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viernes, 13 de junio de 2014

Darth Vader Cesc

"¡Tú eras el elegido! ¡El que destruiría a los Sith, no el que se uniría a ellos! ¡El que vendría a traer el equilibrio a la fuerza, no a hundirla en la oscuridad!", gritaba un decepcionado Obi Wan al ver a su mejor pupilo, Anakin SkyWalker (o lo que quedaba de él), convertido en lo que prometió destruir. Las palabras de Kenobi hacia su aprendiz seguramente las sintiera como suyas, allá donde esté, Tito, al ver a Fàbregas posar con la camiseta del Chelsea, el equipo de Mourinho.

Vilanova fue el que puso más empeño para ver a Cesc vestido de nuevo con la camiseta del Barça. Guardiola confió en la inquebrantable fe de su ayudante, y ambos técnicos decidieron que el de Arenys era el indicado para mantener intacto el estilo que había hecho al Barça campeón de todo. El ex del Arsenal fue el elegido para tomar el relevo de Xavi. Fàbregas no solo asumía uno de los legados más importantes en la historia del club, sino que estaba destinado a perfeccionarlo.

Y durante los primeros meses parecía que podría conseguirlo. Cesc formaba una sociedad imparable con Messi, veía gol con una facilidad insultante y comenzaba a sentirse el amo del medio campo, y casi del equipo. Fàbregas aportaba una verticalidad que parecía mejorar lo que meses antes en Wembley parecía inmejorable. El trasvase de poderes con Xavi iba viento en popa, el de Arenys liberaba de sus funciones al de Tarrassa, que comenzaba a mostrar síntomas de fatiga en su juego. Y por si fuera poco, el Barça seguía cosechando éxitos. El hijo pródigo trajo consigo tres títulos bajo el brazo: Supercopa de España, Supercopa de Europa y Mundialito de Clubes, torneos en los que tuvo una participación más que notable.

Terminaba 2011 y comenzaba 2012, año que el club catalán comenzaba con la ilusión de repetir la Triple Corona conseguida en 2009. La victoria en el Bernabéu en el mes de diciembre, gol de Fàbregas incluido, reactivó las esperanzas del Barça por la Liga. Pero mientras el ánimo parecía estar por las nubes, el juego decaía poco a poco, al igual que el papel de Cesc en el equipo. El Barça se desenganchó del tren de la Liga, y lo confirmó con la derrota en el Clásico de la segunda vuelta, partido en el que Guardiola prefirió apostar por Thiago antes que por Fàbregas. Pero lo peor para el de Arenys estaba aún por llegar: Suplente en la eliminación en semis de Champions ante el Chelsea y suplente en la final de la Copa del Rey, único título que el Barça ganó en 2012.

Su pérdida de protagonismo iba acompañada de un peligroso y leve murmullo que se levantaba en la grada. Fàbregas había pasado de ser el heredero de Xavi a ser totalmente irrelevante en el juego culé. Su apatía poco disimulada hacía parecer que incluso estorbaba en el 11 blaugrana. Y con más dudas que confianza terminó su primera temporada en el club de sus amores.

Comenzaba la siguiente, ya sin Guardiola en el banquillo, y el panorama parecía cambiar. Su entrenador en cadetes, sería ahora su técnico en el primer equipo. Y pese a que las cosas no comenzaron demasiado bien, Cesc tiró de orgullo y de raza para volver a regalar al Camp Nou su mejor versión. Fàbregas calló unos murmullos que iban ganando en intensidad y comenzó de nuevo a levantar los aplausos de su afición, y de nuevo solo hasta febrero.

Cuando llegó la fase determinante de la temporada, Tito, al contrario que su antecesor en el cargo, sí apostó por Cesc, pero el futbolista no estuvo a la altura de la fe que había depositado en él su gran valedor. La desesperación de la grada era ya más que latente, pero Cesc siguió otro año más en el club. Y esta vez sí parecía ir en serio. Su juego era sobresaliente. Ante el evidente declive de Xavi y las constantes lesiones de Messi, el ex-gunner se echó el equipo a la espalda, pero solo volvió a aguantar hasta febrero. Y los murmullos se convirtieron en pitos, y su apatía en ira.
 
Y ante la adversidad, Cesc decidió decir basta. Las condiciones de Fàbregas eran las idóneas para ser el capataz del futuro Barça, pero la situación le superó por completo. El ahora jugador del Chelsea brillaba ante rivales débiles, y de vez en cuando deslumbraba antes grandes contrincantes, pero la regularidad nunca fue una virtud. Su falta de profesionalidad le pasó facturas en los tramos importantes de la temporada. Su apatía se convirtió en el síntoma de no recibir el cariño de una afición que se entregaba a otros de sus compañeros. 

