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viernes, 24 de octubre de 2014

Un clásico demasiado precoz para Ancelotti y Luis Enrique

Como viene siendo habitual en las últimas ediciones de la Liga, el clásico llega muy temprano al torneo de la regularidad. Barça y Madrid llegan a su enfrentamiento aleteando las alas con fuerza, pero nadie sabe aún si su vuelo es realmente estable, y todavía no han demostrado su fiabilidad ante rachas de viento imponentes. Los de Luis Enrique llegan imbatidos e invictos en la competición doméstica, pero con más dudas de las que sus extraordinarios números reflejan. El conjunto catalán sigue con buen ritmo su proceso de reconstrucción. El técnico asturiano ha sustituido la chapa y pintura que dejó su antecesor en el cargo por nuevas herramientas que el equipo llevaba pidiendo años. En pocos meses ha conseguido que la sociedad entre Neymar y Messi muestre una afinidad que parece no tener límite, una conexión que está contando en los últimos partidos con la mejor versión de Iniesta, que se ha hecho de rogar. Esta buena sintonía entre los tres tenores culés es un tremendo avance respecto a la última campaña, pero el mérito e Luis Enrique no acaba aquí.


La presión vuelve a parecerse a la poderosa arma que fue antaño, aunque con tanto desuso todavía no está totalmente afilada. Salvo las incógnitas de Douglas y Vermaelen, las caras nuevas no parecen serlo cuando juegan. Bravo ha conseguido que nadie se acuerde del mejor portero de la historia del club, y Rakitic y Mathieu ya se han ganado sus primeras grandes ovaciones en el Camp Nou. Su llegada al Barça ha sido clave para que el equipo, aún vulnerable en ese aspecto, haya dejado de temblar en todas las jugadas a balón parado. Pero no todos los nuevos rostros vienen de fuera. La cantera vuelve a ser ese tercer pulmón de aire fresco del que solo el club catalán puede disponer, Munir y Sandro han respondido a la confianza de su entrenador y ya no son ningunos desconocidos en las convocatorias del primer equipo.

Pero no todo son buenas noticias en Can Barça. Pese a su buen debe, a Luis Enrique le quedan aún varias tareas en el haber que debe resolver, y sin duda recuperar la mejor versión de Piqué es la más primordial dadas las circunstancias. El central ha ofrecido su mejor versión ante el Villarreal y el Rayo, y es urgente que la vuelva a mostrar. El catalán es el mejor capacitado para dirigir el inicio de la jugada desde la retaguardia y comandar las transiciones defensivas, pero su irregularidad sigue condenando al equipo y comienza a despertar murmullos en el Camp Nou. Su posible titularidad en el Bernabéu deberá tapar esas voces de inquietud si desea ayudar a su equipo. Su rendimiento en el clásico será el termómetro del rendimiento del equipo. Para ello, no solo deberá ocultar sus carencias, sino también las de su compañero en la banda derecha, Dani Alves, que pese a su leve mejora en ataque, sigue concediendo una autopista a los rivales por su flanco. Resulta curioso que con estos problemas, los récords que están batiendo los de Luis Enrique sean de imbatibilidad.

El Madrid, el mayor arsenal de Europa, pondrá a prueba los buenos números ligueros de este nuevo Barça. El conjunto blaugrana llega al clásico dejando grandes sensaciones en un partido entre semana por primera vez esta temporada, síntoma de que la maquinaria empieza a estar engrasada y de que el nivel físico comienza a ser el óptimo. Pero esta trayectoria ascendente nada tiene que envidiar a la de su eterno rival.

Tras un comienzo muy dubitativo y varios pinchazos en Liga, el poderío ofensivo del Madrid comenzó a sacarle las castañas del fuego al club blanco y a tapar heridas que se abrirían en canal ante los grandes si Ancelotti no ponía remedio antes, y el técnico italiano parece haberlo encontrado en su segundo año al cargo del equipo. En Anfield, por primera vez, el Madrid del italiano fue claramente superior a un rival de entidad en un escenario complicado, algo que no consiguió en ninguna de las finales aunque las ganara, y que solo dejó ver durante la Supercopa de Europa ante el Sevilla. En sus goleadas ligueras, el Madrid se había mostrado demoledor en ataque, pero no terminaba de adueñarse del partido. Ante el Liverpool, fue diferente. El Madrid estuvo imperial, no solo goleó sino que fue claro soberano del partido.


