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viernes, 24 de octubre de 2014

Un clásico demasiado precoz para Ancelotti y Luis Enrique

Como viene siendo habitual en las últimas ediciones de la Liga, el clásico llega muy temprano al torneo de la regularidad. Barça y Madrid llegan a su enfrentamiento aleteando las alas con fuerza, pero nadie sabe aún si su vuelo es realmente estable, y todavía no han demostrado su fiabilidad ante rachas de viento imponentes. Los de Luis Enrique llegan imbatidos e invictos en la competición doméstica, pero con más dudas de las que sus extraordinarios números reflejan. El conjunto catalán sigue con buen ritmo su proceso de reconstrucción. El técnico asturiano ha sustituido la chapa y pintura que dejó su antecesor en el cargo por nuevas herramientas que el equipo llevaba pidiendo años. En pocos meses ha conseguido que la sociedad entre Neymar y Messi muestre una afinidad que parece no tener límite, una conexión que está contando en los últimos partidos con la mejor versión de Iniesta, que se ha hecho de rogar. Esta buena sintonía entre los tres tenores culés es un tremendo avance respecto a la última campaña, pero el mérito e Luis Enrique no acaba aquí.


La presión vuelve a parecerse a la poderosa arma que fue antaño, aunque con tanto desuso todavía no está totalmente afilada. Salvo las incógnitas de Douglas y Vermaelen, las caras nuevas no parecen serlo cuando juegan. Bravo ha conseguido que nadie se acuerde del mejor portero de la historia del club, y Rakitic y Mathieu ya se han ganado sus primeras grandes ovaciones en el Camp Nou. Su llegada al Barça ha sido clave para que el equipo, aún vulnerable en ese aspecto, haya dejado de temblar en todas las jugadas a balón parado. Pero no todos los nuevos rostros vienen de fuera. La cantera vuelve a ser ese tercer pulmón de aire fresco del que solo el club catalán puede disponer, Munir y Sandro han respondido a la confianza de su entrenador y ya no son ningunos desconocidos en las convocatorias del primer equipo.

Pero no todo son buenas noticias en Can Barça. Pese a su buen debe, a Luis Enrique le quedan aún varias tareas en el haber que debe resolver, y sin duda recuperar la mejor versión de Piqué es la más primordial dadas las circunstancias. El central ha ofrecido su mejor versión ante el Villarreal y el Rayo, y es urgente que la vuelva a mostrar. El catalán es el mejor capacitado para dirigir el inicio de la jugada desde la retaguardia y comandar las transiciones defensivas, pero su irregularidad sigue condenando al equipo y comienza a despertar murmullos en el Camp Nou. Su posible titularidad en el Bernabéu deberá tapar esas voces de inquietud si desea ayudar a su equipo. Su rendimiento en el clásico será el termómetro del rendimiento del equipo. Para ello, no solo deberá ocultar sus carencias, sino también las de su compañero en la banda derecha, Dani Alves, que pese a su leve mejora en ataque, sigue concediendo una autopista a los rivales por su flanco. Resulta curioso que con estos problemas, los récords que están batiendo los de Luis Enrique sean de imbatibilidad.

El Madrid, el mayor arsenal de Europa, pondrá a prueba los buenos números ligueros de este nuevo Barça. El conjunto blaugrana llega al clásico dejando grandes sensaciones en un partido entre semana por primera vez esta temporada, síntoma de que la maquinaria empieza a estar engrasada y de que el nivel físico comienza a ser el óptimo. Pero esta trayectoria ascendente nada tiene que envidiar a la de su eterno rival.

Tras un comienzo muy dubitativo y varios pinchazos en Liga, el poderío ofensivo del Madrid comenzó a sacarle las castañas del fuego al club blanco y a tapar heridas que se abrirían en canal ante los grandes si Ancelotti no ponía remedio antes, y el técnico italiano parece haberlo encontrado en su segundo año al cargo del equipo. En Anfield, por primera vez, el Madrid del italiano fue claramente superior a un rival de entidad en un escenario complicado, algo que no consiguió en ninguna de las finales aunque las ganara, y que solo dejó ver durante la Supercopa de Europa ante el Sevilla. En sus goleadas ligueras, el Madrid se había mostrado demoledor en ataque, pero no terminaba de adueñarse del partido. Ante el Liverpool, fue diferente. El Madrid estuvo imperial, no solo goleó sino que fue claro soberano del partido.


