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viernes, 24 de octubre de 2014

Un clásico demasiado precoz para Ancelotti y Luis Enrique

Como viene siendo habitual en las últimas ediciones de la Liga, el clásico llega muy temprano al torneo de la regularidad. Barça y Madrid llegan a su enfrentamiento aleteando las alas con fuerza, pero nadie sabe aún si su vuelo es realmente estable, y todavía no han demostrado su fiabilidad ante rachas de viento imponentes. Los de Luis Enrique llegan imbatidos e invictos en la competición doméstica, pero con más dudas de las que sus extraordinarios números reflejan. El conjunto catalán sigue con buen ritmo su proceso de reconstrucción. El técnico asturiano ha sustituido la chapa y pintura que dejó su antecesor en el cargo por nuevas herramientas que el equipo llevaba pidiendo años. En pocos meses ha conseguido que la sociedad entre Neymar y Messi muestre una afinidad que parece no tener límite, una conexión que está contando en los últimos partidos con la mejor versión de Iniesta, que se ha hecho de rogar. Esta buena sintonía entre los tres tenores culés es un tremendo avance respecto a la última campaña, pero el mérito e Luis Enrique no acaba aquí.


La presión vuelve a parecerse a la poderosa arma que fue antaño, aunque con tanto desuso todavía no está totalmente afilada. Salvo las incógnitas de Douglas y Vermaelen, las caras nuevas no parecen serlo cuando juegan. Bravo ha conseguido que nadie se acuerde del mejor portero de la historia del club, y Rakitic y Mathieu ya se han ganado sus primeras grandes ovaciones en el Camp Nou. Su llegada al Barça ha sido clave para que el equipo, aún vulnerable en ese aspecto, haya dejado de temblar en todas las jugadas a balón parado. Pero no todos los nuevos rostros vienen de fuera. La cantera vuelve a ser ese tercer pulmón de aire fresco del que solo el club catalán puede disponer, Munir y Sandro han respondido a la confianza de su entrenador y ya no son ningunos desconocidos en las convocatorias del primer equipo.

Pero no todo son buenas noticias en Can Barça. Pese a su buen debe, a Luis Enrique le quedan aún varias tareas en el haber que debe resolver, y sin duda recuperar la mejor versión de Piqué es la más primordial dadas las circunstancias. El central ha ofrecido su mejor versión ante el Villarreal y el Rayo, y es urgente que la vuelva a mostrar. El catalán es el mejor capacitado para dirigir el inicio de la jugada desde la retaguardia y comandar las transiciones defensivas, pero su irregularidad sigue condenando al equipo y comienza a despertar murmullos en el Camp Nou. Su posible titularidad en el Bernabéu deberá tapar esas voces de inquietud si desea ayudar a su equipo. Su rendimiento en el clásico será el termómetro del rendimiento del equipo. Para ello, no solo deberá ocultar sus carencias, sino también las de su compañero en la banda derecha, Dani Alves, que pese a su leve mejora en ataque, sigue concediendo una autopista a los rivales por su flanco. Resulta curioso que con estos problemas, los récords que están batiendo los de Luis Enrique sean de imbatibilidad.

El Madrid, el mayor arsenal de Europa, pondrá a prueba los buenos números ligueros de este nuevo Barça. El conjunto blaugrana llega al clásico dejando grandes sensaciones en un partido entre semana por primera vez esta temporada, síntoma de que la maquinaria empieza a estar engrasada y de que el nivel físico comienza a ser el óptimo. Pero esta trayectoria ascendente nada tiene que envidiar a la de su eterno rival.

Tras un comienzo muy dubitativo y varios pinchazos en Liga, el poderío ofensivo del Madrid comenzó a sacarle las castañas del fuego al club blanco y a tapar heridas que se abrirían en canal ante los grandes si Ancelotti no ponía remedio antes, y el técnico italiano parece haberlo encontrado en su segundo año al cargo del equipo. En Anfield, por primera vez, el Madrid del italiano fue claramente superior a un rival de entidad en un escenario complicado, algo que no consiguió en ninguna de las finales aunque las ganara, y que solo dejó ver durante la Supercopa de Europa ante el Sevilla. En sus goleadas ligueras, el Madrid se había mostrado demoledor en ataque, pero no terminaba de adueñarse del partido. Ante el Liverpool, fue diferente. El Madrid estuvo imperial, no solo goleó sino que fue claro soberano del partido.


