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viernes, 24 de octubre de 2014

Un clásico demasiado precoz para Ancelotti y Luis Enrique

Como viene siendo habitual en las últimas ediciones de la Liga, el clásico llega muy temprano al torneo de la regularidad. Barça y Madrid llegan a su enfrentamiento aleteando las alas con fuerza, pero nadie sabe aún si su vuelo es realmente estable, y todavía no han demostrado su fiabilidad ante rachas de viento imponentes. Los de Luis Enrique llegan imbatidos e invictos en la competición doméstica, pero con más dudas de las que sus extraordinarios números reflejan. El conjunto catalán sigue con buen ritmo su proceso de reconstrucción. El técnico asturiano ha sustituido la chapa y pintura que dejó su antecesor en el cargo por nuevas herramientas que el equipo llevaba pidiendo años. En pocos meses ha conseguido que la sociedad entre Neymar y Messi muestre una afinidad que parece no tener límite, una conexión que está contando en los últimos partidos con la mejor versión de Iniesta, que se ha hecho de rogar. Esta buena sintonía entre los tres tenores culés es un tremendo avance respecto a la última campaña, pero el mérito e Luis Enrique no acaba aquí.


La presión vuelve a parecerse a la poderosa arma que fue antaño, aunque con tanto desuso todavía no está totalmente afilada. Salvo las incógnitas de Douglas y Vermaelen, las caras nuevas no parecen serlo cuando juegan. Bravo ha conseguido que nadie se acuerde del mejor portero de la historia del club, y Rakitic y Mathieu ya se han ganado sus primeras grandes ovaciones en el Camp Nou. Su llegada al Barça ha sido clave para que el equipo, aún vulnerable en ese aspecto, haya dejado de temblar en todas las jugadas a balón parado. Pero no todos los nuevos rostros vienen de fuera. La cantera vuelve a ser ese tercer pulmón de aire fresco del que solo el club catalán puede disponer, Munir y Sandro han respondido a la confianza de su entrenador y ya no son ningunos desconocidos en las convocatorias del primer equipo.

Pero no todo son buenas noticias en Can Barça. Pese a su buen debe, a Luis Enrique le quedan aún varias tareas en el haber que debe resolver, y sin duda recuperar la mejor versión de Piqué es la más primordial dadas las circunstancias. El central ha ofrecido su mejor versión ante el Villarreal y el Rayo, y es urgente que la vuelva a mostrar. El catalán es el mejor capacitado para dirigir el inicio de la jugada desde la retaguardia y comandar las transiciones defensivas, pero su irregularidad sigue condenando al equipo y comienza a despertar murmullos en el Camp Nou. Su posible titularidad en el Bernabéu deberá tapar esas voces de inquietud si desea ayudar a su equipo. Su rendimiento en el clásico será el termómetro del rendimiento del equipo. Para ello, no solo deberá ocultar sus carencias, sino también las de su compañero en la banda derecha, Dani Alves, que pese a su leve mejora en ataque, sigue concediendo una autopista a los rivales por su flanco. Resulta curioso que con estos problemas, los récords que están batiendo los de Luis Enrique sean de imbatibilidad.

El Madrid, el mayor arsenal de Europa, pondrá a prueba los buenos números ligueros de este nuevo Barça. El conjunto blaugrana llega al clásico dejando grandes sensaciones en un partido entre semana por primera vez esta temporada, síntoma de que la maquinaria empieza a estar engrasada y de que el nivel físico comienza a ser el óptimo. Pero esta trayectoria ascendente nada tiene que envidiar a la de su eterno rival.

Tras un comienzo muy dubitativo y varios pinchazos en Liga, el poderío ofensivo del Madrid comenzó a sacarle las castañas del fuego al club blanco y a tapar heridas que se abrirían en canal ante los grandes si Ancelotti no ponía remedio antes, y el técnico italiano parece haberlo encontrado en su segundo año al cargo del equipo. En Anfield, por primera vez, el Madrid del italiano fue claramente superior a un rival de entidad en un escenario complicado, algo que no consiguió en ninguna de las finales aunque las ganara, y que solo dejó ver durante la Supercopa de Europa ante el Sevilla. En sus goleadas ligueras, el Madrid se había mostrado demoledor en ataque, pero no terminaba de adueñarse del partido. Ante el Liverpool, fue diferente. El Madrid estuvo imperial, no solo goleó sino que fue claro soberano del partido.


Y la entrada de Isco en el 11 ha sido el punto de inflexión decisivo en la mejoría blanca. El malagueño nunca será en el Madrid el formidable «10» que prometía ser en Málaga, pero su nueva versión viene de perlas al club de la capital. Isco no solo mejora el rendimiento colectivo de su equipo, sino también el individual de algunos compañeros, y James es el claro ejemplo de ello. El ex del Mónaco y del Oporto al fin rememora la versión que le hizo convertirse en la revelación del Mundial. El colombiano se ha liberado de las tareas defensivas que lastraban su juego y se ha destapado como un excelente pasador gracias al enorme trabajo recuperador del malagueño, que tampoco descuida su labor en ataque. Con menos alegrías que antes, el benalmadense sigue rompiendo líneas y dejando atrás rivales como solo él sabe hacer. Su conducción y pase hace aún más temible a la delantera blanca, que llega, al igual que la defensa culé, batiendo récords.

Con Isco en el campo, Benzema tiene menos rivales, más espacio y más tiempo para lanzar a Cristiano, que no necesita ni la mitad de ayuda que recibe para marcar. El portugués parece haber olvidado sus molestias en la rodilla que lastraron el final del pasado curso y el Mundial, y resulta casi inimaginable que falle ocasiones. Cada vez menos extremo, y cada vez más cerca de ser el «9» que sus condiciones permiten que sea, aunque él no lo crea. Sus registros goleadores son de otra época, seguramente futura, en la que lo normal será golear como él hace en el presente actual. Porque en el pasado no hubo nunca un goleador como él en este momento.

Pese a todo, Ancelotti tiene aún varias cuestiones que debe solucionar. El de Anfield fue un importante test superado con nota, pero aún le quedan asuntos por resolver. El técnico italiano apenas supo detener a un Messi muy deteriorado la pasada campaña, y el de este año llega rozando la excelencia futbolística. El argentino sabe como nadie atacar los espacios débiles de su rival, y coincide con su posición favorita: la espalda de los mediocentros, espacio que Modric no defiende todavía tan bien como hiciera el anterior año. Quitarle ese metro a Messi habrá sido un quebradero de cabeza para Ancelotti, al igual que para su colega Luis Enrique habrá sido imaginar como generarlo.


Porque seguramente ambos técnicos hubieran firmado que el enfrentamiento entre ambos tardara varias semanas en llegar. El clásico llega demasiado pronto para dos equipos que acaban de despegar, pero que aún no han alcanzado las máximas revoluciones, lo que provocará averías en el motor y sorpresas que ambos estrategas no se esperarán. El duelo entre los dos titanes del fútbol español llega antes de lo deseado para sus técnicos, pero entra en escena justo «en el momento dado», que diría Cruyff, para los aficionados. 

Aitor Soler

jueves, 10 de julio de 2014

Fútbol, renace de tus cenizas

Argentina y Alemania se verán las caras por tercera vez consecutiva en un Mundial. Las dos últimas ocasiones fueron en cuartos de final. Los germanos se llevaron el gato al agua en ambas ediciones, por penaltis en 2006 y por goleada en 2010. Pero esta vez serán palabras mayores, la Mannschaft y la albiceleste lucharán directamente por el cetro mundial. También por tercera vez, argentinos y alemanes se verán las caras en la final de una Copa del Mundo, como sucediera en 1986 y en 1990, ediciones en las que respectivamente Maradona y Matthäus impusieron su ley y su estilo. Casi un cuarto de siglo después del último enfrentamiento finalista entre ambas selecciones, Brasil espera la coronación del futuro Rey. El reino futbolístico aguarda la llegada de su nuevo y justo poseedor.