Y la entrada de Isco en el 11 ha sido el punto de inflexión decisivo en la mejoría blanca. El malagueño nunca será en el Madrid el formidable «10» que prometía ser en Málaga, pero su nueva versión viene de perlas al club de la capital. Isco no solo mejora el rendimiento colectivo de su equipo, sino también el individual de algunos compañeros, y James es el claro ejemplo de ello. El ex del Mónaco y del Oporto al fin rememora la versión que le hizo convertirse en la revelación del Mundial. El colombiano se ha liberado de las tareas defensivas que lastraban su juego y se ha destapado como un excelente pasador gracias al enorme trabajo recuperador del malagueño, que tampoco descuida su labor en ataque. Con menos alegrías que antes, el benalmadense sigue rompiendo líneas y dejando atrás rivales como solo él sabe hacer. Su conducción y pase hace aún más temible a la delantera blanca, que llega, al igual que la defensa culé, batiendo récords.

Con Isco en el campo, Benzema tiene menos rivales, más espacio y más tiempo para lanzar a Cristiano, que no necesita ni la mitad de ayuda que recibe para marcar. El portugués parece haber olvidado sus molestias en la rodilla que lastraron el final del pasado curso y el Mundial, y resulta casi inimaginable que falle ocasiones. Cada vez menos extremo, y cada vez más cerca de ser el «9» que sus condiciones permiten que sea, aunque él no lo crea. Sus registros goleadores son de otra época, seguramente futura, en la que lo normal será golear como él hace en el presente actual. Porque en el pasado no hubo nunca un goleador como él en este momento.

Pese a todo, Ancelotti tiene aún varias cuestiones que debe solucionar. El de Anfield fue un importante test superado con nota, pero aún le quedan asuntos por resolver. El técnico italiano apenas supo detener a un Messi muy deteriorado la pasada campaña, y el de este año llega rozando la excelencia futbolística. El argentino sabe como nadie atacar los espacios débiles de su rival, y coincide con su posición favorita: la espalda de los mediocentros, espacio que Modric no defiende todavía tan bien como hiciera el anterior año. Quitarle ese metro a Messi habrá sido un quebradero de cabeza para Ancelotti, al igual que para su colega Luis Enrique habrá sido imaginar como generarlo.


Porque seguramente ambos técnicos hubieran firmado que el enfrentamiento entre ambos tardara varias semanas en llegar. El clásico llega demasiado pronto para dos equipos que acaban de despegar, pero que aún no han alcanzado las máximas revoluciones, lo que provocará averías en el motor y sorpresas que ambos estrategas no se esperarán. El duelo entre los dos titanes del fútbol español llega antes de lo deseado para sus técnicos, pero entra en escena justo «en el momento dado», que diría Cruyff, para los aficionados. 

Aitor Soler

lunes, 24 de marzo de 2014

Iniesta y Messi asaltan el Bernabéu y animan la Liga

Ambos equipos anclaron los complejos que les atenazaron en los clásicos pasados y esta vez sí hicieron honor al sobrenombre de “partido del siglo”. El Barça y el Madrid regalaron a los aficionados un partido intenso. El Bernabéu se convirtió en el ring de batalla entre dos colosos de puños de acero, pero con mandíbula de cristal.

El Barça se reencontró con la seguridad que perdió en los últimos duelos ante su máximo rival. El equipo de Gerardo Martino volvió a confirmar su fiabilidad cuando la exigencia de la cita lo requiere. Todo lo contrario que el Madrid de Ancelotti, que no ha sido capaz de vencer en Liga a sus dos rivales por el título.

El clásico comenzó eléctrico y vibrante. El Tata, de nuevo en su estilo más guardiolista, volvió a encomandarse a los jugones para asaltar el templo madridista. No le salió mal su apuesta, ya que Iniesta adelantó a su equipo cuando aún no se había cumplido ni un cuarto de hora. Esta vez su gol no fue el premio a su excelente partido. El tanto del manchego fue la punta del iceberg de la memorable actuación que firmó el de Fuentealbilla.

