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viernes, 13 de junio de 2014

Darth Vader Cesc

"¡Tú eras el elegido! ¡El que destruiría a los Sith, no el que se uniría a ellos! ¡El que vendría a traer el equilibrio a la fuerza, no a hundirla en la oscuridad!", gritaba un decepcionado Obi Wan al ver a su mejor pupilo, Anakin SkyWalker (o lo que quedaba de él), convertido en lo que prometió destruir. Las palabras de Kenobi hacia su aprendiz seguramente las sintiera como suyas, allá donde esté, Tito, al ver a Fàbregas posar con la camiseta del Chelsea, el equipo de Mourinho.

Vilanova fue el que puso más empeño para ver a Cesc vestido de nuevo con la camiseta del Barça. Guardiola confió en la inquebrantable fe de su ayudante, y ambos técnicos decidieron que el de Arenys era el indicado para mantener intacto el estilo que había hecho al Barça campeón de todo. El ex del Arsenal fue el elegido para tomar el relevo de Xavi. Fàbregas no solo asumía uno de los legados más importantes en la historia del club, sino que estaba destinado a perfeccionarlo.

Y durante los primeros meses parecía que podría conseguirlo. Cesc formaba una sociedad imparable con Messi, veía gol con una facilidad insultante y comenzaba a sentirse el amo del medio campo, y casi del equipo. Fàbregas aportaba una verticalidad que parecía mejorar lo que meses antes en Wembley parecía inmejorable. El trasvase de poderes con Xavi iba viento en popa, el de Arenys liberaba de sus funciones al de Tarrassa, que comenzaba a mostrar síntomas de fatiga en su juego. Y por si fuera poco, el Barça seguía cosechando éxitos. El hijo pródigo trajo consigo tres títulos bajo el brazo: Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundialito de Clubes, torneos en los que tuvo una participación más que notable.

Terminaba 2011 y comenzaba 2012, año que el club catalán comenzaba con la ilusión de repetir la Triple Corona conseguida en 2009. La victoria en el Bernabéu en el mes de diciembre, gol de Fàbregas incluido, reactivó las esperanzas del Barça por la Liga. Pero mientras el ánimo parecía estar por las nubes, el juego decaía poco a poco, al igual que el papel de Cesc en el equipo. El Barça se desenganchó del tren de la Liga, y lo confirmó con la derrota en el Clásico de la segunda vuelta, partido en el que Guardiola prefirió apostar por Thiago antes que por Fàbregas. Pero lo peor para el de Arenys estaba aún por llegar: Suplente en la eliminación en semis de Champions ante el Chelsea y suplente en la final de la Copa del Rey, único título que el Barça ganó en 2012.

Su pérdida de protagonismo iba acompañada de un peligroso y leve murmullo que se levantaba en la grada. Fàbregas había pasado de ser el heredero de Xavi a ser totalmente irrelevante en el juego culé. Su apatía poco disimulada hacía parecer que incluso estorbaba en el 11 blaugrana. Y con más dudas que confianza terminó su primera temporada en el club de sus amores.

Comenzaba la siguiente, ya sin Guardiola en el banquillo, y el panorama parecía cambiar. Su entrenador en cadetes, sería ahora su técnico en el primer equipo. Y pese a que las cosas no comenzaron demasiado bien, Cesc tiró de orgullo y de raza para volver a regalar al Camp Nou su mejor versión. Fàbregas calló unos murmullos que iban ganando en intensidad y comenzó de nuevo a levantar los aplausos de su afición, y de nuevo solo hasta febrero.

Cuando llegó la fase determinante de la temporada, Tito, al contrario que su antecesor en el cargo, sí apostó por Cesc, pero el futbolista no estuvo a la altura de la fe que había depositado en él su gran valedor. La desesperación de la grada era ya más que latente, pero Cesc siguió otro año más en el club. Y esta vez sí parecía ir en serio. Su juego era sobresaliente. Ante el evidente declive de Xavi y las constantes lesiones de Messi, el ex-gunner se echó el equipo a la espalda, pero solo volvió a aguantar hasta febrero. Y los murmullos se convirtieron en pitos, y su apatía en ira.
 
Y ante la adversidad, Cesc decidió decir basta. Las condiciones de Fàbregas eran las idóneas para ser el capataz del futuro Barça, pero la situación le superó por completo. El ahora jugador del Chelsea brillaba ante rivales débiles, y de vez en cuando deslumbraba antes grandes contrincantes, pero la regularidad nunca fue una virtud. Su falta de profesionalidad le pasó facturas en los tramos importantes de la temporada. Su apatía se convirtió en el síntoma de no recibir el cariño de una afición que se entregaba a otros de sus compañeros. 

Al igual que Anakin, Cesc nunca soportó no ser un maestro en un consejo formado por los mejores. Y al igual que el joven SkyWalker nunca demostró ser un gran jedi, el joven Fàbregas tampoco demostró en el Barça ser un gran jugador. Que la fuerza le acompañe en el Chelsea. Y ya veremos como es la nueva saga culé sin su Darth Vader particular, la de George Lucas fue un rotundo fracaso.