Al igual que Anakin, Cesc nunca soportó no ser un maestro en un consejo formado por los mejores. Y al igual que el joven SkyWalker nunca demostró ser un gran jedi, el joven Fàbregas tampoco demostró en el Barça ser un gran jugador. Que la fuerza le acompañe en el Chelsea. Y ya veremos como es la nueva saga culé sin su Darth Vader particular, la de George Lucas fue un rotundo fracaso.

Aitor Soler

sábado, 24 de mayo de 2014

La final de lo inimaginable

Ser el mejor equipo de la capital, la aspiración de dos equipos que durante más de un siglo ha alimentado una de las rivalidades más auténticas en la historia del fútbol. Hoy, tras 111 años de sufrimientos y alegrías a partes desiguales, Real Madrid y Atlético de Madrid no solo se disputan el reino futbolítico de su ciudad, sino el de todo un continente. Un escenario impensable hace tan solo unos meses.

Porque pese a los buenos refuerzos del equipo blanco en verano, la baja de Mourinho parecía ser una tragedia irreparable para muchos. Aficionados y entendidos de la materia merengue (o supuestamente entendidos) vislumbraban de nuevo un Madrid incapaz de gobernar Europa, y volviendo a ser el hazmerreír entre los grandes clubes del continente. El vacío que provocó la marcha de Mourinho era directamente proporcional a la desilusión que generó la llegada de Ancelotti. Un desencanto que ni los fichajes de Bale, Isco y compañía parecían poder paliar.

Casi un año después del nacimiento de esa decepción generalizada, el Madrid de Ancelotti sueña con gobernar Europa, algo que el antecesor del técnico italiano no tuvo la ocasión ni de imaginar. Como tampoco ningún atlético era capaz, no de imaginar, ¡de soñar! con estar en la final de la máxima competición de clubes del mundo.

¿Quién iba a ser capaz de esbozar en su mente a un Atlético capaz de dejar atrás a Milan, Barcelona y Chelsea cuando no hace tanto estaba más cerca del descenso que de Europa y era eliminado por un 2ª B en la primera ronda de la Copa del Rey? Fue entonces cuando Simeone cogió las riendas del equipo. No han pasado ni tres años de aquello y la hinchada colchonera ya ha celebrado cuatro títulos, y está por mérito propio capacitada para imaginarse festejar un quinto. Nada más y nada menos que una Champions League. ¿Quién lo iba a decir cuando no hace tanto jugarla ya era suficientemente motivo para ir a Neptuno?

Lisboa acogerá el derby de los derbys. El Estadio da Luz será el mejor escenario para una final inimaginable como la de hoy. En ese mismo estadio Grecia ganó una Eurocopa a la anfitriona, Portugal, hace 10 años. Así que, ¿queda alguien todavía con la osadía suficiente de querer predecir lo que ocurrirá esta noche?

Aitor Soler

viernes, 17 de mayo de 2013

Final de Copa: la respuesta a la pregunta eterna

Casi década y media (14 años) lleva el Atlético sin vencer a su vecino y eterno rival, el Real Madrid. Se dice pronto. Lejos queda aquel 30 de octubre de 1999, en el que Hasselbaink hizo estallar el Bernabéu. Un recuerdo imborrable para muchos aficionados colchoneros, pero inexistente para otros más jóvenes, que se siguen preguntando "¿por qué somos del Atleti?" 

Una pregunta que no abandona al aficionado rojiblanco, y que comienza a estar grabada en la historia del club colchonero. Pero hoy, 17 de mayo de 2013, es el día señalado para que el Atlético solucione al fin la eterna duda de su afición, y hacer que esa pregunta no vuelva a oírse jamás en la ribera del Manzanares. Difícilmente encontrará mejor escenario para lograrlo que el que se presenta esta noche en el Bernabéu. 

Para ello, el Atlético debe dejar atrás las estadísticas históricas y olvidar los tópicos desfasados como el clásico "ya toca" o el tan mencionado "este año sí", argumentos que dicen poco o nada a su favor y que ya le han traicionado en derbis pasados. Los de Simeone tienen motivos futbolísticos para lograr hacer daño a su rival. Y es que el Madrid llega con su columna vertebral más que tocada, mientras que los colchoneros vuelven a parecer aquel equipo intenso que aspiraba a destruir el binomio Madrid-Barça a comienzos de temporada.

El físico marcará la diferencia en la final, pero también el plano mental puede decidir el partido. También en el deporte, el cerebro es el músculo más importante. El Atlético llega al Bernabéu con la sensación del trabajo bien hecho, club y afición están más unidos que nunca, y el equipo tiene todo en su mano para que, se gane o se pierda hoy, esa comunión siga inquebrantable. El Madrid en cambio atraviesa una crisis institucional, un abismo separa a todos los estamentos del club, desde la afición a la junta, pasando por el vestuario. La amenaza de terminar la temporada en blanco es la gota de un vaso que podría colmarse hoy, como pasó aquel 30 de octubre.