Y la entrada de Isco en el 11 ha sido el punto de inflexión decisivo en la mejoría blanca. El malagueño nunca será en el Madrid el formidable «10» que prometía ser en Málaga, pero su nueva versión viene de perlas al club de la capital. Isco no solo mejora el rendimiento colectivo de su equipo, sino también el individual de algunos compañeros, y James es el claro ejemplo de ello. El ex del Mónaco y del Oporto al fin rememora la versión que le hizo convertirse en la revelación del Mundial. El colombiano se ha liberado de las tareas defensivas que lastraban su juego y se ha destapado como un excelente pasador gracias al enorme trabajo recuperador del malagueño, que tampoco descuida su labor en ataque. Con menos alegrías que antes, el benalmadense sigue rompiendo líneas y dejando atrás rivales como solo él sabe hacer. Su conducción y pase hace aún más temible a la delantera blanca, que llega, al igual que la defensa culé, batiendo récords.

Con Isco en el campo, Benzema tiene menos rivales, más espacio y más tiempo para lanzar a Cristiano, que no necesita ni la mitad de ayuda que recibe para marcar. El portugués parece haber olvidado sus molestias en la rodilla que lastraron el final del pasado curso y el Mundial, y resulta casi inimaginable que falle ocasiones. Cada vez menos extremo, y cada vez más cerca de ser el «9» que sus condiciones permiten que sea, aunque él no lo crea. Sus registros goleadores son de otra época, seguramente futura, en la que lo normal será golear como él hace en el presente actual. Porque en el pasado no hubo nunca un goleador como él en este momento.

Pese a todo, Ancelotti tiene aún varias cuestiones que debe solucionar. El de Anfield fue un importante test superado con nota, pero aún le quedan asuntos por resolver. El técnico italiano apenas supo detener a un Messi muy deteriorado la pasada campaña, y el de este año llega rozando la excelencia futbolística. El argentino sabe como nadie atacar los espacios débiles de su rival, y coincide con su posición favorita: la espalda de los mediocentros, espacio que Modric no defiende todavía tan bien como hiciera el anterior año. Quitarle ese metro a Messi habrá sido un quebradero de cabeza para Ancelotti, al igual que para su colega Luis Enrique habrá sido imaginar como generarlo.


Porque seguramente ambos técnicos hubieran firmado que el enfrentamiento entre ambos tardara varias semanas en llegar. El clásico llega demasiado pronto para dos equipos que acaban de despegar, pero que aún no han alcanzado las máximas revoluciones, lo que provocará averías en el motor y sorpresas que ambos estrategas no se esperarán. El duelo entre los dos titanes del fútbol español llega antes de lo deseado para sus técnicos, pero entra en escena justo «en el momento dado», que diría Cruyff, para los aficionados. 

Aitor Soler

jueves, 10 de julio de 2014

Fútbol, renace de tus cenizas

Argentina y Alemania se verán las caras por tercera vez consecutiva en un Mundial. Las dos últimas ocasiones fueron en cuartos de final. Los germanos se llevaron el gato al agua en ambas ediciones, por penaltis en 2006 y por goleada en 2010. Pero esta vez serán palabras mayores, la Mannschaft y la albiceleste lucharán directamente por el cetro mundial. También por tercera vez, argentinos y alemanes se verán las caras en la final de una Copa del Mundo, como sucediera en 1986 y en 1990, ediciones en las que respectivamente Maradona y Matthäus impusieron su ley y su estilo. Casi un cuarto de siglo después del último enfrentamiento finalista entre ambas selecciones, Brasil espera la coronación del futuro Rey. El reino futbolístico aguarda la llegada de su nuevo y justo poseedor.

Solo un equipo será capaz de llevarse el trofeo a sus vitrinas. Solo una selección será capaz de sumar una estrella más sobre su pecho. Al igual que cuenta la leyenda del Rey Arturo, solo uno estaba destinado a sacar la espada Excalibur de la roca. Solo uno será digno merecedor de la Copa del Mundo. Y para ello, deberán esforzarse por merecerlo en la final del 13 de julio en Maracaná, el lugar idóneo para que el futuro campeón reconcilie a talento y fútbol, dos factores que han vivido demasiado separados este Mundial.