Y la entrada de Isco en el 11 ha sido el punto de inflexión decisivo en la mejoría blanca. El malagueño nunca será en el Madrid el formidable «10» que prometía ser en Málaga, pero su nueva versión viene de perlas al club de la capital. Isco no solo mejora el rendimiento colectivo de su equipo, sino también el individual de algunos compañeros, y James es el claro ejemplo de ello. El ex del Mónaco y del Oporto al fin rememora la versión que le hizo convertirse en la revelación del Mundial. El colombiano se ha liberado de las tareas defensivas que lastraban su juego y se ha destapado como un excelente pasador gracias al enorme trabajo recuperador del malagueño, que tampoco descuida su labor en ataque. Con menos alegrías que antes, el benalmadense sigue rompiendo líneas y dejando atrás rivales como solo él sabe hacer. Su conducción y pase hace aún más temible a la delantera blanca, que llega, al igual que la defensa culé, batiendo récords.

Con Isco en el campo, Benzema tiene menos rivales, más espacio y más tiempo para lanzar a Cristiano, que no necesita ni la mitad de ayuda que recibe para marcar. El portugués parece haber olvidado sus molestias en la rodilla que lastraron el final del pasado curso y el Mundial, y resulta casi inimaginable que falle ocasiones. Cada vez menos extremo, y cada vez más cerca de ser el «9» que sus condiciones permiten que sea, aunque él no lo crea. Sus registros goleadores son de otra época, seguramente futura, en la que lo normal será golear como él hace en el presente actual. Porque en el pasado no hubo nunca un goleador como él en este momento.

Pese a todo, Ancelotti tiene aún varias cuestiones que debe solucionar. El de Anfield fue un importante test superado con nota, pero aún le quedan asuntos por resolver. El técnico italiano apenas supo detener a un Messi muy deteriorado la pasada campaña, y el de este año llega rozando la excelencia futbolística. El argentino sabe como nadie atacar los espacios débiles de su rival, y coincide con su posición favorita: la espalda de los mediocentros, espacio que Modric no defiende todavía tan bien como hiciera el anterior año. Quitarle ese metro a Messi habrá sido un quebradero de cabeza para Ancelotti, al igual que para su colega Luis Enrique habrá sido imaginar como generarlo.


Porque seguramente ambos técnicos hubieran firmado que el enfrentamiento entre ambos tardara varias semanas en llegar. El clásico llega demasiado pronto para dos equipos que acaban de despegar, pero que aún no han alcanzado las máximas revoluciones, lo que provocará averías en el motor y sorpresas que ambos estrategas no se esperarán. El duelo entre los dos titanes del fútbol español llega antes de lo deseado para sus técnicos, pero entra en escena justo «en el momento dado», que diría Cruyff, para los aficionados. 

Aitor Soler

miércoles, 2 de abril de 2014

El muro belga frena la magia de Iniesta

Muchas veces intensidad suele ser sinónimo de partido bronco, donde la agresividad le gana la partida al entretenimiento. Pero hay otras ocasiones en las que se juntan dos colosos, como Barça y Atlético, y es entonces cuando la épica se vuelve arte, y los artistas se vuelven guerreros. Y los aficionados sufren, pero sobre todo disfrutan con sus gestas.

Hazañas que quedan recordadas en el lienzo de la memoria, el museo donde solo tienen hueco las mejores obras. La exhibición de Iniesta es sin duda digna de permanecer eternamente en su mejor galería. El manchego fue un mago entre decenas de guerreros, y su habilidad fue indescifrable para el ejército del Cholo, excepto para el héroe rojiblanco, Courtois.

El fútbol suele recordar a los goleadores, pero las paradas del portero belga robaron toda la gloria al tremendo gol de Diego Ribas. Courtois fue un titán bajo la portería, sus intervenciones sanaron las hemorragias que Iniesta y Neymar comenzaban a abrir en el pelotón colchonero.Manchego y brasileño hubieran firmado que el combate no se detuviera, pero el colegiado señaló el final, y la muralla belga terminó en pie la batalla.