Al igual que hace 14 años, Casillas no estará en el 11 titular, y el entrenador madridista tendrá las horas contadas al mando de la nave blanca, aunque la marcha de Toshack no era tan clara como lo es la de Mourinho. Pocas semblanzas más presenta la final de hoy respecto al derbi de 1999. Los atléticos quieren una respuesta a su eterna pregunta, y el Atlético no tendrá ocasión mejor para darla. La solución quizá la tenga un chaval, que al igual que tantos otros jóvenes atléticos, desconocen por qué son del Atleti. Quizá Oliver Tores, sin saberlo, tenga la respuesta en sus botas.  

Aitor Soler

miércoles, 1 de mayo de 2013

La agonía del mourinhismo

El Madrid cayó ante el Dortmund, y el sueño de la décima se esfumó de nuevo. Pero pese a la eliminación, ayer el club blanco no fue el gran derrotado. La forma de caer hizo reencontrarse al Madrid con su historia y con su leyenda, aquella que ha sido usurpada por un portugués que se ha permitido el lujo de dar lecciones de madridismo en su estancia en la capital española. En la derrota del Madrid ante el Dortmund, Mourinho fue el gran derrotado. La gran mentira fue descubierta.

El Madrid tuvo Wembley a 1 gol. Rozó el milagro gracias a su épica y a su grandeza, esa que atemoriza a cualquier rival. Ante el Dortmund se pudo ver al Madrid de las grandes noches, los alemanes no pudieron evitar venirse abajo cuando vieron al coloso blanco golpear con acierto su portería. A partir de ahí, los jugadores del Borussia fueron víctimas del pánico, de ese miedo escénico del que tanto se ha hablado en las noches épicas del Bernabéu. El Madrid menos mourinhista de los últimos tiempos fue capaz de poner entre la espada y la pared a un rival que parecía invencible, pero no fue suficiente con eso.

Porque el Madrid no perdió la eliminatoria en el Bernabéu, su entrenador la perdió en el Signal Iduna Park. Los jugadores no tuvieron otra que encomendarse a la épica, algo que al Madrid por historia le sobra, pero le faltó fútbol, el gran fracaso de su técnico. Fracaso del que horas antes del partido dijo que se haría responsable si el Madrid era eliminado. Pero no, Mourinho solo fue capaz de declarar su amor por Inglaterra, y llorar por el arbitraje. Lágrimas que poco tuvieron que ver con las de Iker y Ramos, emblemas del escudo blanco a los que se les ha acusado de ir en contra de los intereses del club.

Toda la trama conspiratoria (pseudo-madridistas, madridistas disfrazados, etc.) que ha montado Mourinho en los últimos 3 años se derrumbó sobre él. Su Madrid solo fue capaz de vencer a un grande en Europa, el Manchesert United, y nadie se atreve a negar que si no llega a ser por la expulsión de Nani la historia podría haber sido bien distinta. Ante el Dortmund y en el Bernabéu, la épica blanca decidió reconciliarse con el equipo que le dio vida. No sirvió para llegar a Wembley, pero sí para desterrar al usurpador. La leyenda madridista ha existido antes y con Mourinho, y seguirá existiendo sin él.

Aitor Soler

domingo, 23 de diciembre de 2012

La gran mentira

El Barça de Tito ya le saca 16 puntos al Madrid de Mourinho. Algo que nadie hubiera imaginado meses atrás. El ciclo victorioso del club blaugrana había terminado, el dominio culé se derrumbaba ante el nuevo imperio blanco. Todo ello, gracias al técnico portugués, el gran artífice del renacer madridista.

Que equivocados estaban. En un deporte tan cíclico como el fútbol, es imposible que un equipo gane todos los títulos que disputa cada año, más aún, si tiene enfrente a una excelente plantilla como la del Real Madrid. ¿Realmente es tan relevante el papel de Mourinho? Más relevante parece el papel de jugadores como Cristiano Ronaldo, Özil o Benzema.

En más de un partido, el que marcó realmente las diferencias fue el enorme talento de los jugadores, y no el planteamiento de Mourinho. En más de una ocasión una genialidad de Özil, una parada estelar de Casillas o un latigazo de Cristiano propiciaba una de las épicas remontadas que se vivieron la temporada pasada. ¿Acaso el Madrid desconocía la épica antes de la llegada de Mourinho? Esas épicas remontadas fueron claves para conquistar la mejor Liga de la historia. Meses después llegaría la prueba de fuego: la Supercopa de España. 