Pocas ediciones de la Copa del Mundo han juntado tanto talento como la de Brasil 2014. Las favoritas llegaban a la fase final de la cita mundialita acompañadas por una clase media dispuesta a dar más de un susto, y así se ha podido comprobar en el mes de competición. Pero el nivel futbolístico no ha estado a la altura de las altas expectativas que levantó la calidad reunida en Brasil. ¿Los responsables? Planteamientos dirigidos a ocultar errores propios y no a mostrar las propias virtudes. El trabajo colectivo se ha convertido en la suma de las distintas capacidades de los 11 jugadores, cuando debería ser el medio para que cada una de las diferentes capacidades de los futbolistas generasen ventajas en el partido. Ideas así han sustituido el atrevimiento por el pánico, muy contrario a lo que rezaba el espectacular anuncio de Nike previo al Mundial: Arriésgalo todo.

Este síntoma se ha ido agudizando según avanzaba el torneo. Ya que las selecciones pertenecientes a esa potente clase media han sido las más osadas. Pero son las favoritas de siempre las que han llegado a las fases finales, donde el fútbol por unas cuestiones o por otras ha brillado por su ausencia. Porque el fútbol debe ser entretenimiento y emoción. Dos factores que no han conseguido reconciliarse en estas semifinales. El 7-1 de Alemania a Brasil fue un espectáculo memorable, una exhibición nunca vista en un Mundial y que rara vez se repetirá. Pero los aficionados de la Penta-campeona no merecían ese castigo, al igual que Scolari no merecía sentarse en ese banquillo. Pero no toda la culpa debe caer sobre Felipao. Brasil siempre ha sido temida por sus delanteros y hombres ofensivos, y en este Mundial dos de sus mejores hombres formaban la pareja de centrales. Delante, solo un Neymar, una especie en vías de extinción en la cuna del fútbol. ¿Seguro que el mejor camino en el fútbol formativo es fomentar la disciplina táctica y no ayudar a brotar el talento que un país como Brasil posee casi de manera innata?

Sea como fuere, esta Seleçao ya forma parte de la historia del fútbol por ser víctima de una selección alemana que lleva años haciendo, a todos los niveles, lo que tiempo atrás seguramente hacían en Brasil. El equipo de Löw buscará terminar la página de este capítulo que con tanta calidad literaria está rellenando. En frente tendrá al combinado de Sabella, cuya calidad se sigue esperando y que en su ausencia, la sustituye un encomiable valor y esmero. Argentina y Alemania, dos selecciones que brillaron en la década de los 70, en el que cada una ganó un Mundial. Los entendidos en la materia dicen que fue en aquella década donde nació el fútbol que conocemos hoy en día. Ojalá dos de los países protagonistas de aquellos años quieran regalar a este viejo deporte la última noche memorable que merece, y la primera de una nueva y brillante era.

Aitor Soler

miércoles, 2 de abril de 2014

El muro belga frena la magia de Iniesta

Muchas veces intensidad suele ser sinónimo de partido bronco, donde la agresividad le gana la partida al entretenimiento. Pero hay otras ocasiones en las que se juntan dos colosos, como Barça y Atlético, y es entonces cuando la épica se vuelve arte, y los artistas se vuelven guerreros. Y los aficionados sufren, pero sobre todo disfrutan con sus gestas.

Hazañas que quedan recordadas en el lienzo de la memoria, el museo donde solo tienen hueco las mejores obras. La exhibición de Iniesta es sin duda digna de permanecer eternamente en su mejor galería. El manchego fue un mago entre decenas de guerreros, y su habilidad fue indescifrable para el ejército del Cholo, excepto para el héroe rojiblanco, Courtois.

El fútbol suele recordar a los goleadores, pero las paradas del portero belga robaron toda la gloria al tremendo gol de Diego Ribas. Courtois fue un titán bajo la portería, sus intervenciones sanaron las hemorragias que Iniesta y Neymar comenzaban a abrir en el pelotón colchonero.Manchego y brasileño hubieran firmado que el combate no se detuviera, pero el colegiado señaló el final, y la muralla belga terminó en pie la batalla.