El pitido final fue un regalo para los cansados guerrilleros atléticos, y un frenazo para la avalancha culé, que murió en el intento, y cuyos restos apagaron el intenso fuego de la lucha. Pero las cenizas de la batalla resurgirán la próxima semana, en un escenario propicio para que el batallón de Simeone dé un paso importante en su camino a Lisboa. El Calderón será las Termópilas, donde el Atlético se aferrará a la hazaña de su guardameta. Una fortaleza inexpugnable que solo la habilidad de un mago puede conquistar. 

Aitor Soler

lunes, 24 de marzo de 2014

Iniesta y Messi asaltan el Bernabéu y animan la Liga

Ambos equipos anclaron los complejos que les atenazaron en los clásicos pasados y esta vez sí hicieron honor al sobrenombre de “partido del siglo”. El Barça y el Madrid regalaron a los aficionados un partido intenso. El Bernabéu se convirtió en el ring de batalla entre dos colosos de puños de acero, pero con mandíbula de cristal.

El Barça se reencontró con la seguridad que perdió en los últimos duelos ante su máximo rival. El equipo de Gerardo Martino volvió a confirmar su fiabilidad cuando la exigencia de la cita lo requiere. Todo lo contrario que el Madrid de Ancelotti, que no ha sido capaz de vencer en Liga a sus dos rivales por el título.

El clásico comenzó eléctrico y vibrante. El Tata, de nuevo en su estilo más guardiolista, volvió a encomandarse a los jugones para asaltar el templo madridista. No le salió mal su apuesta, ya que Iniesta adelantó a su equipo cuando aún no se había cumplido ni un cuarto de hora. Esta vez su gol no fue el premio a su excelente partido. El tanto del manchego fue la punta del iceberg de la memorable actuación que firmó el de Fuentealbilla.

Iniesta se vistió de gala con su mejor juego para la gran noche del fútbol español, pero fue un compañero suyo quien se convirtió en la estrella de la alfombra verde del Bernabéu. Leo Messi acudió al protagonismo que se le exigía, tras unas semanas en las que su rendimiento se había puesto en duda. El argentino se convirtió en el máximo goleador histórico de los clásicos. En un duelo directo ante su máximo rival, la pulga recuperó el trono que Cristiano Ronaldo había ocupado en los últimos enfrentamientos entre ambos. 

Messi firmó un hat-trick por segunda jornada consecutiva, y acudió a la ayuda de su equipo cuando más lo necesitaba. El argentino disipó cualquier duda posible en un escenario donde solo brillan los elegidos.

Porque el Bernabéu no era una plaza fácil. El Madrid de Ancelotti fue un miura que presentó batalla hasta el final. Hasta la aparición de Messi, otro argentino estaba siendo el protagonista del partido. Di María despertó a su equipo, que hizo honor a su leyenda. La entrega del fideo rompió el embrujo somnoliento de Iniesta, y el Madrid embistió con tanta fuerza que apunto estuvo de tumbar al Barça.

Solo Piqué parecía mostrar seguridad en una defensa que temblaba ante las galopadas de los atacantes del Madrid. El central catalán volvió a mostrar su mejor cara de nuevo en un partido clave. Su temple a la hora de sacar el balón y la forma de comandar los pocos buenos repliegues que ejecutó su equipo mantuvieron con vida al Barça en el partido. Porque el equipo del Tata estuvo cerca de besar la lona, pero la aparición de Messi y la justa expulsión de Ramos hicieron al Barça recuperar la fe en su juego, y en la Liga.

Neymar y Bale siguen sin brillar

Es en los clásicos y en los grandes partidos donde los grandes jugadores se doctoran. Galés y brasileño, las dos inversiones más faraónicas en la historia del fútbol, estuvieron a la sombra en un duelo donde los focos les apuntaban.

Bale dio muestras de su tremenda potencia, y por momentos el Barça no parecía encontrar forma de detenerle. Pero el expreso de Cardiff se quedó sin carburante y su papel en el clásico se quedó en un mano a mano que salvó Valdés y en alguna de sus punzantes galopadas.

El ex del Santos por su parte no brilló ni la mitad que en el partido de la primera vuelta. Neymar sigue sin ser ese crack que apuntaba ser en el comienzo liguero. Pese a ello, dio una asistencia y provocó un penalti. Partido gris del brasileño, pero eficaz.