Aitor Soler

jueves, 10 de abril de 2014

El Atlético vence a la historia, y el Barça se reencuentra con ella

Tan cerca y a la vez tan lejos. Puede parecer un tópico (de hecho lo es), pero refleja a la perfección la derrota del Barça ante el Atlético en estos cuartos de Champions. El equipo de Martino estuvo a un gol de provocar una prórroga que seguramente hubiera cambiado el signo del partido. Pero pese a ser solo un tanto el que necesitaba, nunca dio la impresión de poder marcarlo. Y eso es lo preocupante.

Solo hubiera faltado un chispazo de sus cracks para que una jugada intrascendente se transformara en medio billete hacia las semifinales, pero sin fuego no puede haber chispa que valga. Sería muy fácil tirar de estadísticas y criticar a Messi por lo poco que ha corrido (solo 1'5 km más que Pinto), tan sencillo como analizar los deméritos del Barça, y no elogiar al Atlético. Y en ambos casos, los principales responsables son los técnicos.

El equipo del Cholo fue la pesadilla de la que el Barça lleva queriendo huir varios años, pero a la que no encuentra escapatoria posible. No pareció en ningún momento que fuera el Atlético el que llevara 40 años sin disputar unas semifinales de Champions. Ni la historia ni la calidad de los jugadores del Barça pudo frenar la voraz competitividad que posee el equipo colchonero. 

Virtud de unos, y defecto de otros. Los parches de Martino fueron útiles en otras citas importantes de la temporada, pero los remedios del técnico argentino no han servido para detener completamente la hemorragia. No hay innovación en un estilo que merece tanta fidelidad como nuevas pinceladas que le permitan volver a ser competitivo en Europa. No se trata de cambiar de forma drástica la manera de jugar, pero el Barça de Guardiola nunca jugó igual cada año (ni cada partido). El Barça del Tata sí lo hace.

Los pequeños retoques que Pep iba dando a su equipo permitieron a aquel Barça ser competitivo siempre, partido a partido, al igual que este Atlético. Tan opuesto en estilo y tan semejante en filosofía de trabajo. Ahora, tras caer en Champions por tercer año consecutivo, y aunque ganen los dos títulos por los que aún pelean, el Barça deberá hacer en un verano (si le dejan) lo que no ha hecho en varios años.

Esta vez la Capilla Sixtina del fútbol no necesita una nueva capa de pintura, una labor en la que el Tata Martino hubiera cumplido de sobra si ese hubiera sido su cometido. Pero no, la misión que debe afrontar el Barça ahora es construir una nueva obra sobre unos cimientos que siguen siendo firmes. "Solo" necesita un artista que sepa utilizar los pinceles y las brochas de manera adecuada. Aunque quién sabe, siendo el fútbol tan cíclico como el arte. Quizá el Renacimiento haya acabado su época gloriosa. Y sea la hora del Barroco. 

Aitor Soler

domingo, 27 de octubre de 2013

Tata Martino, el valiente

Se cumplen hoy 8 meses de aquel fatídico 27 de febrero para el barcelonismo. El Madrid asaltó el Camp Nou en las semis de Copa. El equipo por aquel entonces de Mourinho endosó un 1-3 a su máximo rival, que en ningún momento fue capaz de desarbolar la defensa numantina plantada por el técnico portugués. Ramos, Varane, Khedira y Alonso enjaularon a Messi, y el Barça no pudo liberarlo, ni tampoco detener las letales contras blancas. El Madrid daba un golpe sobre la mesa y rompía el equilibrio que él mismo construyó. El equipo blanco cambiaba la tendencia, al menos en duelos directos, y mostraba las carencias de un estilo que tras 4 años de gloria, pedía un cambio. El Barça necesitaba dejar de ser previsible. 

Ocho meses después y tras 5 Clásicos sin poder ganar a su máximo rival, el Barça demostró ayer que ese cambio ha llegado, o que como mínimo, su transición va por el buen camino. El equipo del Tata no es tan brillante como el de Guardiola, ¿pero acaso se ha vuelto a construir una nueva Capilla Sixtina? Las grandes obras son inimitables. El Barça de Martino ha recuperado la competitividad que perdió a lo largo del curso pasado. No enamora en las grandes citas, pero de momento tampoco falla, simplemente convence. La posesión vuelve a ser un camino, y no el fin en el que se convirtió el pasado año. Pero ahora no existe solo la posesión, los caminos se han multiplicado.

Como todo aquel que se atreve a cambiar el orden establecido, Martino está siendo más atacado que halagado. Cuando un estilo se transforma en costumbre, se hace vulnerable, y el técnico argentino se ha atrevido a detectarlo. Consciente de las limitaciones físicas de su equipo, el Tata decide replegar. ¿Por qué poner toda la carne en el asador cuando se va por delante en el marcador? Esa ambición desmedida ya le jugó una mala pasada ante el Sevilla. No es la primera vez que el Barça esta temporada muestra una defensa replegada en su propio estadio. Con Piqué al mando, el Barça sufrió mucho menos de lo que suele sufrir ante su máximo rival. Y dónde no llegaba Piqué, llegó Valdés, que quiere despedirse del Camp Nou a lo grande.