El pitido final fue un regalo para los cansados guerrilleros atléticos, y un frenazo para la avalancha culé, que murió en el intento, y cuyos restos apagaron el intenso fuego de la lucha. Pero las cenizas de la batalla resurgirán la próxima semana, en un escenario propicio para que el batallón de Simeone dé un paso importante en su camino a Lisboa. El Calderón será las Termópilas, donde el Atlético se aferrará a la hazaña de su guardameta. Una fortaleza inexpugnable que solo la habilidad de un mago puede conquistar. 

Aitor Soler

lunes, 24 de marzo de 2014

Iniesta y Messi asaltan el Bernabéu y animan la Liga

Ambos equipos anclaron los complejos que les atenazaron en los clásicos pasados y esta vez sí hicieron honor al sobrenombre de “partido del siglo”. El Barça y el Madrid regalaron a los aficionados un partido intenso. El Bernabéu se convirtió en el ring de batalla entre dos colosos de puños de acero, pero con mandíbula de cristal.

El Barça se reencontró con la seguridad que perdió en los últimos duelos ante su máximo rival. El equipo de Gerardo Martino volvió a confirmar su fiabilidad cuando la exigencia de la cita lo requiere. Todo lo contrario que el Madrid de Ancelotti, que no ha sido capaz de vencer en Liga a sus dos rivales por el título.

El clásico comenzó eléctrico y vibrante. El Tata, de nuevo en su estilo más guardiolista, volvió a encomandarse a los jugones para asaltar el templo madridista. No le salió mal su apuesta, ya que Iniesta adelantó a su equipo cuando aún no se había cumplido ni un cuarto de hora. Esta vez su gol no fue el premio a su excelente partido. El tanto del manchego fue la punta del iceberg de la memorable actuación que firmó el de Fuentealbilla.

Iniesta se vistió de gala con su mejor juego para la gran noche del fútbol español, pero fue un compañero suyo quien se convirtió en la estrella de la alfombra verde del Bernabéu. Leo Messi acudió al protagonismo que se le exigía, tras unas semanas en las que su rendimiento se había puesto en duda. El argentino se convirtió en el máximo goleador histórico de los clásicos. En un duelo directo ante su máximo rival, la pulga recuperó el trono que Cristiano Ronaldo había ocupado en los últimos enfrentamientos entre ambos. 

Messi firmó un hat-trick por segunda jornada consecutiva, y acudió a la ayuda de su equipo cuando más lo necesitaba. El argentino disipó cualquier duda posible en un escenario donde solo brillan los elegidos.

Porque el Bernabéu no era una plaza fácil. El Madrid de Ancelotti fue un miura que presentó batalla hasta el final. Hasta la aparición de Messi, otro argentino estaba siendo el protagonista del partido. Di María despertó a su equipo, que hizo honor a su leyenda. La entrega del fideo rompió el embrujo somnoliento de Iniesta, y el Madrid embistió con tanta fuerza que apunto estuvo de tumbar al Barça.

Solo Piqué parecía mostrar seguridad en una defensa que temblaba ante las galopadas de los atacantes del Madrid. El central catalán volvió a mostrar su mejor cara de nuevo en un partido clave. Su temple a la hora de sacar el balón y la forma de comandar los pocos buenos repliegues que ejecutó su equipo mantuvieron con vida al Barça en el partido. Porque el equipo del Tata estuvo cerca de besar la lona, pero la aparición de Messi y la justa expulsión de Ramos hicieron al Barça recuperar la fe en su juego, y en la Liga.

Neymar y Bale siguen sin brillar

Es en los clásicos y en los grandes partidos donde los grandes jugadores se doctoran. Galés y brasileño, las dos inversiones más faraónicas en la historia del fútbol, estuvieron a la sombra en un duelo donde los focos les apuntaban.

Bale dio muestras de su tremenda potencia, y por momentos el Barça no parecía encontrar forma de detenerle. Pero el expreso de Cardiff se quedó sin carburante y su papel en el clásico se quedó en un mano a mano que salvó Valdés y en alguna de sus punzantes galopadas.

El ex del Santos por su parte no brilló ni la mitad que en el partido de la primera vuelta. Neymar sigue sin ser ese crack que apuntaba ser en el comienzo liguero. Pese a ello, dio una asistencia y provocó un penalti. Partido gris del brasileño, pero eficaz.