Solo un equipo será capaz de llevarse el trofeo a sus vitrinas. Solo una selección será capaz de sumar una estrella más sobre su pecho. Al igual que cuenta la leyenda del Rey Arturo, solo uno estaba destinado a sacar la espada Excalibur de la roca. Solo uno será digno merecedor de la Copa del Mundo. Y para ello, deberán esforzarse por merecerlo en la final del 13 de julio en Maracaná, el lugar idóneo para que el futuro campeón reconcilie a talento y fútbol, dos factores que han vivido demasiado separados este Mundial.

Pocas ediciones de la Copa del Mundo han juntado tanto talento como la de Brasil 2014. Las favoritas llegaban a la fase final de la cita mundialita acompañadas por una clase media dispuesta a dar más de un susto, y así se ha podido comprobar en el mes de competición. Pero el nivel futbolístico no ha estado a la altura de las altas expectativas que levantó la calidad reunida en Brasil. ¿Los responsables? Planteamientos dirigidos a ocultar errores propios y no a mostrar las propias virtudes. El trabajo colectivo se ha convertido en la suma de las distintas capacidades de los 11 jugadores, cuando debería ser el medio para que cada una de las diferentes capacidades de los futbolistas generasen ventajas en el partido. Ideas así han sustituido el atrevimiento por el pánico, muy contrario a lo que rezaba el espectacular anuncio de Nike previo al Mundial: Arriésgalo todo.

Este síntoma se ha ido agudizando según avanzaba el torneo. Ya que las selecciones pertenecientes a esa potente clase media han sido las más osadas. Pero son las favoritas de siempre las que han llegado a las fases finales, donde el fútbol por unas cuestiones o por otras ha brillado por su ausencia. Porque el fútbol debe ser entretenimiento y emoción. Dos factores que no han conseguido reconciliarse en estas semifinales. El 7-1 de Alemania a Brasil fue un espectáculo memorable, una exhibición nunca vista en un Mundial y que rara vez se repetirá. Pero los aficionados de la Penta-campeona no merecían ese castigo, al igual que Scolari no merecía sentarse en ese banquillo. Pero no toda la culpa debe caer sobre Felipao. Brasil siempre ha sido temida por sus delanteros y hombres ofensivos, y en este Mundial dos de sus mejores hombres formaban la pareja de centrales. Delante, solo un Neymar, una especie en vías de extinción en la cuna del fútbol. ¿Seguro que el mejor camino en el fútbol formativo es fomentar la disciplina táctica y no ayudar a brotar el talento que un país como Brasil posee casi de manera innata?

Sea como fuere, esta Seleçao ya forma parte de la historia del fútbol por ser víctima de una selección alemana que lleva años haciendo, a todos los niveles, lo que tiempo atrás seguramente hacían en Brasil. El equipo de Löw buscará terminar la página de este capítulo que con tanta calidad literaria está rellenando. En frente tendrá al combinado de Sabella, cuya calidad se sigue esperando y que en su ausencia, la sustituye un encomiable valor y esmero. Argentina y Alemania, dos selecciones que brillaron en la década de los 70, en el que cada una ganó un Mundial. Los entendidos en la materia dicen que fue en aquella década donde nació el fútbol que conocemos hoy en día. Ojalá dos de los países protagonistas de aquellos años quieran regalar a este viejo deporte la última noche memorable que merece, y la primera de una nueva y brillante era.

Aitor Soler

jueves, 10 de abril de 2014

El Atlético vence a la historia, y el Barça se reencuentra con ella

Tan cerca y a la vez tan lejos. Puede parecer un tópico (de hecho lo es), pero refleja a la perfección la derrota del Barça ante el Atlético en estos cuartos de Champions. El equipo de Martino estuvo a un gol de provocar una prórroga que seguramente hubiera cambiado el signo del partido. Pero pese a ser solo un tanto el que necesitaba, nunca dio la impresión de poder marcarlo. Y eso es lo preocupante.

Solo hubiera faltado un chispazo de sus cracks para que una jugada intrascendente se transformara en medio billete hacia las semifinales, pero sin fuego no puede haber chispa que valga. Sería muy fácil tirar de estadísticas y criticar a Messi por lo poco que ha corrido (solo 1'5 km más que Pinto), tan sencillo como analizar los deméritos del Barça, y no elogiar al Atlético. Y en ambos casos, los principales responsables son los técnicos.

El equipo del Cholo fue la pesadilla de la que el Barça lleva queriendo huir varios años, pero a la que no encuentra escapatoria posible. No pareció en ningún momento que fuera el Atlético el que llevara 40 años sin disputar unas semifinales de Champions. Ni la historia ni la calidad de los jugadores del Barça pudo frenar la voraz competitividad que posee el equipo colchonero. 

Virtud de unos, y defecto de otros. Los parches de Martino fueron útiles en otras citas importantes de la temporada, pero los remedios del técnico argentino no han servido para detener completamente la hemorragia. No hay innovación en un estilo que merece tanta fidelidad como nuevas pinceladas que le permitan volver a ser competitivo en Europa. No se trata de cambiar de forma drástica la manera de jugar, pero el Barça de Guardiola nunca jugó igual cada año (ni cada partido). El Barça del Tata sí lo hace.

Los pequeños retoques que Pep iba dando a su equipo permitieron a aquel Barça ser competitivo siempre, partido a partido, al igual que este Atlético. Tan opuesto en estilo y tan semejante en filosofía de trabajo. Ahora, tras caer en Champions por tercer año consecutivo, y aunque ganen los dos títulos por los que aún pelean, el Barça deberá hacer en un verano (si le dejan) lo que no ha hecho en varios años.

Esta vez la Capilla Sixtina del fútbol no necesita una nueva capa de pintura, una labor en la que el Tata Martino hubiera cumplido de sobra si ese hubiera sido su cometido. Pero no, la misión que debe afrontar el Barça ahora es construir una nueva obra sobre unos cimientos que siguen siendo firmes. "Solo" necesita un artista que sepa utilizar los pinceles y las brochas de manera adecuada. Aunque quién sabe, siendo el fútbol tan cíclico como el arte. Quizá el Renacimiento haya acabado su época gloriosa. Y sea la hora del Barroco. 

Aitor Soler

lunes, 24 de marzo de 2014

Iniesta y Messi asaltan el Bernabéu y animan la Liga

Ambos equipos anclaron los complejos que les atenazaron en los clásicos pasados y esta vez sí hicieron honor al sobrenombre de “partido del siglo”. El Barça y el Madrid regalaron a los aficionados un partido intenso. El Bernabéu se convirtió en el ring de batalla entre dos colosos de puños de acero, pero con mandíbula de cristal.

El Barça se reencontró con la seguridad que perdió en los últimos duelos ante su máximo rival. El equipo de Gerardo Martino volvió a confirmar su fiabilidad cuando la exigencia de la cita lo requiere. Todo lo contrario que el Madrid de Ancelotti, que no ha sido capaz de vencer en Liga a sus dos rivales por el título.