La defensa replegada no solo sirve para ganar seguridad defensiva, sino que también otorga verticalidad a la hora de atacar. Sabedor el Tata de las características de sus jugadores, la entrada de Alexis no solo supuso un plus a la hora de defender la banda de Cristiano y Marcelo, sino también la amenaza de un velocista a la contra. El chileno hace tiempo que cumple de forma notable su papel en estático, pero su juego se libera cuando ve espacio para correr. Martino no está dispuesto a que un estilo sacrifique el talento de algunos de sus jugadores. El mismo estilo de juego estaba limitando el tremendo potencial de la plantilla culé, y el golazo de Alexis le dio la razón al técnico argentino. El Tata no solo ganó ayer su primer Clásico, también tumbó el mito de la Messi-dependencia.

Resulta complicado no depender del mejor jugador del mundo. ¿Acaso los Bulls de los 90 no dependían de Jordan? ¿O el Brasil de los 70 no necesitaba la calidad y los goles de Pelé? El Madrid consiguió neutralizar a Messi el pasado año, y con ello a todo el equipo. Los balones que le servían Xavi e Iniesta acababan en la defensa blanca. Ayer Ancelotti intentó lo mismo poniendo a Ramos de mediocentro. Fue ahí cuando Martino decidió alejar a Messi del área. Pese a no jugar en la posición que le ha convertido en el mejor de la historia (ni en su mejor momento de forma), Messi entendió magistralmente su papel, facilitó el trabajo a Xavi e Iniesta y se hartó de recuperar balones, factor que sirvió de estímulo a todo el equipo. ¿Mal partido del argentino? Sin duda no fue su mejor Clásico, pero si llega a marcar la clara ocasión que tuvo con 1-0, la percepción sería muy distinta.

Una percepción que también deja en mal lugar al Tata cuando se le compara con Guardiola. El día que muchos comprendan que ese equipo es irrepetible, sabrán apreciar la realidad de forma más acertada. Martino ha cogido y respetado su legado, aunque muchos se empeñen en que cambiar a Song por Iniesta sea traicionar un estilo. ¿Y cómo llamamos lo que hacía Guardiola con su admirado Keita? Martino, como entrenador del Barça que es, está haciendo lo que muchos pedían hace 8 meses: cambios. Lo de ayer no será suficiente para recuperar la hegemonía perdida, pero sin duda es un primer paso muy bien dado.

Aitor Soler

lunes, 15 de julio de 2013

El mensaje de Guardiola

Hubo un tiempo en el que pisar el césped del Camp Nou era el gran premio al que la mayoría de chavales de la Masía podían aspirar. Llegar a formar parte de la primera plantilla era una idea que muchos ni se podían plantear. Solo unos elegidos verían recompensada su trayectoria en las categorías inferiores del equipo azulgrana. Pero con la llegada de Guardiola, ese tiempo pasó. Junto con él, varios jóvenes llegaron a la primera plantilla. Busquets y Pedro fueron los primeros, pero no serían los únicos.

Lo que años atrás era una locura pensar, se estaba convirtiendo en la mejor de las realidades: El mejor Barça de la historia estaba formado por chavales de la Masía. Busquets y Pedro encabezaron una lista infinita de jugadores que, pese a no contar con tanto protagonismo como ellos, fueron importantes en el Barça de Guardiola, como Thiago, Jeffren, Montoya o Tello. La cantera era la primera opción para reforzar el primer equipo. El temor a la competencia exterior había acabado. Y esa ausencia de miedo es la que ha acabado con la carrera de Thiago en el Barcelona.

En el momento en el que dejas de temer, es cuando más vulnerable eres. Thiago fue víctima de una confianza desmesurada que ha acabado con su carrera en el Camp Nou. Porque al mayor de los Alcántara no le han faltado minutos, le ha faltado paciencia. Con apenas 22 años, no puedes derrocar a Xavi a las primeras de cambio. Aunque te sobre talento, necesitarás el talante que él tuvo para suceder a Guardiola. La prioridad que se le da a la cantera es un privilegio, y no una garantía que te asegura un puesto en el 11. ¿Tito culpable? El primer responsable en la salida de Thiago, es el propio Thiago. El primero, y seguramente el único...

Porque se le puede achacar a Rosell el "bajo" precio sacado por el jugador (aunque primero habría que debatir si 25 millones € por un futbolista que aún no ha demostrado nada es mucho o poco), pero no su marcha del Camp Nou. A Tello, con una cláusula inferior a la de Thiago, y con una competencia igual de feroz en su puesto, aún no se le ha oído quejarse. 

Como el marinero que aspira a ser comandante nada más llegar, Thiago abandona resentido la nave que le llevó a alta mar para reencontrarse con el capitán que le alistó por primera vez. Guardiola, ahora a los mandos del trasatlántico bávaro, quiere recuperar a uno de los mayores talentos que ha dado la Masía y recordarle el mensaje que dejó en su estancia en el banquillo del Camp Nou. Ser canterano no supone ser el ojito derecho de nadie, es un privilegio, no una garantía; es una oportunidad que merece ser luchada, no una predilección inmerecida. Con Guardiola al mando, Thiago deberá tenerlo de nuevo en cuenta si quiere ser la estrella que ya cree ser. Hasta ahora, solo ha conseguido ser un mal ejemplo para el resto de canteranos. Pese a la confusión que causa su marcha, el mensaje de Pep debe permanecer intacto.