Aitor Soler

sábado, 22 de marzo de 2014

Neymar y Barça, vidas paralelas

El buen momento de forma de Pedro y Alexis parecía indicar que canario y tocopillano lucharían por una plaza en el 11 del Clásico. El bajo rendimiento de Neymar en las últimas semanas abría las puertas de la titularidad a sus dos compañeros de cara al partido ante el Madrid. Unas puertas que su técnico se ha encargado de cerrar. "Voy a intentar que no se crea que es un jugador más, porque no lo es", afirmó el Tata Martino sobre Neymar. El argentino se deshizo en elogios hacia el brasileño, halagos que señalan la senda de la titularidad para el ex del Santos.

Todo indica que el Madrid pondrá a prueba no solo a Neymar, sino también a la colosal y confusa inversión que realizó el Barça por él. El brasileño, al igual que su equipo, tendrá mucho que ganar en el Clásico si sale victorioso, pero mucho más que perder si su actuación no es la esperada. La victoria del conjunto catalán, pese a no colocarle líder, supondría un golpe moral al Madrid de Ancelotti, que de momento no ha podido demostrar su mejor forma en las grandes noches.

En frente tendrá un Barça irregular fuera de su estadio, aunque al contrario que su máximo rival, fiable cuando es una cita de gala. Una fiabilidad no brillante, pero sí competente, y que le ha llevado a ganar la Supercopa ante el Atlético, a llegar a cuartos de final de la Champions siendo muy superior al City o a vencer al Madrid en el Clásico de la primera vuelta. Partidos en los que Neymar, al igual que su equipo, no maravilló, pero en los que sus goles y asistencias fueron factores decisivos para que el Barça consiguiera la victoria.

Tanto jugador como club comenzaron la temporada de forma pareja. Daban pinceladas de lo que en un futuro podría ser una gran obra que de momento los aficionados siguen esperando. Neymar era el termómetro del rendimiento de su equipo. Si el Barça estaba cómodo, el brasileño era decisivo y sus actuaciones convencían y desataban algunos "¡oh!" en la grada, pero si el equipo del Tata perdía, el joven futbolista no era capaz de ser ese jugador determinante que rompiera el guion del partido.

El Clásico del Bernabéu no solo marcará el devenir de la Liga para el Madrid, y sobre todo, para el Barça. Si como todo apunta, Neymar es titular, su actuación en el partido puede marcar su futuro como jugador blaugrana. La inversión que el club catalán hizo no es por un "jugador  más", como diría el Tata, es por un jugador que pese a su juventud, puede asumir galones por su talento, algo que ya ha hecho en más de una ocasión cuando el viento era favorable. El ambiente hostil del Bernabéu no será una brisa precisamente, y será entonces cuando Neymar decida: ¿Esperar que se detenga la tempestad o cambiar el rumbo del partido?

Aitor Soler

sábado, 26 de octubre de 2013

El Clásico de las incógnitas

El Clásico del fútbol ya ha llegado, y como el buen vino, su sabor mejora año tras año. Nuestro paladar futbolístico volverá a disfrutar del mejor fútbol del mundo. Temporada tras temporada, las plantillas de Barça y Madrid crecen en talento. Sus variantes de recursos rompen límites año tras año, y sus dos máximas estrellas dejaron hace tiempo de destrozar récords, para crear los suyos propios. Pero pese a la buena calidad de la uva, la vendimia no llega en el mejor momento.

Barça y Madrid se verán las caras en un partido que llega demasiado pronto para ambos. Los hombres del Tata parecían imparables hasta hace una semana, pero 2 pinchazos consecutivos han hecho saltar las alarmas del derrotismo culé. No obstante, Gerardo Martino, que ya ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de hacer auto-crítica, no mostró ningún signo de preocupación cuando le preguntaron por el bajón del equipo, declive que se ve reflejado en la presión del equipo sobre la salida del rival, inexistente en los últimos partidos.

El Tata ya lo avisó a finales de agosto, nada más ganar la Supercopa ante el Atlético: "No tenemos tiempo para entrenar físico en los entrenamientos, dudo que podamos hacer la presión en todos los partidos". ¿Volveremos a ver al Barça de la presión feroz sobre el rival? Con las pilas cargadas, los de Martino pueden volver a ser la apisonadora que eran hace tan solo unos días.