El clásico comenzó eléctrico y vibrante. El Tata, de nuevo en su estilo más guardiolista, volvió a encomandarse a los jugones para asaltar el templo madridista. No le salió mal su apuesta, ya que Iniesta adelantó a su equipo cuando aún no se había cumplido ni un cuarto de hora. Esta vez su gol no fue el premio a su excelente partido. El tanto del manchego fue la punta del iceberg de la memorable actuación que firmó el de Fuentealbilla.

Iniesta se vistió de gala con su mejor juego para la gran noche del fútbol español, pero fue un compañero suyo quien se convirtió en la estrella de la alfombra verde del Bernabéu. Leo Messi acudió al protagonismo que se le exigía, tras unas semanas en las que su rendimiento se había puesto en duda. El argentino se convirtió en el máximo goleador histórico de los clásicos. En un duelo directo ante su máximo rival, la pulga recuperó el trono que Cristiano Ronaldo había ocupado en los últimos enfrentamientos entre ambos. 

Messi firmó un hat-trick por segunda jornada consecutiva, y acudió a la ayuda de su equipo cuando más lo necesitaba. El argentino disipó cualquier duda posible en un escenario donde solo brillan los elegidos.

Porque el Bernabéu no era una plaza fácil. El Madrid de Ancelotti fue un miura que presentó batalla hasta el final. Hasta la aparición de Messi, otro argentino estaba siendo el protagonista del partido. Di María despertó a su equipo, que hizo honor a su leyenda. La entrega del fideo rompió el embrujo somnoliento de Iniesta, y el Madrid embistió con tanta fuerza que apunto estuvo de tumbar al Barça.

Solo Piqué parecía mostrar seguridad en una defensa que temblaba ante las galopadas de los atacantes del Madrid. El central catalán volvió a mostrar su mejor cara de nuevo en un partido clave. Su temple a la hora de sacar el balón y la forma de comandar los pocos buenos repliegues que ejecutó su equipo mantuvieron con vida al Barça en el partido. Porque el equipo del Tata estuvo cerca de besar la lona, pero la aparición de Messi y la justa expulsión de Ramos hicieron al Barça recuperar la fe en su juego, y en la Liga.

Neymar y Bale siguen sin brillar

Es en los clásicos y en los grandes partidos donde los grandes jugadores se doctoran. Galés y brasileño, las dos inversiones más faraónicas en la historia del fútbol, estuvieron a la sombra en un duelo donde los focos les apuntaban.

Bale dio muestras de su tremenda potencia, y por momentos el Barça no parecía encontrar forma de detenerle. Pero el expreso de Cardiff se quedó sin carburante y su papel en el clásico se quedó en un mano a mano que salvó Valdés y en alguna de sus punzantes galopadas.

El ex del Santos por su parte no brilló ni la mitad que en el partido de la primera vuelta. Neymar sigue sin ser ese crack que apuntaba ser en el comienzo liguero. Pese a ello, dio una asistencia y provocó un penalti. Partido gris del brasileño, pero eficaz.

Aitor Soler

sábado, 22 de marzo de 2014

Neymar y Barça, vidas paralelas

El buen momento de forma de Pedro y Alexis parecía indicar que canario y tocopillano lucharían por una plaza en el 11 del Clásico. El bajo rendimiento de Neymar en las últimas semanas abría las puertas de la titularidad a sus dos compañeros de cara al partido ante el Madrid. Unas puertas que su técnico se ha encargado de cerrar. "Voy a intentar que no se crea que es un jugador más, porque no lo es", afirmó el Tata Martino sobre Neymar. El argentino se deshizo en elogios hacia el brasileño, halagos que señalan la senda de la titularidad para el ex del Santos.

Todo indica que el Madrid pondrá a prueba no solo a Neymar, sino también a la colosal y confusa inversión que realizó el Barça por él. El brasileño, al igual que su equipo, tendrá mucho que ganar en el Clásico si sale victorioso, pero mucho más que perder si su actuación no es la esperada. La victoria del conjunto catalán, pese a no colocarle líder, supondría un golpe moral al Madrid de Ancelotti, que de momento no ha podido demostrar su mejor forma en las grandes noches.

En frente tendrá un Barça irregular fuera de su estadio, aunque al contrario que su máximo rival, fiable cuando es una cita de gala. Una fiabilidad no brillante, pero sí competente, y que le ha llevado a ganar la Supercopa ante el Atlético, a llegar a cuartos de final de la Champions siendo muy superior al City o a vencer al Madrid en el Clásico de la primera vuelta. Partidos en los que Neymar, al igual que su equipo, no maravilló, pero en los que sus goles y asistencias fueron factores decisivos para que el Barça consiguiera la victoria.

Tanto jugador como club comenzaron la temporada de forma pareja. Daban pinceladas de lo que en un futuro podría ser una gran obra que de momento los aficionados siguen esperando. Neymar era el termómetro del rendimiento de su equipo. Si el Barça estaba cómodo, el brasileño era decisivo y sus actuaciones convencían y desataban algunos "¡oh!" en la grada, pero si el equipo del Tata perdía, el joven futbolista no era capaz de ser ese jugador determinante que rompiera el guion del partido.

El Clásico del Bernabéu no solo marcará el devenir de la Liga para el Madrid, y sobre todo, para el Barça. Si como todo apunta, Neymar es titular, su actuación en el partido puede marcar su futuro como jugador blaugrana. La inversión que el club catalán hizo no es por un "jugador  más", como diría el Tata, es por un jugador que pese a su juventud, puede asumir galones por su talento, algo que ya ha hecho en más de una ocasión cuando el viento era favorable. El ambiente hostil del Bernabéu no será una brisa precisamente, y será entonces cuando Neymar decida: ¿Esperar que se detenga la tempestad o cambiar el rumbo del partido?

Aitor Soler

lunes, 17 de marzo de 2014

Manel Montilla: "Ahora cualquiera puede ser fotógrafo"

Entrevista a Manel Montilla Fotoperiodista de Mundo Deportivo


Trabaja como fotógrafo en el decano de la prensa deportiva española, y con su cámara ha inmortalizado al mejor Barça de la historia y ha retratado a algunos de los deportistas más reputados de la última década, como Juan Carlos Navarro, Gerard Piqué o Marc Márquez. Manel Montilla (Barcelona, 1971) lleva desde febrero de 1991 trabajando para Mundo Deportivo, labor que compagina con la enseñanza, ya que es profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) del Master de Fotoperiodismo. Una vocación docente que va más allá de las aulas y llega hasta internet, donde comparte sus trabajos con la intención de mostrar los entresijos de su profesión a los que como él, son amantes de la fotografía.

¿Qué le aporta compartir sus fotografías en las redes sociales?

Me gusta compartir las fotos porque tengo un espíritu didáctico, me gusta enseñar y compartir mi trabajo con la gente a la que le gusta la fotografía. No veo mal que el fotógrafo tenga su propio blog. Es una manera más de explicar qué haces y cómo lo haces. Al igual que un pintor hace exposiciones, puedes aprovechar internet para exponer tu trabajo.

Pero existe el dilema entre exponer tu trabajo gratuitamente o no hacerlo para que así la gente que esté interesada en ver tus fotografías, compre el periódico…

Es un dilema que estamos teniendo ahora en estos años por el trasvase del formato papel al servicio digital. Hay que saber revertir tus publicaciones en internet en algo provechoso para el medio en el que trabajas. Si yo pongo en Twitter una foto mía acostumbro a poner siempre @MundoDeportivo o un link de la página que te envíe al diario, y esos clicks más vienen muy bien al medio online. Twitter debe ir más allá de lo personal, hay que hacerlo partícipe de que trabajas en un determinado medio, en mi caso en Mundo Deportivo, y Mundo Deportivo debe sacar provecho de que yo tenga Twitter. Siempre que publico algo en las redes sociales, intento citar al medio donde trabajo, por ejemplo cuando comparto una galería o una portada, esta propaganda le viene muy bien a la empresa donde trabajas.