Aitor Soler

miércoles, 13 de marzo de 2013

Una victoria para no volver a dudar

"Tened bien apretado el cinturón que esto tendrá larga vida", dijo Guardiola en su despedida. Palabras de las que muchos dudaron tras las 2 derrotas del Barça ante el Madrid en menos de 1 semana. Todo parecía indicar que la temporada del conjunto blaugrana dependería de su papel en la Champions, pese al liderato indiscutible en Liga. El término "fin de ciclo" volvía a salir a escena, un término que comienza a ser talismán para los intereses del club catalán.

Los precedentes no invitaban a pensar en una remontada del Barça. Los propios aficionados culés comenzaban a aceptar el fin de una etapa, y una vez más, se pecó de pesimismo. Un derrotismo a priori destruido, volvía con la fuerza de antaño. Pero esta vez los jugadores no estaban por la labor de facilitar su vuelta.

Solo así se explica la arenga previa al partido de Piqué. No se trataba de un llamamiento a la afición para que mostrara su fidelidad al equipo. Se trataba de una muestra un orgullo, que había sido herido y buscaba venganza. Los jugadores mandaban un mensaje cifrado a la afición. El mismo mensaje que dio Guardiola en verano de 2008: "Apretaos el cinturón que lo pasaremos bien". 

Cuando muchos ya se lo estaban desabrochando, los jugadores han querido recordarle a su hinchada la razón por la que el cinturón ha pasado tantos años bien abrochado. Con el espectáculo dado ante el Milan, es para que nadie se lo vuelva a aflojar. Que así sea.

Aitor Soler 

viernes, 25 de mayo de 2012

Gracias por esta final

Llega el fin de la temporada, y no se me ocurre mejor final. Barça y Athletic se enfrentan en la final de su torneo favorito tras haber deslumbrado a toda Europa con su fútbol. Una batalla por tapar la mediocridad que está oscureciendo el fútbol. Porque como dijo Valdano: "ganar queremos todos, pero solo los mediocres no aspiran a la belleza". Barça y Athletic no solo aspiran a ella, sino que es su camino para aspirar a la victoria. Tal belleza no puede ser eclipsada, y mucho menos por la política, a la que el fútbol en los últimos tiempos ha ocultado para salvaguardar nuestra felicidad, y el viernes como no puede ser de otro modo, seguirá siendo así.

Guardiola se despedirá del Barça en la final del torneo con el que comenzó su hegemonía. Aquel 13 de mayo de 2009 el rival también fue el Athletic, y Pep también se vio obligado a hacer experimentos en defensa debido a las bajas. Pero el de Santpedor no se quedó ahí, en aquel partido Messi comenzó a consolidarse como falso delantero, la posición que le ha llevado al Olimpo del fútbol. Aquel día nadie pensó que ese título sería el comienzo de un ciclo tan glorioso, y mañana nadie debe pensar que con la marcha de Guardiola esta etapa toca su fin. Su ciclo como entrenador acaba, pero la era del Barça continúa. 

Aquel Athletic fue el embrión de este. Bielsa le ha dotado de personalidad y estilo, algo que desconocían en San Mamés. Pero Caparrós fue quien sentó las bases, quien hizo resurgir el rugido de Lezama. Esos cachorros de entonces, ahora leones, están hambrientos de títulos y desean olvidar el varapalo de Bucarest. Hasta ahora, la suerte le ha dado la espalda a Bielsa, pero el fútbol siempre acaba devolviendo todo lo que le das, y pocos entrenadores han aportado tanto como el Loco.

Es hora de disfrutar de esta final. El fútbol solo se lo agradecerá con el título a uno de ellos. Y hablar de cuestiones políticas ante una final como esta es olvidar a los protagonistas que en estos últimos meses nos han hecho sentir unos privilegiados. Ha llegado el momento de agradecer su buen trato al balón. Porque como dijo también Valdano: "Quien trata bien al balón, trata bien al espectador". 

Aitor Soler

miércoles, 7 de marzo de 2012

La verdadera cara de Guardiola

Mucho se esperaba de la rueda de prensa de Pep Guardiola, la primera tras la polémica comparecencia del portavoz del club, Toni Freixa. El de Santpedor no decepcionó y apagó el fuego provocado por Freixa un día antes sin alterar el mensaje, simplemente resaltando lo más importante: conocer los criterios arbitrales. A partir de ahí cada uno puede sacar sus propias conclusiones, y muchos han optado por especular con una traición del Barça a los valores de los que tanto presumen por unas presuntas quejas arbitrales. Muchos han llegado a decir que se ha visto la verdadera cara del Barça, y de Guardiola, ahora que las cosas van por primera vez "mal" en la era de Pep como entrenador del primer equipo. Y estoy de acuerdo, ante estas posibles dificultades el entrenador ha mostrado su verdadera cara: la unidad.