Aitor Soler

domingo, 27 de octubre de 2013

Tata Martino, el valiente

Se cumplen hoy 8 meses de aquel fatídico 27 de febrero para el barcelonismo. El Madrid asaltó el Camp Nou en las semis de Copa. El equipo por aquel entonces de Mourinho endosó un 1-3 a su máximo rival, que en ningún momento fue capaz de desarbolar la defensa numantina plantada por el técnico portugués. Ramos, Varane, Khedira y Alonso enjaularon a Messi, y el Barça no pudo liberarlo, ni tampoco detener las letales contras blancas. El Madrid daba un golpe sobre la mesa y rompía el equilibrio que él mismo construyó. El equipo blanco cambiaba la tendencia, al menos en duelos directos, y mostraba las carencias de un estilo que tras 4 años de gloria, pedía un cambio. El Barça necesitaba dejar de ser previsible. 

Ocho meses después y tras 5 Clásicos sin poder ganar a su máximo rival, el Barça demostró ayer que ese cambio ha llegado, o que como mínimo, su transición va por el buen camino. El equipo del Tata no es tan brillante como el de Guardiola, ¿pero acaso se ha vuelto a construir una nueva Capilla Sixtina? Las grandes obras son inimitables. El Barça de Martino ha recuperado la competitividad que perdió a lo largo del curso pasado. No enamora en las grandes citas, pero de momento tampoco falla, simplemente convence. La posesión vuelve a ser un camino, y no el fin en el que se convirtió el pasado año. Pero ahora no existe solo la posesión, los caminos se han multiplicado.

Como todo aquel que se atreve a cambiar el orden establecido, Martino está siendo más atacado que halagado. Cuando un estilo se transforma en costumbre, se hace vulnerable, y el técnico argentino se ha atrevido a detectarlo. Consciente de las limitaciones físicas de su equipo, el Tata decide replegar. ¿Por qué poner toda la carne en el asador cuando se va por delante en el marcador? Esa ambición desmedida ya le jugó una mala pasada ante el Sevilla. No es la primera vez que el Barça esta temporada muestra una defensa replegada en su propio estadio. Con Piqué al mando, el Barça sufrió mucho menos de lo que suele sufrir ante su máximo rival. Y dónde no llegaba Piqué, llegó Valdés, que quiere despedirse del Camp Nou a lo grande.

La defensa replegada no solo sirve para ganar seguridad defensiva, sino que también otorga verticalidad a la hora de atacar. Sabedor el Tata de las características de sus jugadores, la entrada de Alexis no solo supuso un plus a la hora de defender la banda de Cristiano y Marcelo, sino también la amenaza de un velocista a la contra. El chileno hace tiempo que cumple de forma notable su papel en estático, pero su juego se libera cuando ve espacio para correr. Martino no está dispuesto a que un estilo sacrifique el talento de algunos de sus jugadores. El mismo estilo de juego estaba limitando el tremendo potencial de la plantilla culé, y el golazo de Alexis le dio la razón al técnico argentino. El Tata no solo ganó ayer su primer Clásico, también tumbó el mito de la Messi-dependencia.

Resulta complicado no depender del mejor jugador del mundo. ¿Acaso los Bulls de los 90 no dependían de Jordan? ¿O el Brasil de los 70 no necesitaba la calidad y los goles de Pelé? El Madrid consiguió neutralizar a Messi el pasado año, y con ello a todo el equipo. Los balones que le servían Xavi e Iniesta acababan en la defensa blanca. Ayer Ancelotti intentó lo mismo poniendo a Ramos de mediocentro. Fue ahí cuando Martino decidió alejar a Messi del área. Pese a no jugar en la posición que le ha convertido en el mejor de la historia (ni en su mejor momento de forma), Messi entendió magistralmente su papel, facilitó el trabajo a Xavi e Iniesta y se hartó de recuperar balones, factor que sirvió de estímulo a todo el equipo. ¿Mal partido del argentino? Sin duda no fue su mejor Clásico, pero si llega a marcar la clara ocasión que tuvo con 1-0, la percepción sería muy distinta.