¿Y esta propaganda afecta a su independencia como fotoperiodista?

Hay fotos periodísticamente que son muy buenas, pero que no pueden ser publicadas por la línea editorial del periódico en el que trabajas. Mundo Deportivo es un diario barcelonista y por muy buenas que sean algunas fotos, no las puede publicar en portada, mientras que a un diario generalista o más neutral no le importaría publicar una imagen de un jugador lamentándose en el suelo. Por ejemplo, Messi tirándose del pelo porque el Barça ha perdido, artísticamente para mí sería una muy buena foto, pero seguro que no sería portada de Mundo Deportivo, porque el diario no querría meter a Messi en portada lamentándose porque sería como una crítica subliminal.

¿Entonces la línea editorial de un medio se puede vislumbrar en una imagen sin tener que leer el texto que le acompaña?

Exacto. Por ejemplo, si yo pillara a Víctor Valdés circulando en moto, periodísticamente sería una foto muy buena porque los jugadores tienen prohibido usar ese vehículo, pero en el diario seguramente no la publicarían. Sería pegarle un palo al jugador, y Mundo Deportivo no me compraría la foto.

En ese caso, ¿preferiría trabajar en otro medio que te garantizara mayor independencia?

No, yo estoy muy contento en Mundo Deportivo, y cada medio tiene sus propias restricciones dentro de su línea editorial. Es difícil ser neutral cuando trabajas en un medio.

Y dentro de ese medio, ¿cómo es el trabajo de un fotógrafo cuando ha de cubrir un determinado evento deportivo?

Normalmente vamos entre tres y cinco fotógrafos, depende del evento, y nos organizamos para tener todos los ángulos cubiertos y así sacar las mejores fotos posibles. En mi caso, en Mundo Deportivo, debemos mandar las fotos a la media parte. En las agencias o en otros medios, el método de trabajo puede ser distinto y te obligan a mandar fotos durante el transcurso del partido.

¿Y puede llegar a pesar en algún momento la obligación o el estrés de tener que captar imágenes de calidad durante un tiempo limitado? 

Ese estrés va desapareciendo con la experiencia y con la seguridad que sumas con el paso del tiempo. Es parecido a conducir, al principio siempre hay nervios y has de pensar dónde cambiar de marcha, y cuando ya llevas un tiempo conduciendo, trasciendes de los mandos del coche y lo haces de manera automática. Hacer fotos es lo mismo, cuando empiezas te preocupas por la luz o por el enfoque, y luego ya lo haces de manera instintiva. Al principio te domina la cámara a ti, pero lo importante es que tú domines a la cámara.

Y cuándo ya tiene hechas sus fotos, ¿cómo es el proceso de selección y complementación con el texto? ¿La rivalidad entre periodistas y fotógrafos existe o es un mito?

Existe y suele cuando has de escoger una foto para una noticia o artículo. Igual tú tienes una idea en mente y valoras aspectos de la foto que el periodista no conoce, y al final la foto que se publica no es la mejor. Son circunstancias que se dan más en los diarios deportivos, donde se publican muchas más fotografías de un mismo partido que en un medio generalista.

¿Esa rivalidad puede ser también un problema añadido más allá del contenido, es decir, a la hora de maquetar y diseñar la página?

El diseño es fundamental. Aunque las fotos sean buenas, si la edición no es buena, el producto se ve afectado. Por eso es importante saber qué imágenes son buenas y merecen ser publicadas, y para saber escoger es necesaria una buena edición, tanto para el papel como para las galerías que hacemos en la web. La figura del editor es muy importante dentro de la redacción, los directores deberían invertir más en potenciar esa tarea, y lamentablemente es la que más está desapareciendo debido a la crisis. Ahora los redactores maquetan su propia página, y no todos valen para esa función. La celeridad y las prisas en el periodismo son factores que pueden hacer que no escojas la foto idónea para una compaginación que pide otro tipo de imagen.

Y más allá de la figura del editor que se ha visto como la gran perjudicada por la crisis en el periodismo, ¿cómo ha afectado la mala situación económica a su trabajo como fotógrafo?

Hemos entrado en un área digital, donde la rapidez en el envío de las fotos tiene más importancia que su calidad. Esta inmediatez hace que hagamos fotos vulgares, que no son fotos, son documentos instantáneos. Por ejemplo, cuando tengo que cubrir una salida del Barça, y he de fotografiar a los jugadores saliendo del avión y mandar la foto lo antes posible a la redacción, poco importa si la cámara es profesional o es la de un móvil. Y el producto es peor. Hoy en día todo el mundo puede ser fotógrafo. Cualquiera que tenga un móvil, tiene una cámara en las manos. Antes, un redactor sin medios no podría serlo, porque tenía que revelar el carrete, tenía que escanearlo y tenía que mandar la foto a la redacción. Ahora desde el móvil la puedes enviar, seas periodista, aficionado o jugador.

Hablando de los jugadores, ¿cómo es la relación de un fotógrafo con los deportistas? ¿Se ha visto afectada esa relación por el impacto de las redes sociales sobre los jugadores? 

El uso de las redes sociales por parte de los futbolistas ha afectado muchísimo a la fotografía. Tú haces fotos de ellos subiendo al avión cuando viajan o entrenando, y luego ellos publican sus propias fotos dentro del vestuario, imágenes que tienen mucho valor para los diarios, que las publican sin ningún problema. Es un factor que nos ha perjudicado, porque ellos se han convertido también en fotógrafos. Es un mercado que está ahí y los medios lo aprovechan. Además, antes los jugadores eran mucho más accesibles, yo no lo he vivido pero algunos compañeros me han contado que podían entrar en los vestuarios y hablar con los jugadores, pactar fotos con ellos para alguna entrevista, etc. Los medios se han multiplicado y ya no existe ese contacto tan cercano que existía hace 20-30 años.

Pero ese contacto sigue existiendo a la hora de hacer retratos a los jugadores, y es necesario para publicar otros géneros como la entrevista o el reportaje. ¿Cómo es el trabajo cuando se ha de retratar a un deportista?

Cuando vas a hacer una entrevista a un deportista muy importante, hay que tener muy claro qué quieres hacer, cómo lo quieres hacer y con qué lo quieres hacer, porque tienes dos minutos para fotografiarle y no puedes fallar. Igual quieres que el protagonista se ponga un gorro, y él no está por la labor, y en ese momento tienes que improvisar y hacer otra foto que sea tan publicable como la que tenías pensada anteriormente.

La foto más especial de Manel Montilla
Portada Mundo Deportivo 18/12/2006
Y en cuanto a fotos publicables, ¿se siente orgulloso de alguna fotografía en especial suya que haya sido publicada?

Sí, una que siempre recuerdo y que tuvo un gran impacto periodístico en su día. Para que una foto tenga ese impacto y sea buena es básico que explique lo que ha pasado. Se trata de una foto que hice en el Mundial de clubes disputado en Yokohama (Japón) en la temporada 2006/2007 durante la última etapa de Rijkaard. Capté a un niño japonés ataviado con una bufanda del Barça llorando tras la derrota del equipo en la final, y fue portada del diario al día siguiente. Su retrato fue la imagen elegida para la portada de aquel día, por delante de otras fotos que reflejaban alguna acción o lance del partido, por lo que tengo un gran recuerdo de esa foto.