Las declaraciones de Freixa no fueron del todo bien recibidas entre la afición. El portavoz estuvo desafortunado y transmitió un mensaje con cierta índole victimista. Una idea que la hinchada azulgrana rechaza por completo, el mejor Barça de la historia se ha forjado sobre valores totalmente contrarios al victimismo, ¿por qué cambiar a las primeras de cambio? Parecía que el encargado de hablar en nombre del club solo había conseguido separar a todos sus organismos, sobre todo a su hinchada. Era necesaria una reacción, y Guardiola acudió a la llamada.

Sin firmar su discurso, Guardiola respaldó a Freixa. Sin embargo, en las palabras del entrenador no hubo victimismo. El comandante de la tripulación azulgrana comprendió la situación. No es el momento de que el club y su afición queden divididos por intereses. Se afronta el tramo final de temporada y es necesario que todos remen en la misma dirección para llegar a buen puerto. Porque tal vez al llegar al muelle el comandante decida desembarcar, y él mismo sabe que su travesía al mando de la nave culé no debe acabar con un mal recuerdo. La unión ha sido la clave en la consecución de los títulos, y aunque no lo parezca, quedan tres en juego.

Aitor Soler

martes, 21 de febrero de 2012

El río que no cesa

El gol de Piatti fue la gota que colmó el vaso. Pero ese vaso no contenía agua simplemente. Al derramarse, un violento y bello torrente se desató. Tal vez, las dudas sobre el estado de forma del equipo, y sobre todo, acerca del futuro de su entrenador, contribuyeron más que cualquier otro factor a liberar al Barça de sus ataduras. Esa desconfianza, convertida en motivación, derribó los diques que obstruían la fluidez del torrente azulgrana. El hasta hace unos días discontinuo arroyo, arroyó sin piedad al Valencia.

El juego del Barça podría compararse al transcurso de un río. Cerca del mes de febrero de cada temporada, como si el cauce del rumbo disminuyera, el ritmo y la fluidez de circulación de pelota decae de manera considerable. Por lo que la temible corriente se transforma en un débil riachuelo. Esta constante, pero de momento controlada, decadencia es considerada en ocasiones como un síntoma de una ansiada sequía que afectará a los intereses de los de Guardiola, dando comienzo una era desértica en Can Barça. Y pese al vendaval de juego huracanado madridista, esa sequía parece fruto de una mala predicción.

El río azulgrana está abastecido por el mejor de los manantiales, con el que la sequía no es una opción, tan solo la fantasía, o mejor dicho la utopía, de unos pocos. Una ilusión arrogante que ha avivado de nuevo el torrente de fútbol culé, que luchará por erosionar todos los obstáculos de aquí a final de temporada. Furioso y veloz seguirá su camino, dejando a su paso inundaciones de gran fútbol. Porque, con más o menos agua, el río siempre llega a su destino.

Aitor Soler

martes, 6 de diciembre de 2011

Renovarse o morir

Estamos a poco menos de una semana del primer Clásico de la Liga, lo que significa que nos encontramos en plena avalancha de debates sobre el gran choque. Estadísticas y datos por doquier que llaman la atención del espectador, pero que no aclaran las numerosas incógnitas que presenta el duelo entre Madrid y Barça. Una de la que más polémica acarrea es el planteamiento con el que saldrá el equipo de Guardiola. El dilema constante en Can Barça esta temporada: ¿defensa de 3 o de 4?

Guardiola es un entrenador que ha dejado clara su filosofía al mando del conjunto blaugrana. La misma que amamantó como jugador, y que ha llevado al FC Barcelona a ser toda una institución reconocida en el fútbol por sus méritos deportivos. Pero seguir la tradición no debe significar estancarse, así como innovar no debe implicar traicionarla. Mantener el éxito nunca fue fácil, y la única fórmula que te asegura luchar por lograrlo es renovarse. Estancarse en el dominio de una única idea supone que ella te domine a ti. Por ello, siempre es necesaria una idea futbolística como base, pero siempre acompañada de un abanico repleto de alternativas que aumente tu potencial.

Reinventar la posición de Messi y destapar al mejor jugador de todos los tiempos, encontrar en Busquets el mejor enlace entre defensa y ataque, descubrir en Valdés el primer atacante del equipo. Son varias de las medidas que ha ido añadiendo Guardiola al esquema con el que comenzó para sorprender a los rivales, y nadie puede decir que le ha ido mal. Pero ahora toca pensar más a lo grande que nunca. Jugar con menos defensas de los habituales no es un capricho de Guardiola, ni es un intento de repartir los minutos de la manera más eficaz posible entre sus talentosos centrocampistas. La idea en la que se sustenta esta propuesta de renovación es la de imponer un control inquebrantable en el medio campo. La zona donde este equipo marca la diferencia.