El Madrid tenía ante sí la oportunidad de demostrar que iba en serio. Y lo logró, venció al Barça en la final. Los de Mourinho pudieron haber sepultado al Barça en el abismo aquel 29 de agosto en el Bernabéu. El equipo de Tito era incapaz de detener a un Madrid arrollador, y para colmo, se quedó en inferioridad. Todo apuntaba a un festival madridista, pero por orden de su entrenador, los jugadores se echaron para atrás y concedieron la iniciativa al rival. El Barça, en el Bernabéu y con un jugador menos, encerró en su área al Madrid, que acabó pidiendo la hora. El conjunto de la capital estuvo muy cerca de caer en su propia tumba, aquella que ellos mismos habían preparado para su eterno rival.

No hay nada más contradictorio que decir que Mourinho ha inculcado al Madrid su mentalidad ganadora, cuando el club blanco lleva la victoria grabada en su escudo. Su grandeza le hace ganar por inercia. Pero existe la corriente que defiende que ha sido el técnico portugués quien ha devuelto esa grandeza al club blanco en Europa. En las dos últimas ediciones el Madrid ha alcanzado las semifinales, algo meritorio, pero que viendo el palmarés madridista no debería suponer ningún logro. Más aún, cuando los rivales eliminados han sido Lyon, Tottenham, CSKA y Apoel. El Madrid de Mourinho aún no ha dado la talla en Europa ante un rival serio, un defecto que le ha hecho pasar como segundo en la fase de grupos en la edición de este año. Ante el United y en Old Trafford, Mourinho tendrá la enésima prueba de fuego. Nunca a un entrenador del Madrid se le concedieron tantas.

Con toda esta trayectoria, buena, pero ni mucho menos brillante, muchos han acusado a los medios de dirigir una campaña abusiva en contra del técnico portugués. ¿Acaso no es criticable dar la Liga por perdida en diciembre? ¿Ni tampoco ser inferior en el Bernabéu ante los grandes de Europa? ¿Tienen los medios la culpa de que Essien sea un coladero de lateral derecho (lógico, no es su posición)? Curioso que luego el técnico luso se tire flores autoproclamándose como el entrenador que más confía en la cantera y prefiera a Essien por delante de Nacho jugándose sus pocas opciones en Liga. Curioso que se proclame como the only one cuando lo mejor que se le ocurre para dar la vuelta al marcador es situar a Ramos de 9 o confiar en Kaka', jugador que está más fuera que dentro del club blanco.

Lo más curioso de todo es que aún quedará alguno que culpe a Casillas de todo esto, y no al verdadero culpable. ¿Quién es más tonto, el tonto o el tonto que lo sigue?

Aitor Soler

viernes, 30 de noviembre de 2012

Este año sí, de verdad

"Este año sí" es uno de los propósitos más oídos, ya sea para dejar de fumar, para ponerse a dieta, o como en este caso, para que el Atlético gane a su máximo rival, el Real Madrid. Ya van 13 años en los que los colchoneros no saben lo que es vencer a su vecino más ilustre, demasiados para un equipo que desea con todas sus fuerzas volver a sentirse grande. Un deseo que parece que se cumplirá esta temporada, la marcha del equipo en Liga es impecable, tras muchos años de incertidumbre, se tiene la impresión de que el Atleti tiene equipo. Pero esto no servirá de nada si no saca algo positivo del Bernabéu.

Al Atlético no se le ha presentado una ocasión tan buena como esta en lustros, y esta oportunidad que tiene enfrente no es producto del azar, sino que se la ha ganado por méritos propios. Los hombres del Cholo no solo tienen ante sí romper la racha negativa que tanto les ha atormentado, sino que pueden asestar un golpe definitivo a su máximo rival y hacer estallar el Bernabéu.

Los de Simeone no deben dejarse llevar por la euforia, enfrente estará el Madrid de Mourinho, que solo conoce la victoria ante el conjunto colchonero. Un exceso de ímpetu haría sentirse cómodo al Madrid. El club blanco es un especialista en romper ilusiones, concediendo la iniciativa al rival, dándole la impresión que puede ganar, para después destrozarlo a la contra. El Atleti tiene al fin un estilo de juego y debe serle más fiel que nunca. Los hombres del Cholo deben concederle la iniciativa del balón a su rival. Jugando ante su afición y dadas las circunstancias, el Madrid no tendrá otra opción que aceptar el regalo.

El Atlético debe deshacerse del miedo escénico que le ha atenazado en los últimos años ante el Madrid, y si realmente desea ser un digno candidato al título, debe aprovechar esta ocasión. El supuesto consuelo de seguir a 5 puntos es símbolo de mediocridad y no de la grandeza que se le presupone. Esta es la ocasión que tanto han estado esperando para decir con seguridad: "Este año sí". En caso de derrota, no solo alimentarán una maldición que parece eterna, sino que resucitarán a un rival que no necesita la ayuda de nadie para renacer.