Y más allá de las fotos, ¿hay algún evento deportivo que haya cubierto que lo recuerde con especial ilusión?

Sí, la final de la Champions League disputada Wembley que ganó el Barça en 2011. Tuve la suerte de que Messi celebró el gol corriendo hacia mi posición, y pude hacer buenas fotos.

Entonces para ser fotógrafo se necesita algo más que experiencia y una buena cámara, ¿no? También es necesaria la suerte…

Sí, la suerte es un factor muy importante en mi trabajo. Yo siempre hago la comparación entre un fotógrafo y un delantero. El delantero puede ser muy bueno y marcar muchos goles, pero también necesita suerte para que le llegue el balón, y debe de estar atento cuando le llegue. A los fotógrafos nos pasa lo mismo. Si no estoy concentrado o no estoy al loro con lo que está pasando, cuando llegue esa acción no la voy a poder fotografiar. La suerte es un componente importante, pero hay que buscarla.

Y en caso de buscar, pero no encontrar esa suerte, ¿cree que es bueno el uso de programas de manipulación de la imagen como el Photoshop para intentar mejorar la calidad de la fotografía?

El Photoshop tiene que ser una herramienta secundaria. Cuanto más conocimiento tenga el fotógrafo sobre este programa, peor, ya que tendrá un arma de saber cambiar muchas cosas de la imagen, y lo mejor es no cambiarla. Lo único imprescindible es controlar la edición y corrección de pequeños errores, pero no hasta el punto de manipular la realidad.

Y hablando de la realidad, ¿cuál es la realidad futura de su profesión? ¿Tiene vida la fotografía más allá del papel, es decir, en una plataforma online?

Habría que reducir los costes, pero la fotografía también tiene hueco en la red. Si un determinado medio quiere hacer un seguimiento a un equipo, necesitará fotógrafos para sus galerías de imágenes y archivos. La figura del fotógrafo, sea digital o en papel, no tiene por qué desaparecer, aunque quizá sea menos gente la que se ocupe del sector gráfico. Cuando reduces los costes, provocas que sea tu propio redactor el que haga las fotos con su móvil, pero estas rebajas en la inversión por parte de los medios no solo afecta a los fotógrafos, también a los periodistas.

Aitor Soler

domingo, 27 de octubre de 2013

Tata Martino, el valiente

Se cumplen hoy 8 meses de aquel fatídico 27 de febrero para el barcelonismo. El Madrid asaltó el Camp Nou en las semis de Copa. El equipo por aquel entonces de Mourinho endosó un 1-3 a su máximo rival, que en ningún momento fue capaz de desarbolar la defensa numantina plantada por el técnico portugués. Ramos, Varane, Khedira y Alonso enjaularon a Messi, y el Barça no pudo liberarlo, ni tampoco detener las letales contras blancas. El Madrid daba un golpe sobre la mesa y rompía el equilibrio que él mismo construyó. El equipo blanco cambiaba la tendencia, al menos en duelos directos, y mostraba las carencias de un estilo que tras 4 años de gloria, pedía un cambio. El Barça necesitaba dejar de ser previsible. 

Ocho meses después y tras 5 Clásicos sin poder ganar a su máximo rival, el Barça demostró ayer que ese cambio ha llegado, o que como mínimo, su transición va por el buen camino. El equipo del Tata no es tan brillante como el de Guardiola, ¿pero acaso se ha vuelto a construir una nueva Capilla Sixtina? Las grandes obras son inimitables. El Barça de Martino ha recuperado la competitividad que perdió a lo largo del curso pasado. No enamora en las grandes citas, pero de momento tampoco falla, simplemente convence. La posesión vuelve a ser un camino, y no el fin en el que se convirtió el pasado año. Pero ahora no existe solo la posesión, los caminos se han multiplicado.

Como todo aquel que se atreve a cambiar el orden establecido, Martino está siendo más atacado que halagado. Cuando un estilo se transforma en costumbre, se hace vulnerable, y el técnico argentino se ha atrevido a detectarlo. Consciente de las limitaciones físicas de su equipo, el Tata decide replegar. ¿Por qué poner toda la carne en el asador cuando se va por delante en el marcador? Esa ambición desmedida ya le jugó una mala pasada ante el Sevilla. No es la primera vez que el Barça esta temporada muestra una defensa replegada en su propio estadio. Con Piqué al mando, el Barça sufrió mucho menos de lo que suele sufrir ante su máximo rival. Y dónde no llegaba Piqué, llegó Valdés, que quiere despedirse del Camp Nou a lo grande.

La defensa replegada no solo sirve para ganar seguridad defensiva, sino que también otorga verticalidad a la hora de atacar. Sabedor el Tata de las características de sus jugadores, la entrada de Alexis no solo supuso un plus a la hora de defender la banda de Cristiano y Marcelo, sino también la amenaza de un velocista a la contra. El chileno hace tiempo que cumple de forma notable su papel en estático, pero su juego se libera cuando ve espacio para correr. Martino no está dispuesto a que un estilo sacrifique el talento de algunos de sus jugadores. El mismo estilo de juego estaba limitando el tremendo potencial de la plantilla culé, y el golazo de Alexis le dio la razón al técnico argentino. El Tata no solo ganó ayer su primer Clásico, también tumbó el mito de la Messi-dependencia.

Resulta complicado no depender del mejor jugador del mundo. ¿Acaso los Bulls de los 90 no dependían de Jordan? ¿O el Brasil de los 70 no necesitaba la calidad y los goles de Pelé? El Madrid consiguió neutralizar a Messi el pasado año, y con ello a todo el equipo. Los balones que le servían Xavi e Iniesta acababan en la defensa blanca. Ayer Ancelotti intentó lo mismo poniendo a Ramos de mediocentro. Fue ahí cuando Martino decidió alejar a Messi del área. Pese a no jugar en la posición que le ha convertido en el mejor de la historia (ni en su mejor momento de forma), Messi entendió magistralmente su papel, facilitó el trabajo a Xavi e Iniesta y se hartó de recuperar balones, factor que sirvió de estímulo a todo el equipo. ¿Mal partido del argentino? Sin duda no fue su mejor Clásico, pero si llega a marcar la clara ocasión que tuvo con 1-0, la percepción sería muy distinta.

Una percepción que también deja en mal lugar al Tata cuando se le compara con Guardiola. El día que muchos comprendan que ese equipo es irrepetible, sabrán apreciar la realidad de forma más acertada. Martino ha cogido y respetado su legado, aunque muchos se empeñen en que cambiar a Song por Iniesta sea traicionar un estilo. ¿Y cómo llamamos lo que hacía Guardiola con su admirado Keita? Martino, como entrenador del Barça que es, está haciendo lo que muchos pedían hace 8 meses: cambios. Lo de ayer no será suficiente para recuperar la hegemonía perdida, pero sin duda es un primer paso muy bien dado.

Aitor Soler

sábado, 26 de octubre de 2013

El Clásico de las incógnitas

El Clásico del fútbol ya ha llegado, y como el buen vino, su sabor mejora año tras año. Nuestro paladar futbolístico volverá a disfrutar del mejor fútbol del mundo. Temporada tras temporada, las plantillas de Barça y Madrid crecen en talento. Sus variantes de recursos rompen límites año tras año, y sus dos máximas estrellas dejaron hace tiempo de destrozar récords, para crear los suyos propios. Pero pese a la buena calidad de la uva, la vendimia no llega en el mejor momento.