El 4-3-3 asegura la posesión, pero no una circulación óptima de la pelota. Es un esquema que ha dado sus frutos, pero cuyas armas los rivales comienzan a conocer. La superioridad en la parcela ofensiva no es tan manifiesta como lo era antes, y no se debe encomendar todo a la calidad individual. Con un hombre más en el medio campo el ritmo de la circulación es más alto, renace la figura del tercer hombre, fundamental en este estilo de juego. Ganar superioridad en la medular supone atacar mejor. ¿Arriesgado? Sin duda, queda mucho por pulir. Pero quien no arriesga no gana, y la mejor manera de defender que tiene este Barça es la de atacar lo mejor posible.

Aitor Soler

sábado, 8 de octubre de 2011

Nada que temer

Tras escuchar las reflexiones sobre el futuro, el trabajo o el paso de los años entre Pep Guardiola y Fernando Trueba que ofrece la campaña publicitaria del Banc Sabadell, uno se percata de que por mucho empeño que pongan unos pocos miserables, el fútbol nunca perderá su humanismo. Todo tema tratado en esta conversación es comparado, por parte del entrenador, con hechos futbolísticos de una manera sencilla y perfecta para la comprensión .

Es uno de estos temas a los que más punta se le ha sacado en las últimas horas, como ocurre cada año. No es otro que el futuro de Guardiola al mando de la plantilla del Barça. Las palabras del de Santpedor, "no hay día que no piense que mañana me puedo ir", han sido motivo para que algunos medios pongan en duda el compromiso de Guardiola con el club. Lo más ridículo es que su presidente haya mordido el anzuelo, y de lleno, enviando un mensaje de tranquilidad a su afición asegurando que harán todo lo posible para que Pep siga en el Barça durante muchos años. Unas declaraciones que denotan una falta de seguridad injustificada.

Las palabras de Guardiola no tienen nada de raro, y la hinchada culé debería estar tranquila con o sin las palabras de Rosell. ¿Cuántas veces hemos escuchado al entrenador decir que no le gustan los contratos largos? Su motor de trabajo es la ambición. Un deseo que se consigue con esfuerzo y sacrificio día a día, y que no es permanente. Por ello, trabajar a corto plazo se convierte en la dosis de motivación necesaria para no caer en la relajación. Solo así se consigue que el hambre de triunfo de un grupo de jugadores siga intacta. El día que esto deje de ser así habrá que despedirle con el mayor de los honores. Hasta entonces, dejemos trabajar a los que saben.

Aitor Soler


viernes, 12 de agosto de 2011

Un plan de futuro

Tres largos años han pasado desde que el Barça se dispuso seriamente a repatriar a Cesc. Especulaciones y rumores por doquier. Monumentales cifras que aparecían cada día en las portadas de los diarios deportivos. Intensas negociaciones entre clubes que no parecían encontrar acuerdo. Factores que hacían parecer el regreso a casa de Cesc más arduo que la Odisea de Ulises. Pero todo esto ya es historia, y Fábregas verá cumplido su sueño. Ese sueño que quedó grabado en la camiseta que le regaló su ídolo, y ahora futuro entrenador. “Un día tu serás el número 4 del primer equipo del Barça”. Palabra de Pep Guardiola, que verá también cumplido su mayor deseo, la incorporación de Cesc Fábregas a su genial plantilla.

No son pocos los escépticos que ponen en duda la necesidad el fichaje. El gran devenir de Thiago o la saturación de jugadores en esa posición se convierten en sus argumentos, tal vez válidos pero incompletos. Se trata sin duda de una incorporación estratégica que, a priori, afianza el futuro y complementa el presente.
El nivel físico no es igual al técnico, y con el paso de los años, lo lógico es que el primero de ellos se deteriore. No olvidemos que Xavi Hernández supera la treintena, y que su tremenda calidad le hace sobrevivir en la élite pese a no ser un superdotado físicamente. Pero los problemas musculares comienzan a ser una realidad, un factor que no se puede tomar a la ligera con la temporada que se avecina. Por ello, el fichaje de Cesc se antoja esencial. Porque a pesar de la delicia técnica que ofrecen Iniesta o Thiago, no son jugadores cuyo esencial papel sea llevar el timón del equipo. Xavi es de esos elegidos que no solo son capaces de dirigir a su equipo, sino también de controlar el partido, y con ello, el rival. El relevo generacional está cerca, y Cesc es el mejor preparado para ejercer esa función vital para el conjunto catalán.

Pero la estratagema del fichaje no se detiene aquí. Con su incorporación, el Barça sigue marcando la distancia ante un Madrid que parece el más poderoso de los últimos años. Y para poder hacerle frente como es debido se refuerza con uno de los llamados cracks, de los pocos que hay en el mercado. Con el que se asegura control en el medio campo, el lugar donde se cuece el fútbol, y tal vez la única pata coja que le queda por pulir a Mourinho (a falta de ver el rendimiento de Sahin). 
En definitiva, el patrón del Barça queda asegurado para los próximos años. La oferta de recursos se agranda y se compone un equipo de ensueño con un centro del campo inigualable. Pero como se ha señalado anteriormente, todo esto es a priori. Solo cabe esperar si Guardiola es capaz de engranar todas las piezas para poner en marcha una máquina del fútbol perfecta.