Una percepción que también deja en mal lugar al Tata cuando se le compara con Guardiola. El día que muchos comprendan que ese equipo es irrepetible, sabrán apreciar la realidad de forma más acertada. Martino ha cogido y respetado su legado, aunque muchos se empeñen en que cambiar a Song por Iniesta sea traicionar un estilo. ¿Y cómo llamamos lo que hacía Guardiola con su admirado Keita? Martino, como entrenador del Barça que es, está haciendo lo que muchos pedían hace 8 meses: cambios. Lo de ayer no será suficiente para recuperar la hegemonía perdida, pero sin duda es un primer paso muy bien dado.

Aitor Soler

domingo, 26 de mayo de 2013

Una sonrisa necesaria

Neymar ya es oficialmente nuevo jugador del Barça. El culebrón se acaba y Messi tendrá un acompañante de lujo en una delantera que está destinada a marcar época. Nadie duda del talento de Neymar, el brasileño es el representante de la generación post-Messi. Una nueva oleada de enormes futbolistas viene pisando fuerte, y el Barça no ha dudado en atar a uno de sus máximos exponentes para mantener su hegemonía intacta. Pero pese a los diversos factores que avalan su fichaje, las dudas no han tardado en salir a la luz. El fantasma del caso Robinho sigue deambulando por la mente de todos los aficionados al fútbol. Y por si fuera poco, la difícil convivencia de dos gallos en un mismo corral sigue alimentando las dudas sobre el futuro rendimiento de Neymar en el Camp Nou. Pero no todos los factores generan dudas, hay motivos de sobra que invitan de lleno al optimismo. 

Y es que casos como el de Robinho, de estrellas emergentes del fútbol brasileño que acaban en fraude, se han dado únicamente en casos desesperados, donde los equipos daban todos los galones a jóvenes cracks que acababan devorados por la presión. Neymar llega a un equipo totalmente jerarquizado y en un clima idóneo para su adaptación al fútbol europeo. El brasileño estará acompañado de los mejores jugadores del mundo, será como un Máster para un becario más que prometedor, que deberá convertirse en redactor jefe en unos meses.

En su camino de aprendizaje, el brasileño tendrá como maestros a Messi, Iniesta y compañía. El temor a una mala convivencia es inexistente, plantilla, cuerpo técnico y junta avalan su fichaje, y Neymar se ha cansado de expresar su admiración hacia las estrellas azulgranas en los últimos años, donde los piropos han cruzado en numerosas ocasiones el Atlántico. Pese a que las salidas de Eto'o e Ibrahimovic son precedentes negativos, el fichaje de Neymar lleva gestándose casi 2 años, el tiempo suficiente para prevenir cualquier error. Neymar sabe a qué club llega, y el Barça sabe a qué jugador contrata.

Y por si a alguien aún le quedan dudas sobre su juego, el brasileño es el estilo de jugador que lleva pidiendo a gritos el equipo azulgrana en estas últimas temporadas. Messi no puede ser el único que tome responsabilidades a la hora de desequilibrar, y pese a que ha tardado en llegar, su socio al fin ha llegado. Neymar aporta un desequilibrio que ningún otro jugador en el mercado ofrece. El carioca es de los pocos jugadores que siguen manteniendo con vida el arte del regate, y el único (junto a Messi) capacitado para desbordar en estático. Pero que el regate no eclipse el resto de sus virtudes, donde se incluye por supuesto el gol. Hasta su salto a Europa, Neymar ha marcado 172 goles en 278 partidos, números estratosféricos para un chaval de 21 años.

¿Aspectos negativos? Sí, que tocará esperar varios meses a su debut. El Camp Nou, dolido por haber sido derrocado por el Allianz Arena como capital europea del fútbol, espera ansioso la llegada de un nuevo ídolo. Hace una década, cuando el Camp Nou vivía bajo una tempestad eterna, un brasileño sonriente y bailarín cambió la dinámica de un equipo. Diez años más tarde, al motor azulgrana le quedan aún muchos kilómetros por recorrer, y un nuevo alegre carioca llega para dar al chasis culé la capa de pintura que tanto necesita. La Capilla Sixtina del fútbol comienza su restauración.

Aitor Soler

jueves, 29 de noviembre de 2012

Que hable el fútbol

Ya se conocen los 3 finalistas al Balón de Oro, no hay sorpresas: Messi, Cristiano Ronaldo y Andrés Iniesta se disputarán el galardón de mejor jugador del año. Será la cuarta edición consecutiva en la que aparecen 2 jugadores del Barça, y la sexta en la que Messi está entre ellos. El argentino podría ser el primer jugador de la historia en acumular 4 Balones de Oro.