Aitor Soler

lunes, 8 de octubre de 2012

La historia puede esperar

Lo de "partido de leyenda" comienza a quedarse corto. La rivalidad entre Barça y Madrid va mucho más allá, y no me refiero a la política. La historia se queda pequeña para guardar todos los pequeños detalles y todos los particulares duelos que se viven en cada Clásico.

Pequeños detalles como la pillería de Messi de atrasar el balón en la falta que segundos después haría estallar al Camp Nou. Travesuras que se aprenden jugando en la calle y, que con una naturalidad pasmosa, el argentino las muestra ante los ojos de la historia, y de un público que le adora. Las reverencias a Messi sonaron mucho más que los desafortunados gritos de independencia para Cataluña. Ya nadie duda que el verdadero protagonista era el fútbol. Pobre del que parpadeara pensando en otras cosas.

No había tiempo para parpadear, detalles minúsculos se escondían en frente de nuestros ojos, como la lesión de hombro que fue la única que pudo apagar a un Cristiano Ronaldo, que volvió a brillar ante el Barça y su luz deslumbró a los defensas culés, que no encontraron manera de detenerlo. La osada chilena del portugués logró lo que los zagueros del Barça fueron incapaces de hacer previamente: anular a Cristiano.

Ambos jugadores redondearon una noche mágica. Dos futbolistas de los que siempre se habla antes del partido, y que por supuesto, siempre responden durante él, esta vez con 2 goles cada uno. Dos héroes de distinto bando, cuya lucha entre ambos se grabará con letras de oro junto a la rivalidad histórica entre Madrid y Barça. Ambos ya son parte del escudo de estos dos colosos.


Pero por difícil que parezca, la épica y constante pugna entre el portugués y el argentino no debe eclipsar las miles de historias que seguía escondiendo el Clásico. La lucha entre Messi y Ronaldo no fue la única que se vivió sobre el césped. Dos colosos no podrían estar en manos de cualquier estratega y el duelo en los banquillos también tuvo influencia en el partido, de la mano de un Tito Vilanova que buscó en los orígenes para ser más "guardiolista" que el propio Pep, tapando el agujero en defensa mediante la velocidad, Adriano  fue el elegido y el brasileño respondió. En el otro costado, un Mourinho ya liberado de sus arcaicos complejos decidió, y cerca estuvo de ganar. El portugués parece haberse dado cuenta al fin que con los buenos en el campo es más fácil plantarle cara al Barça.

Y los buenos estuvieron en el campo, y así fue, el Madrid se adelantó en el marcador. Cristiano ajustició el resultado, el Madrid estaba siendo superior de la mano sobre todo de un Khedira imperturbable en la medular. Por lo que un Busquets, herido en su orgullo, comenzó a imponer su ley y pronto Xabi Alonso y el propio alemán cayeron en los tentáculos del Pulpo de Badía. Xavi e Iniesta creyeron en la iniciativa de su compañero y el Barça comenzó a ser el Barça.

Los de Tito Vilanova dieron la vuelta al marcador gracias a un Messi, que sin tener su mejor día, volvió a marcar la diferencia. Pero el argentino no estuvo mal acompañado, Iniesta parecía flotar con el balón, mágico por momentos; la espalda de Jordi Alba se convirtió en un misterio indescifrable para los jugadores del Madrid, uno de esos detalles que se mantuvo oculto durante todo el Clásico; Pedro fue un martirio para la defensa blanca, que nunca adivinó los movimientos del canario, y Montoya estuvo a unos centímetros de recibir el mayor de los premios a su madura valentía.

Pero en la historia del Madrid no entra eso de rendirse, y cuando el Barça comenzaba a deleitar, Cristiano volvió a igualar el marcador. El portugués, al igual que Messi, estuvo bien escoltado por sus compañeros, sobre todo por Özil, cuyo físico no está a la altura de su calidad. El alemán resurgió de sus cenizas dejadas en la primera parte y firmó un segundo tiempo antológico. A ellos les acompañó un Pepe que, pese al error en el primer gol del Barça, marcó el territorio con elegancia y comienza a quitarse de encima la etiqueta que él mismo se puso.










Miles de historias que ha dejado un Clásico, una rivalidad que esconde muchos más misterios que se resolverán en el futuro, y jugadores que adelantan a sus propias leyendas. La historia debe estar impaciente, pero le queda aún mucho por esperar. Somos unos testigos muy afortunados.