Aitor Soler

lunes, 30 de mayo de 2011

Camino hacia la eternidad

Os debemos una, y estos no fallan. Palabras de Pep Guardiola en mayo de 2010 tras la consecución del título liguero. Pese a la gran temporada realizada, el no poder asistir a la final del Bernabéu dejó cierta amargura.
Esas palabras pesaban ayer más que nunca por la gran carga emotiva que conllevaba la final. De no haber conquistado la cuarta Champions, podrían haberse convertido en una verdadera losa para el futuro. Pero en el momento en que los culés recordaron esa cita de su entrenador la duda dejó de ser una opción. Una ambición impecable, que no euforia, acabó con cualquier síntoma de victimismo. La confianza acudía de nuevo a la llamada.

Un ambiente espectacular presidía una final que, en cuanto a entretenimiento y fútbol, cumplió con las expectativas. Dejando de lado todo el simbolismo que rodeaba el choque, el fútbol al fin se erigió como gran protagonista. Dos estilos claramente definidos que habían llevado en volandas a sendos equipos al último peldaño antes de alcanzar el tan ansiado trofeo. Y sin embargo, a uno de ellos no le quedó otro remedio que arrodillarse ante el otro. Ni el más osado hubiera augurado tal diferencia entre ambos. Pero la hubo, el fútbol quiso premiar al Barcelona por su buen trato al balón, pero sobre todo, por su buen trato al espectador.

Porque el Manchester no fue el único que se arrodilló. Todo el planeta futbolístico se rindió ante el maravilloso juego de los de Guardiola ofreciendo sus mejores halagos. Porque si un Señor como Alex Ferguson reconoce que es la mayor paliza que ha sufrido como técnico es que algo increíble ha tenido lugar. Y tal vez sea ese término uno de los candidatos para definir el equipo actual del Barça. No solo por el palmarés, sino por la forma de conseguirlo. Algo que nuestras retinas cuidarán para que jamás nada pueda borrarlo. Simplemente irrepetible, porque los títulos te hacen entrar en la historia, pero la manera en que se consiguen te adueñan de la eternidad. Una eternidad que guarda su trono para el rey del fútbol que sigue dejando por donde pasa un legado increíble. Su leyenda le persigue, pero tardará mucho en alcanzarle. La eternidad deberá seguir reservando el lugar más alto para Leo Messi. Imposible que alguien pueda usurpar el trono más justo del planeta.


 Pero no solo cabe remitirse a las maneras futbolísticas para ser recordado, porque si hay algo que merece permanecer en nuestra memoria tanto como la brillantez de su juego, es el grandísimo gesto que tuvo Carles Puyol en prestar su brazalete a Eric Abidal, además de acordarse de su compañero Miki Roqué. Porque la superación es una batalla sin fin, y ellos ya han conseguido vencerla. Y porque el símbolo y estandarte del equipo ceda el protagonismo en momentos en los que puedes ser el primero en probar las más dulces mieles del éxito es símbolo de grandeza. Una grandeza cuyo fútbol ha cautivado nuestros ojos, y que ha conquistado nuestro alma con gestos como ese.


 La historia ya tiene un nuevo capítulo, pero falta mucho por escribir.

Aitor Soler

sábado, 28 de mayo de 2011

Una cita con el nacimiento de la historia

Nada mejor que la final de la Champions League para que FC Barcelona y Manchester United vuelvan a cruzarse en el camino. Cualquier otro escenario se hubiera quedado pequeño ante el aura de estos dos enormes conjuntos. La carga simbólica, tal vez anecdótica, no hace más que sumarle más belleza, si cabe, al partido. Un auténtico choque entre la tradición, entre el juicio de la historia, pero sobre todo, entre el fútbol. Difícil encontrar mejor lugar que Wembley para celebrar tal espectáculo. Todo un placer para la vista, y un lujo para el recuerdo.

La similitud en las trayectorias de Manchester y Barça es, cuanto menos, curiosa. Ambos han sido siempre clubes laureados y respetados, pero la grandeza de Europa les dio la espalda durante un largo período premiando a otros clubes. Pero a pesar de esto, los ingleses no tardaron demasiado en llevar su primera Copa de Europa a sus vitrinas (1968). Mientras que el Barça tuvo que esperar a 1992 para vencer su vitimismo y sentirse al fin un verdadero grande. Y sí, ambas fueron en el antiguo Wembley, donde sobre su imborrable y mágica sombra se levanta ahora la magnífica obra de Norman Foster.

Ese triunfo del Barça supuso un gran alivio para los aficionados culés, pero nadie imaginaba que eso tan solo era el comienzo de una era. La sentencia de que el fútbol que implantó Cruyff sería el único patrón a seguir de ahí en adelante. Fútbol ofensivo al más puro estilo holandés, la posesión de la pelota sería el eje por el que el juego giraría, la victoria siempre llegaría desde el buen juego, la única vía posible. Un estilo que provocó cambios en todo el engranaje barcelonista, y que no se limitó al primer equipo. Un proyecto de futuro invadió la Masía, un factor incuestionable e imprescindible en esta filosofía, y que hizo posteriormente sentirse al Barça un gigante del fútbol.