Con estos datos, no debería haber duda de la supremacía del argentino, pero en cambio, sí que la hay. Año a año, Messi no solo bate todos los récords posibles (e imposibles), sino que se supera a sí mismo. Tiene el don de convertir lo extraordinario en habitual. Transforma jugadas imposibles en algo cotidiano, y pese a ello, nunca deja de sorprendernos. Los récords, adjetivos o premios ya nunca estarán a la altura de su juego.

Resulta curioso que Messi haya dejado atrás tantos registros, galardones y leyendas, y se siga cayendo en el error de compararle. Cristiano Ronaldo es un magnífico jugador, pero hace tiempo que perdió la estela del argentino, y no por deméritos propios. La prensa sigue vendiendo un debate tan solo alimentado por la rivalidad entre Madrid y Barça. Curioso que el portugués acuse a la prensa de su mala imagen, cuando es la que le posiciona en la pelea por un trono que no merece disputa.

La rivalidad Madrid-Barça habla, y mientras tanto el fútbol calla. Equiparar a Ronaldo con Messi solo perjudicará al portugués. Bueno, al portugués y a Iniesta, supuestamente el tercero en discordia. Mientras sea la rivalidad la que hable, el manchego deberá permanecer callado sin aspirar a un mejor reconocimiento que hace tiempo merece. Seguro que el bueno de Andrés aceptará con gusto permanecer callado para seguir hablando en el campo.

 Aitor Soler

lunes, 8 de octubre de 2012

La historia puede esperar

Lo de "partido de leyenda" comienza a quedarse corto. La rivalidad entre Barça y Madrid va mucho más allá, y no me refiero a la política. La historia se queda pequeña para guardar todos los pequeños detalles y todos los particulares duelos que se viven en cada Clásico.

Pequeños detalles como la pillería de Messi de atrasar el balón en la falta que segundos después haría estallar al Camp Nou. Travesuras que se aprenden jugando en la calle y, que con una naturalidad pasmosa, el argentino las muestra ante los ojos de la historia, y de un público que le adora. Las reverencias a Messi sonaron mucho más que los desafortunados gritos de independencia para Cataluña. Ya nadie duda que el verdadero protagonista era el fútbol. Pobre del que parpadeara pensando en otras cosas.

No había tiempo para parpadear, detalles minúsculos se escondían en frente de nuestros ojos, como la lesión de hombro que fue la única que pudo apagar a un Cristiano Ronaldo, que volvió a brillar ante el Barça y su luz deslumbró a los defensas culés, que no encontraron manera de detenerlo. La osada chilena del portugués logró lo que los zagueros del Barça fueron incapaces de hacer previamente: anular a Cristiano.

Ambos jugadores redondearon una noche mágica. Dos futbolistas de los que siempre se habla antes del partido, y que por supuesto, siempre responden durante él, esta vez con 2 goles cada uno. Dos héroes de distinto bando, cuya lucha entre ambos se grabará con letras de oro junto a la rivalidad histórica entre Madrid y Barça. Ambos ya son parte del escudo de estos dos colosos.


Pero por difícil que parezca, la épica y constante pugna entre el portugués y el argentino no debe eclipsar las miles de historias que seguía escondiendo el Clásico. La lucha entre Messi y Ronaldo no fue la única que se vivió sobre el césped. Dos colosos no podrían estar en manos de cualquier estratega y el duelo en los banquillos también tuvo influencia en el partido, de la mano de un Tito Vilanova que buscó en los orígenes para ser más "guardiolista" que el propio Pep, tapando el agujero en defensa mediante la velocidad, Adriano  fue el elegido y el brasileño respondió. En el otro costado, un Mourinho ya liberado de sus arcaicos complejos decidió, y cerca estuvo de ganar. El portugués parece haberse dado cuenta al fin que con los buenos en el campo es más fácil plantarle cara al Barça.