Iniesta se vistió de gala con su mejor juego para la gran noche del fútbol español, pero fue un compañero suyo quien se convirtió en la estrella de la alfombra verde del Bernabéu. Leo Messi acudió al protagonismo que se le exigía, tras unas semanas en las que su rendimiento se había puesto en duda. El argentino se convirtió en el máximo goleador histórico de los clásicos. En un duelo directo ante su máximo rival, la pulga recuperó el trono que Cristiano Ronaldo había ocupado en los últimos enfrentamientos entre ambos. 

Messi firmó un hat-trick por segunda jornada consecutiva, y acudió a la ayuda de su equipo cuando más lo necesitaba. El argentino disipó cualquier duda posible en un escenario donde solo brillan los elegidos.

Porque el Bernabéu no era una plaza fácil. El Madrid de Ancelotti fue un miura que presentó batalla hasta el final. Hasta la aparición de Messi, otro argentino estaba siendo el protagonista del partido. Di María despertó a su equipo, que hizo honor a su leyenda. La entrega del fideo rompió el embrujo somnoliento de Iniesta, y el Madrid embistió con tanta fuerza que apunto estuvo de tumbar al Barça.

Solo Piqué parecía mostrar seguridad en una defensa que temblaba ante las galopadas de los atacantes del Madrid. El central catalán volvió a mostrar su mejor cara de nuevo en un partido clave. Su temple a la hora de sacar el balón y la forma de comandar los pocos buenos repliegues que ejecutó su equipo mantuvieron con vida al Barça en el partido. Porque el equipo del Tata estuvo cerca de besar la lona, pero la aparición de Messi y la justa expulsión de Ramos hicieron al Barça recuperar la fe en su juego, y en la Liga.

Neymar y Bale siguen sin brillar

Es en los clásicos y en los grandes partidos donde los grandes jugadores se doctoran. Galés y brasileño, las dos inversiones más faraónicas en la historia del fútbol, estuvieron a la sombra en un duelo donde los focos les apuntaban.

Bale dio muestras de su tremenda potencia, y por momentos el Barça no parecía encontrar forma de detenerle. Pero el expreso de Cardiff se quedó sin carburante y su papel en el clásico se quedó en un mano a mano que salvó Valdés y en alguna de sus punzantes galopadas.

El ex del Santos por su parte no brilló ni la mitad que en el partido de la primera vuelta. Neymar sigue sin ser ese crack que apuntaba ser en el comienzo liguero. Pese a ello, dio una asistencia y provocó un penalti. Partido gris del brasileño, pero eficaz.

Aitor Soler

sábado, 26 de octubre de 2013

El Clásico de las incógnitas

El Clásico del fútbol ya ha llegado, y como el buen vino, su sabor mejora año tras año. Nuestro paladar futbolístico volverá a disfrutar del mejor fútbol del mundo. Temporada tras temporada, las plantillas de Barça y Madrid crecen en talento. Sus variantes de recursos rompen límites año tras año, y sus dos máximas estrellas dejaron hace tiempo de destrozar récords, para crear los suyos propios. Pero pese a la buena calidad de la uva, la vendimia no llega en el mejor momento.

Barça y Madrid se verán las caras en un partido que llega demasiado pronto para ambos. Los hombres del Tata parecían imparables hasta hace una semana, pero 2 pinchazos consecutivos han hecho saltar las alarmas del derrotismo culé. No obstante, Gerardo Martino, que ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de hacer auto-crítica, no mostró ningún signo de preocupación cuando le preguntaron por el bajón del equipo, declive que se ve reflejado en la presión del equipo sobre la salida del rival, inexistente en los últimos partidos.

El Tata ya lo avisó a finales de agosto, nada más ganar la Supercopa ante el Atlético: "No tenemos tiempo para entrenar físico en los entrenamientos, dudo que podamos hacer la presión en todos los partidos". ¿Volveremos a ver al Barça de la presión feroz sobre el rival? Con las pilas cargadas, los de Martino pueden volver a ser la apisonadora que eran hace tan solo unos días.

¿Y cómo puede escapar el Madrid de esa apisonadora? Recursos tiene de sobra, solo queda que Ancelotti los sepa encajar, labor en la que parece haber avanzado más en los dos últimos partidos que en los dos meses de competición. Ante Málaga y Juventus, se pudo ver un Madrid más versátil, cómodo a la hora de atacar tanto en estático como al espacio, alternando el pase corto con el juego en largo, alternancia que puede desactivar la presión del Barça, pero también potenciarla.

