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viernes, 20 de mayo de 2011

La otra liga

Como cada final de temporada, los equipos modestos gozan de su momento de gloria al acaparar cierto protagonismo informativo que suelen monopolizar el resto del año las grandes estrellas. El motivo no es otro que el descenso, o mejor dicho, la lucha por evitarlo. 

Los partidos se convierten en una disputa emotiva que va más allá del terreno de juego. Una disputa capaz de unir a equipo y afición en un todo cohesionado que late con más fuerza que nunca. Mostrando un impetuoso orgullo con tal de defender la categoría, y con ello, el estadio por el que tantos sueños han pasado, ahora transformado en un fortín imperial en el que el valor de la victoria no conocerá límites.

Estos factores renconfortan, y mucho, a los seguidores del fútbol. La resaca que dejó el carrusel de clásicos sigue siendo un lastre, pero ilusiona saber que el negocio mediático en el que se ha convertido el deporte rey aún no ha llegado a la que llaman "la otra liga", donde las aficiones depositan todo su empeño en demostrar que el fútbol debe seguir siendo el opio del pueblo. La masa social que arrastra este deporte es un componente esencial que lo hace mucho más grande. Una grandeza que jamás se pondrá en venta.

Aitor Soler

martes, 8 de febrero de 2011

El mérito de la repercusión

Conseguir tres títulos en una misma temporada es considerado poco menos que una utopía por los profesionales, pero cuando se logra, no cabe más que denominarlo como hazaña histórica por la dificultad que conlleva, más aún si se tiene en cuenta que tan solo seis conjuntos han logrado el deseado Trébol Europeo a lo largo de la historia del fútbol (Céltic Glasgow, Ajax Ámsterdam, PSV Eindhoven, Manchester United FC, FC Barcelona y Inter de Milán). Siendo únicamente los éxitos de PSV en 1988, y sobre todo, de Inter la pasada campaña, no fruto de una cantera prolífera, sino más bien del buen hacer táctico de los entrenadores, así como del compromiso y experiencia de la que gozaban sus plantillas. Por lo que queda demostrado que depositar confianza en las categorías inferiores suele ser sinónimo de éxito, siempre que exista una planificación adecuada, y factores en ocasiones determinantes como la suerte sean favorables.
Pero a pesar de ello, puede resultar ventajista acordarse de la cantera tan solo cuando se producen acontecimientos increíbles como el ya mencionado de conquistar la Triple Corona. Pero ya sea por ventajismo o conveniencia, no se le debe quitar mérito, porque detrás de ese triunfo está el trabajo y compromiso de numerosos profesionales, que realizan una función vital, aquí radica el mérito. El éxito será la consecuencia de la dedicación y de la capacidad de la que se disponga, y como no, de la influencia de la suerte. El ejemplo más claro sucedió hace poco más de un año, cuando un Barça repleto de canteranos se adjudicó su sexto título en una misma temporada. Suceso histórico para el deporte, pero cuya ocurrencia es sumamente improbable, y en estos casos, la probabilidad es inversamente proporcional al tamaño de la repercusión que se origina en caso de conseguirlo. Por ello que la repercusión sea un privilegio de la que pocos pueden gozar, pero que muchos se merecen, y afortunadamente el éxito azulgrana ha sido capaz de compartir su repercusión con otros conjuntos que depositan la confianza en las futuras, y no tan futuras generaciones, convirtiendo a cualquier club preocupado por su cantera en una ebullición de halagos y valoraciones positivas.

Actualmente muchas cosas han aumentado en consideración. No es casualidad de que un club nutrido, casi en su totalidad, por su pedrera sea uno de los únicos tres clubes cuya andadura siempre ha estado ligada a la Primera División, no es otro conjunto que el Athletic, cuya cantera, Lezama, vuelve a poseer el prestigio que se merece, y que lleva en volandas a la institución a la que pertenece. Porque aunque la suerte sea fundamental, no es la única responsable de la 5ª plaza de un conjunto bilbaíno que comienza a codearse con los grandes de la mano de jugadores consagrados, como Fernando Llorente y Javi Martínez, o el último cachorro salido de Lezama que afronta su madurez, Iker Munian, una de las sensaciones de la Liga dado su desparpajo en dar a conocer sus aptitudes, dignas de un gran futbolista. Pero si se menciona al Athletic, es obligatorio hablar también del Villarreal, porque esa tercera posición, ese gran juego desplegado y esa candidatura a futura alternativa al título, no tienen su fuente únicamente en el azar, sino que es un reflejo del esfuerzo realizado durante tantos años en las categorías inferiores. Labor que también ha sido realizada en el Espanyol, y que han respondido a su déficit económico con la aparición de jóvenes futbolistas, más que válidos para el equipo, siendo esto una virtud más que una simple solución a sus problemas, los cuales no les permite garantizar que el futuro de esos jóvenes talentos esté ligado al club.

Por último, habría que destacar los casos de clubes más humildes, como el Sporting, cuya cantera es su mejor arma en su lucha contra el descenso, como fuera la del Athletic o Espanyol cuando atravesaron malas épocas deportivas, porque si alguien va a defender el prestigio de un club, sudar la camiseta y luchar por no manchar su escudo, sin duda van a ser las generaciones procedentes de las categorías inferiores, formando una rígida simbiosis con la entidad a la que pertnezcan y a la vez representen, siendo esta la forma más accesible de garantizar el compromiso, no tan solo de jugadores, sino de una afición que verá representada a la ciudad a la que pertenece su club, rompiendo con ello, el duopolio, tanto social como deportivo, que posee nuestro campeonato.

Aitor Soler