Y los buenos estuvieron en el campo, y así fue, el Madrid se adelantó en el marcador. Cristiano ajustició el resultado, el Madrid estaba siendo superior de la mano sobre todo de un Khedira imperturbable en la medular. Por lo que un Busquets, herido en su orgullo, comenzó a imponer su ley y pronto Xabi Alonso y el propio alemán cayeron en los tentáculos del Pulpo de Badía. Xavi e Iniesta creyeron en la iniciativa de su compañero y el Barça comenzó a ser el Barça.

Los de Tito Vilanova dieron la vuelta al marcador gracias a un Messi, que sin tener su mejor día, volvió a marcar la diferencia. Pero el argentino no estuvo mal acompañado, Iniesta parecía flotar con el balón, mágico por momentos; la espalda de Jordi Alba se convirtió en un misterio indescifrable para los jugadores del Madrid, uno de esos detalles que se mantuvo oculto durante todo el Clásico; Pedro fue un martirio para la defensa blanca, que nunca adivinó los movimientos del canario, y Montoya estuvo a unos centímetros de recibir el mayor de los premios a su madura valentía.

Pero en la historia del Madrid no entra eso de rendirse, y cuando el Barça comenzaba a deleitar, Cristiano volvió a igualar el marcador. El portugués, al igual que Messi, estuvo bien escoltado por sus compañeros, sobre todo por Özil, cuyo físico no está a la altura de su calidad. El alemán resurgió de sus cenizas dejadas en la primera parte y firmó un segundo tiempo antológico. A ellos les acompañó un Pepe que, pese al error en el primer gol del Barça, marcó el territorio con elegancia y comienza a quitarse de encima la etiqueta que él mismo se puso.










Miles de historias que ha dejado un Clásico, una rivalidad que esconde muchos más misterios que se resolverán en el futuro, y jugadores que adelantan a sus propias leyendas. La historia debe estar impaciente, pero le queda aún mucho por esperar. Somos unos testigos muy afortunados.

Aitor Soler

lunes, 11 de julio de 2011

Echando la vista atrás

"No hay fuera de juego, vamos Iniesta..." Al termino de esta frase, España entera quedo suspendida en tres segundos mágicos de los cuales aún no hemos salido. Años atrás nadie imaginaba ver a un español levantando la copa del mundo, parecía que esa foto estaba reservada para que apareciese alguien con la camiseta amarilla, "azzurra" o con una camiseta blanca con detalles negros.

Hoy hace un año que cambiamos la historia. Aquel 11 de julio fue el típico día caluroso de verano, salvo por un pequeño detalle, estábamos a solo unas horas de ser el centro del mundo. La final de un mundial, aquella que veíamos desde casa cada cuatro años maldiciendo a la selección de turno y aquel partido de cuartos que nos privaba de estar ahí. Pero podemos decir que en 2010 cambio el cuento.

Soccer city, Johannesburgo, Sudáfrica... Tantas palabras un mismo recuerdo. Tocaban las 20:30 de aquel día cuando empezó lo que hoy por hoy es el mayor hito de la historia de nuestro país deportívamente hablando.

De las finales que se recuerdan, la disputada entre Holanda y España tuvo un toque entre el dramatismo y el sufrimiento. Todos recordamos aquel mano a mano de Casillas contra Robben, adornado con salvajes patadas y juego brusco, destacando sobre todas las demás una brutal entrada al pecho de Alonso propiciada por De Jong. No es de extrañar que fuera la final con mas tarjetas de la historia.

Ambos conjuntos eran muy diferentes. Mientras España trenzaba bellas jugadas y combinaba toques con buenos desmarques, Holanda atacaba en tromba y a una velocidad temible. Defensivamente los dos equipos estuvieron correctos salvo en  jugadas puntuales, y con el 0-0 el tiempo reglamentario concluyó.


La final adoptó un guión que ni holandeses ni españoles hubiésemos firmado. La prórroga tan temida como de costumbre por la cercana sombra de los penaltis, se convirtió en un tira y afloja con mas miedo que garra por un posible gol en contra. Entonces en el mítico minuto 116 de ese partido, apareció Don Andrés Iniesta para darle con el alma y con la fuerza de todo un país y empujar la pelota al interior de la portería.
Despues de ese momento nos han llovido elogios de todas partes, somos el rival a batir en cualquier torneo que aparezcamos, somos hoy por hoy, los números 1.