Aitor Soler

sábado, 6 de octubre de 2012

Vencer el miedo a vencer

Miedo a ganar, un síntoma que ha perseguido al Barça durante los últimos Clásicos. El club catalán ha desperdiciado grandes ocasiones (a veces por méritos del rival, otras por deméritos propios) para asestar un golpe definitivo a su máximo rival. El equipo entrenado ahora por Tito Vilanova, se ha empeñado en resucitar a un club que se vale de sí mismo para ello. El Barça está ante la enésima oportunidad de demostrar que ha superado su vértigo a la victoria.

El primer Clásico de esta Liga llega más pronto que de costumbre, y en cambio, puede ser más decisivo que nunca. Ser determinante en la jornada 7 puede provocar ese pánico que ha atenazado al Barça en los últimos enfrentamientos. El conjunto blaugrana sufre una terrible ansiedad por ganar, los nervios por vencer se adueñan de los jugadores antes de jugar, algo impropio en su estilo. Nervios de los que el Madrid ha sacado petróleo, al juego del club blanco le viene como anillo al dedo el vértigo culé. El defecto del Barça se ha convertido en los últimos tiempos en la principal virtud del Madrid.

Si el Barça afronta el Clásico como en las últimas ocasiones, los nervios harán parecer que es el club catalán el que ha de remontar los 8 puntos, y el equipo de Mourinho, libre de presión, será imparable. El conjunto de Tito Vilanova debe demostrar la madurez que le ha faltado en los últimos enfrentamientos ante el Madrid. La madurez, principal arma del juego culé, hará reencontrarse al Barça con su juego, y será ahí cuando al Barça se le presente de nuevo la ocasión de asestar un golpe definitivo a su máximo rival. ¿Sabrá aprovecharlo esta vez?

Aitor Soler

domingo, 26 de junio de 2011

El arte de fichar

¿Qué tipos de jugadores le gustan a Mourinho? Es sin duda unos de los entrenadores más conocidos, más excéntricos, más queridos, más odiados y con más éxito en el mundo del fútbol. Pero ¿con qué tipo de jugadores ha contado? ¿A qué jugadores suele fichar? Intentemos comparar, aunque en algunos casos no sea justo, por qué jugadores Mourinho siempre ha tenido cierta debilidad.

Empecemos con el Oporto tras haber ganado la UEFA en el 2003, una victoria que suponía más dinero para el conjunto portugues. Su fichaje más caro de aquel verano fue, como veremos, un fichaje muy típico para el portugués. Fichó a Thiago Silva – ahora central del Milán – cuando este tenía 18 años del Juventude y pagó unos 5 millones de euros por él. No fue jugador de revelación en el Oporto de Mou, ni siquiera llegó a debutar en el primer equipo, sin embargo, viendo su trayectoria en los últimos años hay que reconocer que Mourinho ya había descubierto su gran talento.

En invierno también fichó a otro brasileño joven, a Carlos Alberto, quien marcó el primer gol de la final de la champions de 2004. Carlos Alberto no se ha convertido en una estrella en el mundo del fútbol, sin embargo Mourinho fue el único entrenador que sabía tratarle porque en los demás destinos el jugador fracasó, ya que los entrenadores no confiaron en él.
En aquella temporada también tuvo mucha importancia que vendiera a Helder Postiga, quien a sus 20 años estaba muy descontento y podría haber supuesto problemas en caso de seguir en el banquillo.

Tras haber ganado la Champions con el Oporto, Mourinho fichó por el nuevo juguete de Roman Abramovich, el Chelsea, con todo el dinero que tendría a su disposición. El portugués echó a varios jugadores ya mayores que no hubieran cuajado en su estrategia como Verón, Crespo, Zenden o Hasselbaink, ya que podrían causar problemas en el vestuario al no aceptar su suplencia. Allí ya se podía ver que a Mou le da igual el pasado de un jugador, como en el caso de estos cuatro, sino que lo único que le interesa es si tienen el nivel de jugar en su equipo ahora o no.
De nuevo, su fichaje más caro fue apostando por un jugador que ya había mostrado su talento pero todavía no había tenido la oportunidad de jugar en un equipo grande. Fue Didier Drogba al que fichó por 38 Millones. Mucha gente vió en él un gasto exagerado pero se equivocaron. Además, tras su buena experiencia con ellos en el Oporto se llevó a Carvalho y Paulo Ferreira. Sin olvidar su acierto en los fichajes de Robben y Cech, que tras sus buenos rendimientos en el PSV y el Stade Rennes respectivamente, cobraron gran importancia a las órdenes del portugués. Mourinho demostró que sabía arriesgar y acertar.