Barça y Madrid se verán las caras en un partido que llega demasiado pronto para ambos. Los hombres del Tata parecían imparables hasta hace una semana, pero 2 pinchazos consecutivos han hecho saltar las alarmas del derrotismo culé. No obstante, Gerardo Martino, que ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de hacer auto-crítica, no mostró ningún signo de preocupación cuando le preguntaron por el bajón del equipo, declive que se ve reflejado en la presión del equipo sobre la salida del rival, inexistente en los últimos partidos.

El Tata ya lo avisó a finales de agosto, nada más ganar la Supercopa ante el Atlético: "No tenemos tiempo para entrenar físico en los entrenamientos, dudo que podamos hacer la presión en todos los partidos". ¿Volveremos a ver al Barça de la presión feroz sobre el rival? Con las pilas cargadas, los de Martino pueden volver a ser la apisonadora que eran hace tan solo unos días.

¿Y cómo puede escapar el Madrid de esa apisonadora? Recursos tiene de sobra, solo queda que Ancelotti los sepa encajar, labor en la que parece haber avanzado más en los dos últimos partidos que en los dos meses de competición. Ante Málaga y Juventus, se pudo ver un Madrid más versátil, cómodo a la hora de atacar tanto en estático como al espacio, alternando el pase corto con el juego en largo, alternancia que puede desactivar la presión del Barça, pero también potenciarla.

Pese a la mejora, el Madrid parece haber perdido ese instinto asesino con el que ha dominado al Barça en los últimos clásicos. Quién sabe si la versatilidad de Ancelotti es mejor que la especialidad contra-golpeadora de Mourinho para vencer al máximo rival.

Demasiadas incógnitas que se presentan en la víspera de la vendimia. Esperemos que el vino no salga picado.

Aitor Soler

domingo, 26 de mayo de 2013

Una sonrisa necesaria

Neymar ya es oficialmente nuevo jugador del Barça. El culebrón se acaba y Messi tendrá un acompañante de lujo en una delantera que está destinada a marcar época. Nadie duda del talento de Neymar, el brasileño es el representante de la generación post-Messi. Una nueva oleada de enormes futbolistas viene pisando fuerte, y el Barça no ha dudado en atar a uno de sus máximos exponentes para mantener su hegemonía intacta. Pero pese a los diversos factores que avalan su fichaje, las dudas no han tardado en salir a la luz. El fantasma del caso Robinho sigue deambulando por la mente de todos los aficionados al fútbol. Y por si fuera poco, la difícil convivencia de dos gallos en un mismo corral sigue alimentando las dudas sobre el futuro rendimiento de Neymar en el Camp Nou. Pero no todos los factores generan dudas, hay motivos de sobra que invitan de lleno al optimismo. 

Y es que casos como el de Robinho, de estrellas emergentes del fútbol brasileño que acaban en fraude, se han dado únicamente en casos desesperados, donde los equipos daban todos los galones a jóvenes cracks que acababan devorados por la presión. Neymar llega a un equipo totalmente jerarquizado y en un clima idóneo para su adaptación al fútbol europeo. El brasileño estará acompañado de los mejores jugadores del mundo, será como un Máster para un becario más que prometedor, que deberá convertirse en redactor jefe en unos meses.

En su camino de aprendizaje, el brasileño tendrá como maestros a Messi, Iniesta y compañía. El temor a una mala convivencia es inexistente, plantilla, cuerpo técnico y junta avalan su fichaje, y Neymar se ha cansado de expresar su admiración hacia las estrellas azulgranas en los últimos años, donde los piropos han cruzado en numerosas ocasiones el Atlántico. Pese a que las salidas de Eto'o e Ibrahimovic son precedentes negativos, el fichaje de Neymar lleva gestándose casi 2 años, el tiempo suficiente para prevenir cualquier error. Neymar sabe a qué club llega, y el Barça sabe a qué jugador contrata.

Y por si a alguien aún le quedan dudas sobre su juego, el brasileño es el estilo de jugador que lleva pidiendo a gritos el equipo azulgrana en estas últimas temporadas. Messi no puede ser el único que tome responsabilidades a la hora de desequilibrar, y pese a que ha tardado en llegar, su socio al fin ha llegado. Neymar aporta un desequilibrio que ningún otro jugador en el mercado ofrece. El carioca es de los pocos jugadores que siguen manteniendo con vida el arte del regate, y el único (junto a Messi) capacitado para desbordar en estático. Pero que el regate no eclipse el resto de sus virtudes, donde se incluye por supuesto el gol. Hasta su salto a Europa, Neymar ha marcado 172 goles en 278 partidos, números estratosféricos para un chaval de 21 años.

¿Aspectos negativos? Sí, que tocará esperar varios meses a su debut. El Camp Nou, dolido por haber sido derrocado por el Allianz Arena como capital europea del fútbol, espera ansioso la llegada de un nuevo ídolo. Hace una década, cuando el Camp Nou vivía bajo una tempestad eterna, un brasileño sonriente y bailarín cambió la dinámica de un equipo. Diez años más tarde, al motor azulgrana le quedan aún muchos kilómetros por recorrer, y un nuevo alegre carioca llega para dar al chasis culé la capa de pintura que tanto necesita. La Capilla Sixtina del fútbol comienza su restauración.

Aitor Soler

jueves, 29 de noviembre de 2012

Que hable el fútbol

Ya se conocen los 3 finalistas al Balón de Oro, no hay sorpresas: Messi, Cristiano Ronaldo y Andrés Iniesta se disputarán el galardón de mejor jugador del año. Será la cuarta edición consecutiva en la que aparecen 2 jugadores del Barça, y la sexta en la que Messi está entre ellos. El argentino podría ser el primer jugador de la historia en acumular 4 Balones de Oro.

Con estos datos, no debería haber duda de la supremacía del argentino, pero en cambio, sí que la hay. Año a año, Messi no solo bate todos los récords posibles (e imposibles), sino que se supera a sí mismo. Tiene el don de convertir lo extraordinario en habitual. Transforma jugadas imposibles en algo cotidiano, y pese a ello, nunca deja de sorprendernos. Los récords, adjetivos o premios ya nunca estarán a la altura de su juego.

Resulta curioso que Messi haya dejado atrás tantos registros, galardones y leyendas, y se siga cayendo en el error de compararle. Cristiano Ronaldo es un magnífico jugador, pero hace tiempo que perdió la estela del argentino, y no por deméritos propios. La prensa sigue vendiendo un debate tan solo alimentado por la rivalidad entre Madrid y Barça. Curioso que el portugués acuse a la prensa de su mala imagen, cuando es la que le posiciona en la pelea por un trono que no merece disputa.

La rivalidad Madrid-Barça habla, y mientras tanto el fútbol calla. Equiparar a Ronaldo con Messi solo perjudicará al portugués. Bueno, al portugués y a Iniesta, supuestamente el tercero en discordia. Mientras sea la rivalidad la que hable, el manchego deberá permanecer callado sin aspirar a un mejor reconocimiento que hace tiempo merece. Seguro que el bueno de Andrés aceptará con gusto permanecer callado para seguir hablando en el campo.

 Aitor Soler

lunes, 8 de octubre de 2012

La historia puede esperar

Lo de "partido de leyenda" comienza a quedarse corto. La rivalidad entre Barça y Madrid va mucho más allá, y no me refiero a la política. La historia se queda pequeña para guardar todos los pequeños detalles y todos los particulares duelos que se viven en cada Clásico.