"Se va Navas, vamos que se desmarca Torres, el mundo contra Navas que tiene ahí... velocidad para ir, consigue enviar la pelota para el tacón de Iniesta, llega Cesc aparece de nuevo Navas que se desfonda, entrega el balón para Fernando Torres, prepara el centro, la pide Iniesta, el rechace para Cesc, Cesc para Iniesta no hay fuera de juego, vamos Iniesta...." 


El dios del fútbol bajo para hacernos campeones. Gracias selección por tanta alegría después de tanto sufrimiento.

 Kevin Requena

martes, 11 de enero de 2011

Del realismo mágico al renacer de los antiguos tópicos

Hace unas horas en Zurich se ha rendido tributo hacia la Masía, la fábrica de futbolistas azulgrana y cuna futbolística de algunos de los más grandes jugadores de la historia. El homenaje a la cantera culé comenzó en el momento de la gala en el que Vicente del Bosque, corroborado por Pep Guardiola, tuvieron un recuerdo especial para Oriol Tort, artífice del éxtito de la Masía, y por lo tanto culpable en parte de los últimos éxitos del fútbol nacional, llevado en volandas por los triunfos de la Roja y del F. C. Barcelona, conjunto que ha reunido a 6 jugadores en el mejor "once" de 2010, y como no podría ser de otra manera 5 pertenecen al fútbol base culé, que no saciado de estos éxitos, ha culminado el homenaje de esta noche contemplando a tres de sus máximos exponentes en el máximo reconocimiento individual de este deporte, a Leo Messi recogiendo su 2º Balón de Oro consecutivo, esta vez el trofeo parece el afortunado de pertenecer al galardonado mejor futbolista de 2010, acompañado en el podio por sus compañeros Andrés Iniesta y Xavi Hernández.


Pero el orden es lo de menos y cualquiera que entienda algo de fútbol coincide en que lo justo hubiera sido dividirlo en tres pedazos para cada uno. Cualquiera salvo los pesimistas que se fijan más en lo poco que se pierde que en lo mucho que se gana, porque a más de uno hoy le ha vuelto la sensación de hace no tanto, cuando la Selección Española era eliminada en cuartos de final, a los que se les consideraba una barrera infranqueable hasta la última Eurocopa.
Seguramente sea cierto que Xavi prácticamente no gozará de más oportunidades para lograr este reconomcimiento que tanto se merece, todo hacía pensar que si Cannavaro fue galardonado por su Mundial era obligatorio que con Xavi se hiciera lo mismo y no desmiento en absoluto a los que afirman que la votación está muy manipulada por la rivalidad que existe entre Francia y España, ya que los periodistas galos acumulan un gran número de votantes si no me equivoco. También puede ser que Iniesta no vuelva a tener la oportunidad de marcar un gol en la final de un mundial que da el título a tu país, situación que le ha aupado considerablemente en la votación. Incluso hay algún entendido que justifica el desmerecimiento del argentino por este premio dado su discreto papel, tanto de él como de su selección, en el campeonato del mundo. Esto trae consigo el dilema del cálculo del valor de los premios individuales en un deporte como el fútbol donde la colectividad es tan importante.


Seamos sensatos, la coronación de Messi como mejor jugador es totalmente justa, quizás Xavi o Iniesta también lo merecieran, no quepa ninguna duda, pero esto no quita el gran año de Messi, que ha sido el máximo artillero del torneo de la regularidad (término obligatorio para quien desee ser galardonado con este premio) y de todas las ligas europeas, Bota de Oro por lo tanto, incluyendo actuaciones brillantes que te obligaban a sacar el pañuelo, a quitarte el sombrero o simplemente, a aplaudir en un intento de agradecer tal belleza futbolística. Un jugador que ha trasladado la belleza del realismo mágico de la literatura al fútbol, haciendo de lo extraordinario algo rutinario cuando él juega, una de las razones que le ha llevado a convertirse en el primer jugador que consigue 2 Balones de oro a la edad de 23 años. Por ello no cabe que nos centremos en la pena que nos puede producir el que dos de nuestros jugadores se hayan quedado a las puertas de conseguir la gloria individual, sino en celebrar que tanto Xavi Hernández como Andrés Iniesta se han consolidado en el podio del fútbol debido al éxito que consiguieron en Sudáfrica con el primer Mundial para España, el título colectivo más importante que ningún galardón individual nos podrá arrebatar.


Aitor Soler