Pese a la mejora, el Madrid parece haber perdido ese instinto asesino con el que ha dominado al Barça en los últimos clásicos. Quién sabe si la versatilidad de Ancelotti es mejor que la especialidad contra-golpeadora de Mourinho para vencer al máximo rival.

Demasiadas incógnitas que se presentan en la víspera de la vendimia. Esperemos que el vino no salga picado.

Aitor Soler

miércoles, 31 de julio de 2013

Bale, ¿el nuevo Beckham?

Entramos en agosto y apenas quedan 3 semanas para que dé comienzo la competición que con tantas ganas afrontan en el el Bernabéu. Tras el despido del usurpador del trono madridista, y con las demandas piperas bien satisfechas con la "españolacización" de la plantilla, Florentino busca poner la guinda a un pastel que tiene una pinta más que apetecible. Pero no será fácil, el presidente blanco tendrá que remangarse si quiere sacar a Gareth Bale de White Hart Lane. Daniel Levy se frota las manos ante la suculenta cantidad que puede sacar por su jugador franquicia, en una operación que promete batir todos los récords. La repercusión económica del fichaje es tal que nadie aún se ha planteado si el galés es realmente tan necesario para el Real Madrid.

Isco, Di María, Özil, Kaka', Modric y como no, Cristiano, seis jugadores para a priori tres puestos, ¿o quizá no? La posibilidad de que Cristiano pase a ser el 9 del equipo comienza a ganar fuerza, posición que ya ha ocupado en escasas ocasiones, donde ofreció un gran rendimiento. Pese a sus buenos números de ariete, el portugués prefiere arrancar desde la izquierda, lugar en el que su potencia no se ve limitada por las dimensiones del área. El fichaje de Bale supondría limitar a Cristiano, un precio más caro que el propio coste que podría tener la operación.

La encarcelación de Cristiano en el área sería una alternativa para que Bale encajara en el 11, pero no la única, y es que el galés tampoco desconoce la posición de delantero centro. Pero si el Madrid quiere a Bale para jugar de 9, lugar donde realmente el equipo podría necesitar algún refuerzo, ¿no sería mejor buscar en el mercado un verdadero especialista del área, y que de paso, saliera más barato? Con Cavani y Lewandowski ya fuera de mercado, Luis Suárez parece ser el único que puede detener el fichaje del galés  por el Madrid. El uruguayo ha firmado cifras que nada tienen que envidiar a las de Bale, ha dejado claro su deseo de salir de Liverpool y el precio de su fichaje sería la mitad de costoso que el del jugador del Tottenham.

Pese a que nadie discute la calidad del galés,  son demasiadas las dudas que aparecen sobre el papel que Bale pueda desempeñar en el Madrid, y cómo puede influir su papel en otros jugadores. ¿Será Bale el futuro extremo izquierdo del Madrid que convierta a Cristiano en el gran 9 que aún desconoce ser? Muy arriesgado con la renovación del portugués en el aire. ¿Será el galés el delantero centro que sustituya a Higuaín? No parece aconsejable, ya que la disputa sin vencedor entre el Pipita y Benzema fue la causante del bajón en el rendimiento de ambos en la última temporada, y además, ¿qué pasaría con Morata? ¿Puede ser Bale el verdadero sucesor de Roberto Carlos? Parece descabellado gastarse cerca de 100 millones € en reforzar un puesto que difícilmente será decisivo, por muy bueno que sea el jugador.

Todo parece indicar que el fichaje de Bale es otro ejemplo de la polarización, no solo del fútbol español, sino mundial. Barça y Madrid se rearman con los mejores. Anteponen la calidad a la necesidad, fichar un crack es quitarle un jugador a tu máximo rival. Pero no es la primera vez que esta estrategia se da en el Bernabéu. El Madrid de los galácticos comenzó su fin siguiendo este modelo, también con el fichaje de un británico, David Beckham, que no parecía tener hueco en un equipo formado por grandes estrellas de la talla de Ronaldo, Figo, Zidane y Raúl. Al igual que ahora, nadie se imaginaba que aquel equipo dejaría de ganar. Quién sabe si se repetirá la historia...