El caso de Andriy Shevchenko, que fue uno de sus mayores fracasos, fue justo un jugador al que el de Setubál no le despertaba demasiado agrado, sino que fue una apuesta de Abramovich para la temporada 2006/07. Mou no le quería fichar porque no veía en él un jugador dispuesto a jugar para ganar títulos, a trabajar para el equipo y que consideraba, que ya había jugado sus veinte mejores partidos.
Los fichajes de ese verano que tenían sabor a Mourinho fueron otros. Los de los talentos desconocidos como Salomon Kalou o John Obi Mikel. O también su debilidad por jugadores con experiencia que ya habían mostrado que eran capaces de jugar de forma agresiva, sobre todo defensivos, y que a pesar de su edad mostraban ambición.. Un caso muy ejemplar fue el de Michael Ballack. Ballack estaba a punto de cumplir 30 años, fue capitán de Alemania y buen jugador, sin embargo no fue un mediocentro creativo sino que se esforzó más para el equipo, algo que exigió Mou. No obstante fue criticado duramente por la prensa inglesa por quitarle puestos a jugadores más ofensivos.

18 meses después, cuando Mourinho ya no era entrenador del Chelsea y se abrió el mercado de invierno el Chelsea fichó, entre otros, a Nicolas Anelka. Mourinho probablemente nunca hubiera pensado en el francés para un equipo suyo por los numerosos tumbos que dio entre clubes, causa de su fama de provocador, algo volvió a demostrar hace alrededor de un año cuando fue expulsado de la selección francesa.

Tras una breve temporada sabática, en su primer año en el Inter fichó al centrocampista Sulley Muntari por 15 millones. Es un jugador alto, corpulento y agresivo, un jugador regular con un precio exagerado pero jugó muchos partidos en los dos años que estuvo con Mou porque justo cumplió con lo que le pidió. Trabajar para el equipo y no participar en el juego ofensivo. Se podría decir que era el prototipo de Pepe en el mediocampo.
Su mayor golpe fue la temporada 2009/10 cuando vendió a Ibrahimovic, en su día el máximo goleador de la Serie A. Ibrahimovic, sin duda un gran futbolista, no fue el tipo de jugador que necesitó Mourinho para ganar la Champions. No siempre parecía que se estaba esforzando al máximo y además tiene su carácter de divo le perjudicaba. La macha del sueco collevó la llegada de Eto’o, un jugador que hacía mejor a sus compañeros por su calidad individual pero también porque era uno de los pocos delanteros que luchaba para el equipo.
A parte de ello, Mourinho necesitó fortalecer la defensa y fichó a Lúcio, un veterano que todavía estaba en forma y dispuesto a sacrificarse, fichó a uno de los medios menos talentosos pero más duros, Motta, y a los jugadores de mayor relevancia de aquella temporada, Sneijder y Diego Milito.
El único con el que Mou no pudo es el actual delantero del Werder Bremen, Marko Arnautovic, seguramente porque veía que podía causar ciertos problemas vino en calidad de cedido.

Finalizada su etapa en el Inter con el Triplete como aval fue contratado por el Real Madrid, dónde sigue con su estilo. Las jóvenes promesas poco conocidas, y además caras, fueron di María y Özil que ahora se han convertido en auténticas estrellas del fútbol, y los jugadores defensivos y agresivos Khedira y Carvalho. A Khedira le pasa lo mismo que a Ballack y a Muntari. Son jugadores criticados por los medios de comunicación porque ofrecen poco espectáculo pero son piezas claves en el esquema de Mourinho. ¿Por qué no he mencionado a los fracasos (hasta ahora) de Canales, Pedro León y Adebayor? Porque son jugadores a los que Mourinho probablemente nunca hubiera fichado. Canales y Pedro León fueron propuestas de Valdano, mientras que Adebayor fue fichaje de invierno pero no fue el delantero al que quería Mourinho. Estos fueron Almeida y Dzeko.
 
Ya está confirmado que Altintop, Callejón y Sahin jugarán para el Madrid la proxima campaña. Sahin fue el mejor jugador de la Bundesliga la temporada pasada y promete mucho. Altintop guardará silencio cuando le toque estar en el banquillo (algo que supuestamente pasará mucho) y dará todo cuando juegue, además es un jugador que puede jugar de lateral, de extremo y en el centro de campo. Callejón, por su parte, enamoró a Mou en el choque entre pericos y blancos por su capacidad de desborde y es otra apuesta de futuro. 

En definitiva, Mourinho no suele fichar grandes estrellas. Prefiere invertir dinero en talentos de ligas menos mediáticas a las que convierte en estrellas o apuesta por jugadores ya mayores, sobre todo defensas y pivotes, que han mostrado un nivel estable en su carrera y suelen jugar con cierta agresividad. Mourinho no siempre acertó, pero la cuota de aciertos que tiene es impresionante.