Pequeños detalles como la pillería de Messi de atrasar el balón en la falta que segundos después haría estallar al Camp Nou. Travesuras que se aprenden jugando en la calle y, que con una naturalidad pasmosa, el argentino las muestra ante los ojos de la historia, y de un público que le adora. Las reverencias a Messi sonaron mucho más que los desafortunados gritos de independencia para Cataluña. Ya nadie duda que el verdadero protagonista era el fútbol. Pobre del que parpadeara pensando en otras cosas.

No había tiempo para parpadear, detalles minúsculos se escondían en frente de nuestros ojos, como la lesión de hombro que fue la única que pudo apagar a un Cristiano Ronaldo, que volvió a brillar ante el Barça y su luz deslumbró a los defensas culés, que no encontraron manera de detenerlo. La osada chilena del portugués logró lo que los zagueros del Barça fueron incapaces de hacer previamente: anular a Cristiano.

Ambos jugadores redondearon una noche mágica. Dos futbolistas de los que siempre se habla antes del partido, y que por supuesto, siempre responden durante él, esta vez con 2 goles cada uno. Dos héroes de distinto bando, cuya lucha entre ambos se grabará con letras de oro junto a la rivalidad histórica entre Madrid y Barça. Ambos ya son parte del escudo de estos dos colosos.


Pero por difícil que parezca, la épica y constante pugna entre el portugués y el argentino no debe eclipsar las miles de historias que seguía escondiendo el Clásico. La lucha entre Messi y Ronaldo no fue la única que se vivió sobre el césped. Dos colosos no podrían estar en manos de cualquier estratega y el duelo en los banquillos también tuvo influencia en el partido, de la mano de un Tito Vilanova que buscó en los orígenes para ser más "guardiolista" que el propio Pep, tapando el agujero en defensa mediante la velocidad, Adriano  fue el elegido y el brasileño respondió. En el otro costado, un Mourinho ya liberado de sus arcaicos complejos decidió, y cerca estuvo de ganar. El portugués parece haberse dado cuenta al fin que con los buenos en el campo es más fácil plantarle cara al Barça.

Y los buenos estuvieron en el campo, y así fue, el Madrid se adelantó en el marcador. Cristiano ajustició el resultado, el Madrid estaba siendo superior de la mano sobre todo de un Khedira imperturbable en la medular. Por lo que un Busquets, herido en su orgullo, comenzó a imponer su ley y pronto Xabi Alonso y el propio alemán cayeron en los tentáculos del Pulpo de Badía. Xavi e Iniesta creyeron en la iniciativa de su compañero y el Barça comenzó a ser el Barça.

Los de Tito Vilanova dieron la vuelta al marcador gracias a un Messi, que sin tener su mejor día, volvió a marcar la diferencia. Pero el argentino no estuvo mal acompañado, Iniesta parecía flotar con el balón, mágico por momentos; la espalda de Jordi Alba se convirtió en un misterio indescifrable para los jugadores del Madrid, uno de esos detalles que se mantuvo oculto durante todo el Clásico; Pedro fue un martirio para la defensa blanca, que nunca adivinó los movimientos del canario, y Montoya estuvo a unos centímetros de recibir el mayor de los premios a su madura valentía.

Pero en la historia del Madrid no entra eso de rendirse, y cuando el Barça comenzaba a deleitar, Cristiano volvió a igualar el marcador. El portugués, al igual que Messi, estuvo bien escoltado por sus compañeros, sobre todo por Özil, cuyo físico no está a la altura de su calidad. El alemán resurgió de sus cenizas dejadas en la primera parte y firmó un segundo tiempo antológico. A ellos les acompañó un Pepe que, pese al error en el primer gol del Barça, marcó el territorio con elegancia y comienza a quitarse de encima la etiqueta que él mismo se puso.










Miles de historias que ha dejado un Clásico, una rivalidad que esconde muchos más misterios que se resolverán en el futuro, y jugadores que adelantan a sus propias leyendas. La historia debe estar impaciente, pero le queda aún mucho por esperar. Somos unos testigos muy afortunados.

Aitor Soler

martes, 21 de febrero de 2012

El río que no cesa

El gol de Piatti fue la gota que colmó el vaso. Pero ese vaso no contenía agua simplemente. Al derramarse, un violento y bello torrente se desató. Tal vez, las dudas sobre el estado de forma del equipo, y sobre todo, acerca del futuro de su entrenador, contribuyeron más que cualquier otro factor a liberar al Barça de sus ataduras. Esa desconfianza, convertida en motivación, derribó los diques que obstruían la fluidez del torrente azulgrana. El hasta hace unos días discontinuo arroyo, arroyó sin piedad al Valencia.

El juego del Barça podría compararse al transcurso de un río. Cerca del mes de febrero de cada temporada, como si el cauce del rumbo disminuyera, el ritmo y la fluidez de circulación de pelota decae de manera considerable. Por lo que la temible corriente se transforma en un débil riachuelo. Esta constante, pero de momento controlada, decadencia es considerada en ocasiones como un síntoma de una ansiada sequía que afectará a los intereses de los de Guardiola, dando comienzo una era desértica en Can Barça. Y pese al vendaval de juego huracanado madridista, esa sequía parece fruto de una mala predicción.

El río azulgrana está abastecido por el mejor de los manantiales, con el que la sequía no es una opción, tan solo la fantasía, o mejor dicho la utopía, de unos pocos. Una ilusión arrogante que ha avivado de nuevo el torrente de fútbol culé, que luchará por erosionar todos los obstáculos de aquí a final de temporada. Furioso y veloz seguirá su camino, dejando a su paso inundaciones de gran fútbol. Porque, con más o menos agua, el río siempre llega a su destino.

Aitor Soler

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un debate caducado

Falta justo un mes para el primer Clásico de la Liga, y las primeras especulaciones sobre quien está mejor comienzan a inundar las portadas de la prensa deportiva. La confrontación de estilos se hace patente en las conversaciones que tienen lugar a la hora del desayuno en las tabernas y bares españoles. Como no puede ser de otra forma, uno de los debates que más cargado llega es el de enfrentar a los 2 estandartes de Barça y Madrid respectivamente, Messi y Cristiano Ronaldo. Ambos jugadores ponen todo su empeño en que cualquier comparación es inútil, pero parece que el público jamás se cansará de caer en el mismo error.

Cualquier aficionado al fútbol estará de acuerdo en que Cristiano Ronaldo es un jugadorazo. Indudable a la vista de cualquiera. Un jugador que ha dejado los cimientos del fútbol moderno, el prototipo perfecto de delantero. Cualidades innatas que han sabido ser tratadas para su posterior explosión fulgurante. Tremenda velocidad acompañada de la mejor de las conducciones en carrera, manejo excelente de ambas piernas, juego aéreo vigoroso, resistencia hercúlea, desborde eléctrico y potencia de disparo ilimitada. Estas son, en líneas generales, sus cualidades más destacadas. Queda claro que la totalidad de sus recursos es envidiable. El ejemplo de deportista del futuro, una simbiosis espectacular entre condiciones físicas y técnicas.

Sin embargo, Messi no se puede considerar el ejemplo de nada por el simple hecho de que es irrepetible. Los calificativos y comparaciones se quedaron atrás hace tiempo. No hay manera justa de definirlo. Solo si se es aficionado al fútbol se es capaz de advertir que el hecho de verlo jugar cada fin de semana es un acontecimiento único. Es la sorpresa constante. Inicia las jugadas como el mejor de los creadores, desborda como el mejor de los extremos, marca diferencias como el mejor de los enganches y define como el mejor de los delanteros. Fútbol en estado puro, sumado a la sencillez que destila su juego, solo comparable a la felicidad que muestra cualquier persona que disfruta practicando lo que ama.