Aitor Soler

jueves, 29 de noviembre de 2012

Que hable el fútbol

Ya se conocen los 3 finalistas al Balón de Oro, no hay sorpresas: Messi, Cristiano Ronaldo y Andrés Iniesta se disputarán el galardón de mejor jugador del año. Será la cuarta edición consecutiva en la que aparecen 2 jugadores del Barça, y la sexta en la que Messi está entre ellos. El argentino podría ser el primer jugador de la historia en acumular 4 Balones de Oro.

Con estos datos, no debería haber duda de la supremacía del argentino, pero en cambio, sí que la hay. Año a año, Messi no solo bate todos los récords posibles (e imposibles), sino que se supera a sí mismo. Tiene el don de convertir lo extraordinario en habitual. Transforma jugadas imposibles en algo cotidiano, y pese a ello, nunca deja de sorprendernos. Los récords, adjetivos o premios ya nunca estarán a la altura de su juego.

Resulta curioso que Messi haya dejado atrás tantos registros, galardones y leyendas, y se siga cayendo en el error de compararle. Cristiano Ronaldo es un magnífico jugador, pero hace tiempo que perdió la estela del argentino, y no por deméritos propios. La prensa sigue vendiendo un debate tan solo alimentado por la rivalidad entre Madrid y Barça. Curioso que el portugués acuse a la prensa de su mala imagen, cuando es la que le posiciona en la pelea por un trono que no merece disputa.

La rivalidad Madrid-Barça habla, y mientras tanto el fútbol calla. Equiparar a Ronaldo con Messi solo perjudicará al portugués. Bueno, al portugués y a Iniesta, supuestamente el tercero en discordia. Mientras sea la rivalidad la que hable, el manchego deberá permanecer callado sin aspirar a un mejor reconocimiento que hace tiempo merece. Seguro que el bueno de Andrés aceptará con gusto permanecer callado para seguir hablando en el campo.

 Aitor Soler

lunes, 8 de octubre de 2012

La historia puede esperar

Lo de "partido de leyenda" comienza a quedarse corto. La rivalidad entre Barça y Madrid va mucho más allá, y no me refiero a la política. La historia se queda pequeña para guardar todos los pequeños detalles y todos los particulares duelos que se viven en cada Clásico.

Pequeños detalles como la pillería de Messi de atrasar el balón en la falta que segundos después haría estallar al Camp Nou. Travesuras que se aprenden jugando en la calle y, que con una naturalidad pasmosa, el argentino las muestra ante los ojos de la historia, y de un público que le adora. Las reverencias a Messi sonaron mucho más que los desafortunados gritos de independencia para Cataluña. Ya nadie duda que el verdadero protagonista era el fútbol. Pobre del que parpadeara pensando en otras cosas.

No había tiempo para parpadear, detalles minúsculos se escondían en frente de nuestros ojos, como la lesión de hombro que fue la única que pudo apagar a un Cristiano Ronaldo, que volvió a brillar ante el Barça y su luz deslumbró a los defensas culés, que no encontraron manera de detenerlo. La osada chilena del portugués logró lo que los zagueros del Barça fueron incapaces de hacer previamente: anular a Cristiano.

Ambos jugadores redondearon una noche mágica. Dos futbolistas de los que siempre se habla antes del partido, y que por supuesto, siempre responden durante él, esta vez con 2 goles cada uno. Dos héroes de distinto bando, cuya lucha entre ambos se grabará con letras de oro junto a la rivalidad histórica entre Madrid y Barça. Ambos ya son parte del escudo de estos dos colosos.


Pero por difícil que parezca, la épica y constante pugna entre el portugués y el argentino no debe eclipsar las miles de historias que seguía escondiendo el Clásico. La lucha entre Messi y Ronaldo no fue la única que se vivió sobre el césped. Dos colosos no podrían estar en manos de cualquier estratega y el duelo en los banquillos también tuvo influencia en el partido, de la mano de un Tito Vilanova que buscó en los orígenes para ser más "guardiolista" que el propio Pep, tapando el agujero en defensa mediante la velocidad, Adriano  fue el elegido y el brasileño respondió. En el otro costado, un Mourinho ya liberado de sus arcaicos complejos decidió, y cerca estuvo de ganar. El portugués parece haberse dado cuenta al fin que con los buenos en el campo es más fácil plantarle cara al Barça.