Tom Ole

domingo, 3 de abril de 2011

Mucho más que azar

Ayer vi por primera vez este año un matrimonio paseando por la calle con bermudas y ropa veraniega, señal de que nos acercamos al verano y al buen tiempo, y de que esta temporada de futbol va llegando a su fin y se va decidiendo todo. 

La temporada es como si unos amigos quedan para jugar al típico juego español de la baraja nacional, el cinquillo. Últimamente todas las partidas se las lleva el mismo y antes de acabar la primera ronda el catalán ya ha cerrado bastos gracias a su buena distribución y fluidez de juego. 
Los otros tres palos cuestan más, ya que José va cargado de oros, aunque esto no es suficiente. Ayer se cerró otro palo, el de espadas, el amigo catalán ya puso en jaque a su contrincante hace unos meses cuando sin que se lo esperara se saco de la manga un 5 de espadas casi sentenciando este palo. Pero cada día que pasaba parecía más cerca la remontada hasta que Manolo, que no hace buenas migas con José, le hizo una jugarreta dejándole en bandeja al catalán cerrar otro palo. Pero aún quedan dos más, el de oros y el de copas, y los dos rivales tienen todas las cartas en sus manos, aunque parece que el que sabe cuando y como hay que ir poniendolas en el tapete es el de siempre. A José se le dan bien estos dos palos, en todas las partidas donde ha ido jugando los ha cerrado, pero en esta partida el catalán es el que sabe cuando y donde ir sacando las cartas. Aunque esto al fin y al cabo es un juego donde la suerte influye, y no poco. Que Dios reparta suerte. 

Javier Gil

miércoles, 19 de enero de 2011

Polémicas arbitrales y demás historias de portería.

  Lo acontecido estos últimos días y semanas entre el gremio arbitral y el Real Madrid, con José Mourinho a la cabeza, empieza a ser la historia más larga jamás contada. Y es que el luso vuelve por sus fueros argumentando que existe un reglamento para miles de profesionales que se dedican al fútbol en diversas categorías, y otro reglamento dirigido exclusivamente hacia su persona y hacia su club.

Leído hasta aquí, parece la típica historia de entrenador descontento con las actuaciones arbitrales. La cosa se empieza a complicar en el momento en el cual nos encontramos con un cruce de acusaciones entre Federación y el mismísimo Real Madrid, mediante comunicados colgados en sus respectivas páginas web. Así que empezamos con un entrenador descontento y acabamos con dos instituciones enfrentadas en algo que parece una guerra de medios.

Por si parecía poco, nos encontramos un medio de comunicación de cuyo nombre no quiero acordarme, defendiendo a ultranza estas acusaciones y avivando las llamas de la contienda. Ciertas declaraciones que tildan al F.C. Barcelona como ''equipo del régimen'', no ayudan nada al deporte rey. Pongamos que es cierto, que los culés son el equipo del régimen, ¿se me permite preguntar de que régimen? Es cierto, antiguamente hubo un régimen, y un equipo del cual era simpatizante, que curiosamente no hacía más que ganar títulos por aquellos años, pero, ¿es necesario recordar eso o compararlo con la situación actual? Me parece deleznable.

Me gustaría que por un momento todos los personajes de esta curiosa trama recapacitaran por un instante sobre esta idea: tanto árbitros, como entrenadores, como jugadores... como todos los que integran este espectáculo llamado fútbol son seres humanos, imperfectos. Y si a esto añadimos nuestra sangre caliente y nuestra cultura latina, doblemente imperfectos. Es más fácil entender nuestras reacciones y vivir con nuestras limitaciones que odiarnos y faltarnos al respeto, y si seguimos sin entendernos introduzcamos la tecnología en el arbitraje y arreglado el problema.

Todo tiene solución en esta vida, si se le quiere buscar. En mi opinión, este festival mediático no hace más que distraernos del pobre juego y de la falta de gol que acusa el Real Madrid en estas últimas jornadas, de la distancia futbolística y en cuanto a números con el F.C. Barcelona, la falta de encuentro entre ''Mou'' y los dirigentes madridistas... y tantas y tantas historias madridistas sin resolver.

Conclusión: el eterno rival a 4 puntos, con apariencia imparable, con un juego arrollador y con un físico que parece no agotarse. ¿Otro año en blanco? Si me preguntan a mi diría sin duda que si, aunque no hay que desesperarse, los grandes proyectos y las grandes victorias no se construyen en un día. El Real Madrid necesita tiempo, reponerse de sus errores en cuanto a cantera, ser más flexible y si se me permite la observación, ganar en educación y en señorío... Gregorio Manzano les podría dar un par de lecciones sobre esta última observación, humilde, señor, y trabajador.

                                                                   Alejandro Rodríguez Manzaneque