En definitiva, ni yo mismo he podido evitar caer en el error de compararlos, pero es que es la única forma de demostrar que son incomparables. Uno de ellos ha revolucionado todo el deporte a través del fútbol, convirtiéndose en un modelo a seguir para el futuro. Mientras que el otro ha adelantado a su leyenda para escribir la historia antes de su fin, por el mero hecho de ser recordado eternamente. Porque jamás habrá nadie como él.

Aitor Soler

lunes, 30 de mayo de 2011

Camino hacia la eternidad

Os debemos una, y estos no fallan. Palabras de Pep Guardiola en mayo de 2010 tras la consecución del título liguero. Pese a la gran temporada realizada, el no poder asistir a la final del Bernabéu dejó cierta amargura.
Esas palabras pesaban ayer más que nunca por la gran carga emotiva que conllevaba la final. De no haber conquistado la cuarta Champions, podrían haberse convertido en una verdadera losa para el futuro. Pero en el momento en que los culés recordaron esa cita de su entrenador la duda dejó de ser una opción. Una ambición impecable, que no euforia, acabó con cualquier síntoma de victimismo. La confianza acudía de nuevo a la llamada.

Un ambiente espectacular presidía una final que, en cuanto a entretenimiento y fútbol, cumplió con las expectativas. Dejando de lado todo el simbolismo que rodeaba el choque, el fútbol al fin se erigió como gran protagonista. Dos estilos claramente definidos que habían llevado en volandas a sendos equipos al último peldaño antes de alcanzar el tan ansiado trofeo. Y sin embargo, a uno de ellos no le quedó otro remedio que arrodillarse ante el otro. Ni el más osado hubiera augurado tal diferencia entre ambos. Pero la hubo, el fútbol quiso premiar al Barcelona por su buen trato al balón, pero sobre todo, por su buen trato al espectador.

Porque el Manchester no fue el único que se arrodilló. Todo el planeta futbolístico se rindió ante el maravilloso juego de los de Guardiola ofreciendo sus mejores halagos. Porque si un Señor como Alex Ferguson reconoce que es la mayor paliza que ha sufrido como técnico es que algo increíble ha tenido lugar. Y tal vez sea ese término uno de los candidatos para definir el equipo actual del Barça. No solo por el palmarés, sino por la forma de conseguirlo. Algo que nuestras retinas cuidarán para que jamás nada pueda borrarlo. Simplemente irrepetible, porque los títulos te hacen entrar en la historia, pero la manera en que se consiguen te adueñan de la eternidad. Una eternidad que guarda su trono para el rey del fútbol que sigue dejando por donde pasa un legado increíble. Su leyenda le persigue, pero tardará mucho en alcanzarle. La eternidad deberá seguir reservando el lugar más alto para Leo Messi. Imposible que alguien pueda usurpar el trono más justo del planeta.


 Pero no solo cabe remitirse a las maneras futbolísticas para ser recordado, porque si hay algo que merece permanecer en nuestra memoria tanto como la brillantez de su juego, es el grandísimo gesto que tuvo Carles Puyol en prestar su brazalete a Eric Abidal, además de acordarse de su compañero Miki Roqué. Porque la superación es una batalla sin fin, y ellos ya han conseguido vencerla. Y porque el símbolo y estandarte del equipo ceda el protagonismo en momentos en los que puedes ser el primero en probar las más dulces mieles del éxito es símbolo de grandeza. Una grandeza cuyo fútbol ha cautivado nuestros ojos, y que ha conquistado nuestro alma con gestos como ese.


 La historia ya tiene un nuevo capítulo, pero falta mucho por escribir.

Aitor Soler

jueves, 10 de marzo de 2011

Un equipo en el que confiar

Miles de emociones disparó el choque entre Barça y Arsenal, desde el augurio de una noche mágica para el barcelonismo, hasta un derrotismo débil, pero latente y renacido con el gol gunner. Sin embargo, unos jugadores se han propuesto borrar ese miedo que ha acompañado a los culés de tantas generaciones a base de pasión y entrega, algo que al fin la afición ha sabido captar. El Camp Nou ha respondido, el feudo azulgrana ha sido el de las grandes noches europeas, y la confianza es ahora la que late con más fuerza que nunca.

Vayamos por partes. Más allá de la gran trascendencia del partido, el protagonismo de la eliminatoria recayó, en gran medida, en la bajas de ambos conjuntos. Mientras que en Can Barça la ausencia de Puyol parecía hacer temblar el engranaje defensivo culé, en tierras londinenses un Arsenal mermado por las bajas se clasificaba para la final de la Carling Cup. Razones que supondrían una prueba de fuego para los banquillos de sendos clubes y una inyección de moral en caso de superarla, que cayó de lado azulgrana, contando todos sus partidos por victorias y donde los no habituales, como Mascherano, Keita o Adriano, tuvieron un gran papel. Mientras tanto, el Arsenal no conseguía romper su racha de 6 años sin llevar un título a sus vitrinas, perdiendo la final ante el Birminghan de forma trágica.
Por lo tanto, las dudas sobre el fondo de armario azulgrana fueron disipadas en el mejor momento de la campaña, hecho que fue un plus importantísimo de confianza para toda la plantilla y afición. Guardiola ya dijo que la participación de los suplentes es fundamental para el éxito, palabras que quedaron con ratificadas con las buenas actuaciones de Adriano, y sobre todo de un Mascherano que justificó su apodo de "el Jefecito", imperial en la recuperación y vital en el último ataque gunner, su jugada bien puede valer una Champions.

En otros aspectos cabe destacar la importancia de los galones. Para llegar a ser el número 1 no vale solo con ser un privilegiado física y técnicamente. Conlleva la responsabilidad de aparecer en los grandes partidos, de marcar las diferencias en momentos difíciles. ¡Y qué mejor escaparate para hacerlo que en la Champions League! Messi no se arruga en los partidos importantes, ya lo demostró la pasada edición también ante el Arsenal firmando una actuación únicamente a su alcance, esta vez no pudo repetirla pero nadie se lo echará en cara: abrir el marcador con un tanto de hemeroteca y no errar desde los 11 metros para encaminar la eliminatoria, dos goles que significaron el premio a su gran partido.
Sin embargo, Messi tiene la suerte de compartir los galones con otros dos maestros del balón. Las actuaciones de Iniesta y Xavi (tanto crucial el suyo para igualar la eliminatoria) no se quedan atrás respecto a la del astro argentino, ambos hilvalaron las jugadas de su equipo, dando un recital en el centro del campo, convirtiendo al Arsenal en un equipo simple y vulgar, y minimizando a sus 2 máximos estandartes, Cesc y Wilshere.

Para finalizar, es obligatorio destacar la importancia de esta responsabilidad, la cual es discriminada bajo la sombra de lo que solo capta la vista. Estos jugadores a parte de ser capataces en el juego de su equipo, lo fueron también para que la afición venciera su derrotismo y convirtiera al Camp Nou en una erupción de confianza ciega en sus jugadores. Y es que la vista, saturada en captar la belleza del juego, en ocasiones es incapaz de ver el liderazgo y sacrificio de sus jugadores. Características tan innatas como las dotes futbolísticas, pero que mantienen el vínculo con el público, que ve en este esfuerzo la obligación de agradecerlo con la confianza, una confianza que llevó en volandas tanto al equipo como a la afición a cuartos de final y que en cada partido inunda el feudo blaugrana, no es para menos.

Aitor Soler