Y los buenos estuvieron en el campo, y así fue, el Madrid se adelantó en el marcador. Cristiano ajustició el resultado, el Madrid estaba siendo superior de la mano sobre todo de un Khedira imperturbable en la medular. Por lo que un Busquets, herido en su orgullo, comenzó a imponer su ley y pronto Xabi Alonso y el propio alemán cayeron en los tentáculos del Pulpo de Badía. Xavi e Iniesta creyeron en la iniciativa de su compañero y el Barça comenzó a ser el Barça.

Los de Tito Vilanova dieron la vuelta al marcador gracias a un Messi, que sin tener su mejor día, volvió a marcar la diferencia. Pero el argentino no estuvo mal acompañado, Iniesta parecía flotar con el balón, mágico por momentos; la espalda de Jordi Alba se convirtió en un misterio indescifrable para los jugadores del Madrid, uno de esos detalles que se mantuvo oculto durante todo el Clásico; Pedro fue un martirio para la defensa blanca, que nunca adivinó los movimientos del canario, y Montoya estuvo a unos centímetros de recibir el mayor de los premios a su madura valentía.

Pero en la historia del Madrid no entra eso de rendirse, y cuando el Barça comenzaba a deleitar, Cristiano volvió a igualar el marcador. El portugués, al igual que Messi, estuvo bien escoltado por sus compañeros, sobre todo por Özil, cuyo físico no está a la altura de su calidad. El alemán resurgió de sus cenizas dejadas en la primera parte y firmó un segundo tiempo antológico. A ellos les acompañó un Pepe que, pese al error en el primer gol del Barça, marcó el territorio con elegancia y comienza a quitarse de encima la etiqueta que él mismo se puso.










Miles de historias que ha dejado un Clásico, una rivalidad que esconde muchos más misterios que se resolverán en el futuro, y jugadores que adelantan a sus propias leyendas. La historia debe estar impaciente, pero le queda aún mucho por esperar. Somos unos testigos muy afortunados.

Aitor Soler

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un debate caducado

Falta justo un mes para el primer Clásico de la Liga, y las primeras especulaciones sobre quien está mejor comienzan a inundar las portadas de la prensa deportiva. La confrontación de estilos se hace patente en las conversaciones que tienen lugar a la hora del desayuno en las tabernas y bares españoles. Como no puede ser de otra forma, uno de los debates que más cargado llega es el de enfrentar a los 2 estandartes de Barça y Madrid respectivamente, Messi y Cristiano Ronaldo. Ambos jugadores ponen todo su empeño en que cualquier comparación es inútil, pero parece que el público jamás se cansará de caer en el mismo error.

Cualquier aficionado al fútbol estará de acuerdo en que Cristiano Ronaldo es un jugadorazo. Indudable a la vista de cualquiera. Un jugador que ha dejado los cimientos del fútbol moderno, el prototipo perfecto de delantero. Cualidades innatas que han sabido ser tratadas para su posterior explosión fulgurante. Tremenda velocidad acompañada de la mejor de las conducciones en carrera, manejo excelente de ambas piernas, juego aéreo vigoroso, resistencia hercúlea, desborde eléctrico y potencia de disparo ilimitada. Estas son, en líneas generales, sus cualidades más destacadas. Queda claro que la totalidad de sus recursos es envidiable. El ejemplo de deportista del futuro, una simbiosis espectacular entre condiciones físicas y técnicas.

Sin embargo, Messi no se puede considerar el ejemplo de nada por el simple hecho de que es irrepetible. Los calificativos y comparaciones se quedaron atrás hace tiempo. No hay manera justa de definirlo. Solo si se es aficionado al fútbol se es capaz de advertir que el hecho de verlo jugar cada fin de semana es un acontecimiento único. Es la sorpresa constante. Inicia las jugadas como el mejor de los creadores, desborda como el mejor de los extremos, marca diferencias como el mejor de los enganches y define como el mejor de los delanteros. Fútbol en estado puro, sumado a la sencillez que destila su juego, solo comparable a la felicidad que muestra cualquier persona que disfruta practicando lo que ama.

En definitiva, ni yo mismo he podido evitar caer en el error de compararlos, pero es que es la única forma de demostrar que son incomparables. Uno de ellos ha revolucionado todo el deporte a través del fútbol, convirtiéndose en un modelo a seguir para el futuro. Mientras que el otro ha adelantado a su leyenda para escribir la historia antes de su fin, por el mero hecho de ser recordado eternamente. Porque jamás habrá nadie como él.

Aitor Soler