¿Y cómo puede escapar el Madrid de esa apisonadora? Recursos tiene de sobra, solo queda que Ancelotti los sepa encajar, labor en la que parece haber avanzado más en los dos últimos partidos que en los dos meses de competición. Ante Málaga y Juventus, se pudo ver un Madrid más versátil, cómodo a la hora de atacar tanto en estático como al espacio, alternando el pase corto con el juego en largo, alternancia que puede desactivar la presión del Barça, pero también potenciarla.

Pese a la mejora, el Madrid parece haber perdido ese instinto asesino con el que ha dominado al Barça en los últimos clásicos. Quién sabe si la versatilidad de Ancelotti es mejor que la especialidad contra-golpeadora de Mourinho para vencer al máximo rival.

Demasiadas incógnitas que se presentan en la víspera de la vendimia. Esperemos que el vino no salga picado.

Aitor Soler

domingo, 26 de mayo de 2013

Una sonrisa necesaria

Neymar ya es oficialmente nuevo jugador del Barça. El culebrón se acaba y Messi tendrá un acompañante de lujo en una delantera que está destinada a marcar época. Nadie duda del talento de Neymar, el brasileño es el representante de la generación post-Messi. Una nueva oleada de enormes futbolistas viene pisando fuerte, y el Barça no ha dudado en atar a uno de sus máximos exponentes para mantener su hegemonía intacta. Pero pese a los diversos factores que avalan su fichaje, las dudas no han tardado en salir a la luz. El fantasma del caso Robinho sigue deambulando por la mente de todos los aficionados al fútbol. Y por si fuera poco, la difícil convivencia de dos gallos en un mismo corral sigue alimentando las dudas sobre el futuro rendimiento de Neymar en el Camp Nou. Pero no todos los factores generan dudas, hay motivos de sobra que invitan de lleno al optimismo. 

Y es que casos como el de Robinho, de estrellas emergentes del fútbol brasileño que acaban en fraude, se han dado únicamente en casos desesperados, donde los equipos daban todos los galones a jóvenes cracks que acababan devorados por la presión. Neymar llega a un equipo totalmente jerarquizado y en un clima idóneo para su adaptación al fútbol europeo. El brasileño estará acompañado de los mejores jugadores del mundo, será como un Máster para un becario más que prometedor, que deberá convertirse en redactor jefe en unos meses.

En su camino de aprendizaje, el brasileño tendrá como maestros a Messi, Iniesta y compañía. El temor a una mala convivencia es inexistente, plantilla, cuerpo técnico y junta avalan su fichaje, y Neymar se ha cansado de expresar su admiración hacia las estrellas azulgranas en los últimos años, donde los piropos han cruzado en numerosas ocasiones el Atlántico. Pese a que las salidas de Eto'o e Ibrahimovic son precedentes negativos, el fichaje de Neymar lleva gestándose casi 2 años, el tiempo suficiente para prevenir cualquier error. Neymar sabe a qué club llega, y el Barça sabe a qué jugador contrata.

Y por si a alguien aún le quedan dudas sobre su juego, el brasileño es el estilo de jugador que lleva pidiendo a gritos el equipo azulgrana en estas últimas temporadas. Messi no puede ser el único que tome responsabilidades a la hora de desequilibrar, y pese a que ha tardado en llegar, su socio al fin ha llegado. Neymar aporta un desequilibrio que ningún otro jugador en el mercado ofrece. El carioca es de los pocos jugadores que siguen manteniendo con vida el arte del regate, y el único (junto a Messi) capacitado para desbordar en estático. Pero que el regate no eclipse el resto de sus virtudes, donde se incluye por supuesto el gol. Hasta su salto a Europa, Neymar ha marcado 172 goles en 278 partidos, números estratosféricos para un chaval de 21 años.

¿Aspectos negativos? Sí, que tocará esperar varios meses a su debut. El Camp Nou, dolido por haber sido derrocado por el Allianz Arena como capital europea del fútbol, espera ansioso la llegada de un nuevo ídolo. Hace una década, cuando el Camp Nou vivía bajo una tempestad eterna, un brasileño sonriente y bailarín cambió la dinámica de un equipo. Diez años más tarde, al motor azulgrana le quedan aún muchos kilómetros por recorrer, y un nuevo alegre carioca llega para dar al chasis culé la capa de pintura que tanto necesita. La Capilla Sixtina del fútbol comienza su restauración.

Aitor Soler