Sin embargo, no solo en Can Barça se auguraba el comienzo de un nuevo ciclo. Una etapa negra en Manchester hizo llegar a los baquillos a un caballero de este deporte, Alex Ferguson. Pero nadie se hubiera atevido a apostar que duraría más de dos décadas dirigiendo al United, y así ha sido. Llegó en 1986 y devolvió a los Diablos Rojos su hegemonía en Inglaterra, y posteriormente en Europa. Dotó al equipo de un juego, tal vez no demasiado estético, pero sí eficaz. Un juego británico basado en la velocidad y en aprovechar la mínima ocasión, además de ser grandes expertos en el juego de estrategia. Pero tenía algo en común con la filosofía Cruyffista, colocar a la cantera como base del éxito.

Etapas negras a parte, ambos son, por méritos propios, los mejores clubes de las dos últimas décadas. Seguramente por poseer un estilo de juego definido, y sobre todo, por ser fiel a él. Toda una garantía de éxito. La gloria ya es suya, y hoy ambos estilos lucharán por la eternidad en el templo que les vio nacer.  Porque dos estilos tan opuestos jamás se parecieron tanto. ¡Sean bienvenidos al mayor espectáculo del mundo!

Aitor Soler

martes, 11 de enero de 2011

Del realismo mágico al renacer de los antiguos tópicos

Hace unas horas en Zurich se ha rendido tributo hacia la Masía, la fábrica de futbolistas azulgrana y cuna futbolística de algunos de los más grandes jugadores de la historia. El homenaje a la cantera culé comenzó en el momento de la gala en el que Vicente del Bosque, corroborado por Pep Guardiola, tuvieron un recuerdo especial para Oriol Tort, artífice del éxtito de la Masía, y por lo tanto culpable en parte de los últimos éxitos del fútbol nacional, llevado en volandas por los triunfos de la Roja y del F. C. Barcelona, conjunto que ha reunido a 6 jugadores en el mejor "once" de 2010, y como no podría ser de otra manera 5 pertenecen al fútbol base culé, que no saciado de estos éxitos, ha culminado el homenaje de esta noche contemplando a tres de sus máximos exponentes en el máximo reconocimiento individual de este deporte, a Leo Messi recogiendo su 2º Balón de Oro consecutivo, esta vez el trofeo parece el afortunado de pertenecer al galardonado mejor futbolista de 2010, acompañado en el podio por sus compañeros Andrés Iniesta y Xavi Hernández.


Pero el orden es lo de menos y cualquiera que entienda algo de fútbol coincide en que lo justo hubiera sido dividirlo en tres pedazos para cada uno. Cualquiera salvo los pesimistas que se fijan más en lo poco que se pierde que en lo mucho que se gana, porque a más de uno hoy le ha vuelto la sensación de hace no tanto, cuando la Selección Española era eliminada en cuartos de final, a los que se les consideraba una barrera infranqueable hasta la última Eurocopa.
Seguramente sea cierto que Xavi prácticamente no gozará de más oportunidades para lograr este reconomcimiento que tanto se merece, todo hacía pensar que si Cannavaro fue galardonado por su Mundial era obligatorio que con Xavi se hiciera lo mismo y no desmiento en absoluto a los que afirman que la votación está muy manipulada por la rivalidad que existe entre Francia y España, ya que los periodistas galos acumulan un gran número de votantes si no me equivoco. También puede ser que Iniesta no vuelva a tener la oportunidad de marcar un gol en la final de un mundial que da el título a tu país, situación que le ha aupado considerablemente en la votación. Incluso hay algún entendido que justifica el desmerecimiento del argentino por este premio dado su discreto papel, tanto de él como de su selección, en el campeonato del mundo. Esto trae consigo el dilema del cálculo del valor de los premios individuales en un deporte como el fútbol donde la colectividad es tan importante.


Seamos sensatos, la coronación de Messi como mejor jugador es totalmente justa, quizás Xavi o Iniesta también lo merecieran, no quepa ninguna duda, pero esto no quita el gran año de Messi, que ha sido el máximo artillero del torneo de la regularidad (término obligatorio para quien desee ser galardonado con este premio) y de todas las ligas europeas, Bota de Oro por lo tanto, incluyendo actuaciones brillantes que te obligaban a sacar el pañuelo, a quitarte el sombrero o simplemente, a aplaudir en un intento de agradecer tal belleza futbolística. Un jugador que ha trasladado la belleza del realismo mágico de la literatura al fútbol, haciendo de lo extraordinario algo rutinario cuando él juega, una de las razones que le ha llevado a convertirse en el primer jugador que consigue 2 Balones de oro a la edad de 23 años. Por ello no cabe que nos centremos en la pena que nos puede producir el que dos de nuestros jugadores se hayan quedado a las puertas de conseguir la gloria individual, sino en celebrar que tanto Xavi Hernández como Andrés Iniesta se han consolidado en el podio del fútbol debido al éxito que consiguieron en Sudáfrica con el primer Mundial para España, el título colectivo más importante que ningún galardón individual nos podrá arrebatar.


Aitor Soler