murmullo que se levantaba en la grada. Fàbregas había pasado de ser el heredero de Xavi a ser totalmente irrelevante en el juego culé. Su apatía poco disimulada hacía parecer que incluso estorbaba en el 11 blaugrana. Y con más dudas que confianza terminó su primera temporada en el club de sus amores.

Comenzaba la siguiente, ya sin Guardiola en el banquillo, y el panorama parecía cambiar. Su entrenador en cadetes, sería ahora su técnico en el primer equipo. Y pese a que las cosas no comenzaron demasiado bien, Cesc tiró de orgullo y de raza para volver a regalar al Camp Nou su mejor versión. Fàbregas calló unos murmullos que iban ganando en intensidad y comenzó de nuevo a levantar los aplausos de su afición, y de nuevo solo hasta febrero.

Cuando llegó la fase determinante de la temporada, Tito, al contrario que su antecesor en el cargo, sí apostó por Cesc, pero el futbolista no estuvo a la altura de la fe que había depositado en él su gran valedor. La desesperación de la grada era ya más que latente, pero Cesc siguió otro año más en el club. Y esta vez sí parecía ir en serio. Su juego era sobresaliente. Ante el evidente declive de Xavi y las constantes lesiones de Messi, el ex-gunner se echó el equipo a la espalda, pero solo volvió a aguantar hasta febrero. Y los murmullos se convirtieron en pitos, y su apatía en ira.
 
Y ante la adversidad, Cesc decidió decir basta. Las condiciones de Fàbregas eran las idóneas para ser el capataz del futuro Barça, pero la situación le superó por completo. El ahora jugador del Chelsea brillaba ante rivales débiles, y de vez en cuando deslumbraba antes grandes contrincantes, pero la regularidad nunca fue una virtud. Su falta de profesionalidad le pasó facturas en los tramos importantes de la temporada. Su apatía se convirtió en el síntoma de no recibir el cariño de una afición que se entregaba a otros de sus compañeros. 

Al igual que Anakin, Cesc nunca soportó no ser un maestro en un consejo formado por los mejores. Y al igual que el joven SkyWalker nunca demostró ser un gran jedi, el joven Fàbregas tampoco demostró en el Barça ser un gran jugador. Que la fuerza le acompañe en el Chelsea. Y ya veremos como es la nueva saga culé sin su Darth Vader particular, la de George Lucas fue un rotundo fracaso.

Aitor Soler

viernes, 31 de agosto de 2012

El Atleti de Falcao, y del Cholo

El Atlético de Madrid ha ganado la Supercopa de Europa al Chelsea en un partido que quedará grabado en la memoria de los aficionados colchoneros. El choque quedó resuelto en la primera parte gracias un Falcao estelar, 3 goles que pudieron ser más si la madera no lo hubiera evitado. La segunda parte fue un trámite en la que Miranda redondeó el marcador, y  en la que Cahill anotó el gol del honor para el Chelsea. El partido acabó con 4-1 y el título fue para un Atleti que lo hizo todo perfecto. Y es que el Tigre no fue la única estrella, el resto del equipo brilló a la sombra del colombiano.

Los grandes delanteros deben valorarse por los pocos goles que perdonan, y no por los muchos que marcan. Falcao cumple esta regla a la perfección. Tener al colombiano en tu equipo te asegura una gran probabilidad de victoria en cualquier partido, un lujo para el Atlético. Con solo su presencia, el Atlético no solo gana el respeto de su rival, también el pánico de su defensa. Su fama de gran rematador era conocida cuando llegó al Manzanares, pero ha demostrado ser un delantero completísimo con y sin balón, dominador de todos los recursos ante la portería rival y casi imparable a la hora de defenderlo.

Pero el Atlético del Cholo no se detiene en la figura del colombiano. Falcao es la punta de lanza fabricada con el mejor acero, pero esa punta de lanza tiene tras de sí un bastón más robusto de lo que muchos imaginan, y está empuñado por un maestro. Seguramente sin el colombiano perderían gran capacidad competitiva, pero serían capaces de complicar el partido a cualquier equipo. Es la esencia del Cholo en este equipo: coraje y garra. El orgullo de luchar cada balón como si fuera el último. El mejor ejemplo de ello es que nadie ha echado de menos a Diego en el partido de hoy. Hace unos meses su marcha parecía ser el fin del mundo, el lugar donde el Cholo está dispuesto a llegar por el Atleti. 

Aitor Soler

domingo, 20 de mayo de 2012

Reflexiones tras la final

Es la primera vez que oigo más críticas que elogios hacia un equipo que gana su primera Champions League. Bien es cierto que la forma de conseguirla no fue nada vistosa, pero no se debe desprestigiar el título conseguido por los Blues. Usó sus armas y las aprovechó cuando llegó el momento, como siempre a lo largo de esta edición de la Copa de Europa. Aún así, nunca consideraré este método una vía segura hacia el éxito por varios motivos...

Lo primero de todo: se trata de un estilo en el que le das la iniciativa al contrario. Por muy bien que se te dé defender, los recursos ofensivos tienen un abanico más amplio que los defensivos. El factor sorpresa siempre estará bajo el dominio del contrario. Pese a que defender sea tu mayor virtud, con una maniobra así no solo dependerás de tu rival, sino también de la suerte, y los grandes equipos deberían aprender a planificar sus partidos sin ella.

Los grandes equipos lo son porque tienen continuidad en sus proyectos ganadores. El fútbol siempre te devuelve lo que le das. La mayoría de equipos que saborearon las mieles del éxito con una táctica como la empleada por Di Matteo no tardaron en caer, y posteriormente, en desaparecer. Fueron imperios efímeros. No es compatible una planificación a largo plazo con un juego así. Sin embargo, los equipos que todos recordamos por sus éxitos siempre ofrecieron algo más, y cuando llegó el momento del fracaso, renacieron de sus cenizas.

Esos equipos, al contrario que el Chelsea, nunca recibieron críticas cuando ganaron. Nunca se tuvo dudas de sus victorias. Se ganaron la admiración del planeta por su buen trato al balón y al espectador. Por ello, hoy en día los recordamos. Porque los títulos te dan la gloria, pero solo la forma de ganarlos te convierten en dueño de la eternidad.

Con esto no quiero quitar mérito a la victoria del Chelsea. Fue justo ganador. Hablar de injusticias en el fútbol es una pérdida de tiempo que muchos siguen cometiendo. Pero quitaos de la cabeza esa idea de que este método seguirá dando sus frutos a los blues. El fútbol acaba poniendo a todo el mundo en su lugar.

Aitor Soler